Norte de Italia (Abril/Mayo 2011)

Escribe: danielhr
Lagos de ensueño mezclados con pueblos medievales

 

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Capítulo 2

Recorriendo el Lago di Garda

Garda, Italia — domingo, 1 de mayo de 2011

La verdad que empezar el día saliendo a una terraza y encontrarte unas vistas espectaculares del lago di Garda, el más grande de Italia, acompañado de un sol radiante, es cuanto menos que gratificante.
Otro buen desayuno, sin que faltara mi gran descubrimiento en este viaje, la tarta de crostata, haría que nos pusiéramos en marcha para conocer Desenzano. Un tranquilo paseo de menos de diez minutos nos haría llegar hasta su paseo marítimo, el cual sólo tuvimos que seguir para introducirnos directamente en su casco histórico. El porto Vecchio, la piazza Malvezzi, el Duomo, el Castillo, hicieron que corroborásemos lo que decían las guías de que realmente merecían mucho la pena este pueblecito.
De camino al coche nos encontraríamos una procesión de un partido político con sus candidatos y todo. La gente no dejaba de aclamarlos mientras la música sonaba y sonaba. Aquello parecía el circo.
Nunca me he fijado demasiado en los coches, pero de camino al nuestro no pude evitar la tentación de fotografiarme con un Ferrari rojo alucinante, y es que claro, hay coches y coches.
Sirmione sería nuestro siguiente destino. Situado en la península del mismo nombre, era el más popular y turístico de todos los pueblos que había por allí, pero creo que con toda la razón. Una lengua de tierra te va adentrando en pleno lago hasta que llega un momento que no te queda otra que aparcar en los parkings que tienes en los laterales de la carretera, eso sí sacando el ticket en el parquímetro correspondiente. Decidimos poner para cuatro horas, aunque casi nos quedamos cortos. Cuanto más te acerques al casco histórico, menos posibilidades de encontrar sitio, por lo que nosotros decidimos dejar el Fiat a unos tres kilómetros del meollo. Era un paseíto, pero creo que no lo hicimos mal, pues la cosa se iba poniendo más fea según te ibas acercando y prueba de ello es la enorme caravana que estaba ya formada.
Andamos lo dicho y ¡oooh!, de bruces que nos dimos con el espectacular castillo de la Rocca Scaligera, una fortaleza descomunal que puede visitarse y te transporta a los tiempos medievales. Las vistas desde lo más alto, de todo el pueblo, de la península y de la inmensidad del lago son dignas para deleitarse con ellas un rato muy muy largo. Ver además los fosos del castillo inundados de agua proveniente del mismo lago, te transporta definitivamente a los tiempos de caballeros y doncellas.
Fuera ya, nos adentraríamos  en el corazón del pueblo, para seguir respirando el aire de la edad media en sus callejuelas repletas de tiendas de recuerdos y continuar por la orilla de las aguas hacia la punta sur de la península, donde se encuentran las ruinas romanas de Grotte di Catulo, a las cuales no entraríamos porque no queríamos prescindir de los planes que teníamos en la cabeza para el resto del día.
Un ratillo de reposo en un banco para disfrutar de las vistas y a desandar todo el camino recorrido, comprando, eso sí, antes de llegar al coche, unas pizzas, ¿qué raro, verdad?, que nos comeríamos dentro de él. Lo único que no nos las habían troceado y bueno, pues tuvimos algún pequeño problemilla para comportarnos educadamente a la hora de degustarlas, lo mejor es que omita los detalles y cada cual imagine lo que quiera.
Tras poco más de una hora nos plantaríamos en la zona norte del lago di Garda, exactamente en un pueblecito llamado Malcesine, donde nos dirigiríamos rápidamente al funicular que te permite acceder a la cima del monte Baldo. Tuvimos suerte porque subiríamos en el turno de las 17.30 y éste era el penúltimo pase. A las 18.00 era el último, pero el problema que tiene éste es que como a las 18.45 es la hora límite para bajar, casi no te daría tiempo a hacer nada arriba.
Tras quitarnos de una vez más de 1700 m. de desnivel, nos encontraríamos con una vista de ensueño formada por cumbres nevadas, valles sin fin y una bruma, que aunque envolvía ligeramente al lago di Garda y a los Alpes en la lejanía, te permitía tímidamente ver las tremendas vistas de ellos. Este sería un momento muy especial, al tener por primera vez delante de nosotros esta increíble cordillera.
Y como nada es eterno, pues llegó el momento de volver a bajar, por lo que nos despedimos del paisaje y en nada estábamos de nuevo donde habíamos empezado.
Como todavía había tiempo, que mejor que aprovecharlo visitando Malcesine. Así que dejamos el coche en un antiguo campo de fútbol, hoy reconvertido en parking, y nos dimos una vuelta por una senda a la orilla del lago que te conducía hasta el pueblecito, mientras veíamos como su fortaleza nos vigilaba expectante según nos íbamos acercando a ella. Una última cuesta empinada nos llevaría justo debajo del castillo y al corazón de la villa, donde en su plaza Mayor y después de haber recorrido sus calles desiertas, acabaríamos el día con uno de esos helados únicos que te hacen recordar que estás en la bella Italia.
Con la oscuridad como  compañera y después de un poco más de una hora, llegaríamos hasta Bérgamo donde, antes de irnos al sobre, saldríamos a tomarnos unas buenas cervezas por la parte baja de la ciudad para brindar por nuestra última noche en el país de las pizzas.

Tips:

El precio para subir al monte Baldo es de 18 euros por persona. Es caro pero merece mucho la pena y si tienes tiempo puedes hacer incluso alguna ruta de senderismo.

Tiene que ver con: Imperdibles
En Garda, Italia

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Lido International

Alojamiento: Hotel en Desenzano del Garda, Italia

Aunque un poco viejo, la vista que tienes del lago di Garda desde la habitación es espectacular. Ubicación inmejorable y un trato agradable.

Tipo de viaje: Placer, Vacaciones | Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos


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