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Escocia: tierra de lagos y leyendas

Escribe: Imaginante
Desde las salvajes costas de Lewis hasta la lejana Barra, las Islas Hébridas sorprenden por su autenticidad, reflejada en una amalgama de tradiciones y en parajes de rotunda belleza. Es difícil encontrar en Europa paisajes tan salvajes, románticos y sobrecogedores como los que se esconden en los majestuosos valles de las Highlands o Tierras Altas escocesas. Recorrer Escocia es zambullirse en un mar de colinas verdes, pueblitos de ensueño, lagos, castillos medievales y polleras a cuadros.

 

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Glasgow

Glasgow, Reino Unido — viernes, 26 de febrero de 2010

Tras medio siglo de abandono y decadencia, la que fuera segunda ciudad del Imperio Británico ha vuelto a recobrar parte de su pasado esplendor. En la última década no ha dejado de reinventarse a sí misma a través de todo tipo de proyectos, que la convierten ahora en Capital de la arquitectura y del Diseño. Glasgow sigue siendo una ciudad apartada de los grandes circuitos turísticos, que arrastra el tópico de población industrial de escaso atractivo cultural.

A diferencia de Edimburgo, que cautiva desde el primer momento, Glasgow puede resultar en principio áspera, caótica y desconcertante, sobre todo si se llega por carretera. Por eso, la mejor forma de conquistarla es a través del tren. Da igual que se utilice Central Station, donde llegan los trenes procedentes de Londres, o Queens Station, comunicada con Edimburgo.

Las dos están en el corazón de la Merchants City, el elegante barrio que construyeron los grandes magnates del tabaco, el azúcar y el algodón hace casi dos siglos. Docenas de inmensos edificios de piedra roja o dorada todavía compiten en esplendor y grandilocuencia. Recientemente renovados, han cambiado sus inquilinos pero mantienen su impresionante presencia.
Ninguno rivaliza sin embargo con el Ayuntamiento, donde no se escatimaron gastos. El interior parece una conjunción de varias basílicas romanas, con el mayor despliegue de mármoles semipreciosos de Gran Bretaña.

Glasgow es un lugar de enormes contrastes y continuas sorpresas. En la misma Merchants City hay restos de pobreza y total abandono, pero también palacios y oficinas, y un edificio en forma de templo griego construido a finales del siglo XVIII, transformado ahora en el GOMA, un chirriante museo de arte moderno que podría confundirse con un salón de juegos para adolescentes del siglo XXI.
El mestizaje es continuo y permanente. Más de la mitad de la población es de origen irlandés, máximos seguidores del Celtic. La comunidad pakistaní es enorme, como lo demuestran las cada día más abundantes mezquitas, incluida la Central, donde se puede ver una exposición sobre arquitectura islámica.

Tarde o temprano el visitante termina cruzándose con el río Clyde, el alma de la ciudad. Aunque ya ha perdido gran parte de su importancia económica, sigue siendo su eje central y comunicación directa con el mar.

Todavía se puede coger, desde uno de los antiguos muelles, el Waverley, un barco de vapor a ruedas, para visitar islas como Bute o Arran. Quedan muchos descampados en el camino, pero ya comienzan a dar frutos los planes de recuperación de esta vía fluvial.
El edificio más emblemático de la ciudad es el Armadillo, una espectacular sala de conferencias y conciertos diseñada por Sir Norman Foster que recuerda a la ópera de Sidney, aunque metalizada.

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