Yama Honshu es la principal isla de Japón, la más grande, y aquella donde están todas las ciudades principales: Tokio, Kioto, Osaka, Nagoya, Yokohama, Kobe y también Hiroshima. Es también la isla del Fuji Yama, y la verdadera cuna de la historia y las tradiciones japonesas. Indispensable en el circuito de quien quiera acercarse al mundo fascinante de los samurais, Kanazawa es un pequeño puerto en el oeste de Honshu, conocida como la "Pequeña Kioto" por la importancia de sus antiguos vestigios. Del que fue su castillo se conservó una puerta monumental, su jardín se considera uno de los tres más lindos de todo el país, y en la ciudad vieja aún es posible sentir restos del pasado feudal de Japón. En el barrio de las geishas, se puede cruzar hoy todavía a algunas de estas mujeres cuyo status es uno de los rasgos más peculiares de la sociedad japonesa. Hay también un barrio de samurai (eran los mercenarios contratados por un shogun, o señor de la guerra, los terratenientes que aprovecharon el debilitamiento del poder central para fortalecer sus poderes regionales, de la misma manera que en Occidente se generó el feudalismo).
Después de conocer algo de historia y de tradiciones, se llega ya al centro de la isla, en la inmensa y bulliciosa Tokio, una megápolis de decenas de millones de habitantes, donde todo va rápido, es carísimo y cuenta con las técnicas más avanzadas del mundo. Para quien dude de que Japón es el país de la electrónica y de la tecnología, una pequeña vuelta por el barrio de Akihabara lo convencerá de una buena vez. Es donde se concentran casas y emporios, negocios y tiendas, en fin, todos los lugares donde se puede comprar lo último en electrodomésticos, hi-fi, informática, fotografía, telefonía, nuevos productos electrónicos. Allí se puede estar siempre adelantado al resto del mundo en cuanto a modelos, equipos y nuevos productos (y precios).
Pero Tokio también es el centro político de Japón, sede del Gobierno y residencia del Emperador, un hombre que, hasta hace pocas décadas, era considerado más como un dios viviente que como un monarca. El palacio imperial es un centro de paz y armonía en el centro delirante de la ciudad, cuyo parque se puede visitar y recorrer. La visita de la ciudad se completa con el descubrimiento del "way of life" japonés, sus museos, negocios y las miles de sorpresas que puede ofrecer una ciudad de tan gran tamaño y tal importancia cultural y económica.
Nunca se visita Tokio o Yokohama sin visitar el Fuji Yama (pronunciar Fuji-san; los japoneses apreciarán esta marca de respeto por su cultura y uno de sus principales símbolos). El Fuji Yama no es sólo un cono perfecto cubierto de nieves eternas, con el que culminan los Alpes japoneses: es también un lugar sagrado y un símbolo nacional. Las colas para sacar la famosa foto desde el sitio de los Cinco Lagos pueden llegar a ser muy largas. Pero la vista vale la espera. Se puede hacer trekking hacia la cumbre (después de nuevas colas) o trekking en toda la región circundante para observarlo desde varios ángulos. El Fuji Yama es el punto culminante de Japón, y como es un volcán aislado de las demás montañas de la cadena, es visible desde muy lejos (más de cien kilómetros en algunos casos).