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Al encuentro de Chiloé
Escribe: noritacecilia
Todo viaje nos cambia, nos renueva. Y Chiloé (esa tierra mítica...), es un ámbito que lleva a la reflexión y la meditación, los paisajes te llenan y te llegan hasta el alma...
Este diario trata de los días hermosos que pasé en Chiloé y en los alrededores del Lago Llanquihue, de los lugares que visité y las personas que encontré en el camino.
Un rayito de sol para cargar las baterías
Frutillar, Chile — viernes, 8 de enero de 2010
"Hay dos Frutillar", me dijo Don Raúl. "Frutillar Alto es más nuevo, donde vive la mayoría de la población, está a 4 km del lago. A la orilla del lago está Frutillar Bajo, que es el que vale la pena visitar. Es un asentamiento de alemanes, se ve en sus casas, en la venta de kuchen, todos hablan alemán".
El micro entró a Llanquihue y pude darle una ojeada a ese pueblo sobre el lago del mismo nombre; no le encontré mayor atractivo, me di cuenta que se dedican a la industria. Frutillar Alto tenía el mismo porte, pero todo cambió cuando, de repente, el minibús llegó a la orilla del lago.
Si se mira un plano de Frutillar Bajo, uno se percata que es prácticamente un pueblito de dos calles paralelas al lago (la costanera y otra), con una docena de calles transversales que no tienen más de una cuadra y media, uniendo ambas. Frutillar Bajo tiene una manzana de ancho, alineadas frente al lago.
No hay que decir que su mayor atractivo es, justamente, la costanera. Por un lado, todas las casas son de madera, muy bien conservadas, y en estilo alemán. Sus jardines floridos están impecables; por el otro, la bajada al lago está parquizada y llega a una playa de arenas negras volcánicas donde uno puede bañarse. Toda esa parte está preparada con descansos, glorietas y pérgolas para sentarse y contemplar el espectáculo natural del volcán en perspectiva desde el lago, algo que yo no pude disfrutar. Pero caminar por allí me reconfortó totalmente el espíritu.
Todo es orden, todo es cuidado, todo es paz. Se escuchan los pájaros, las olitas calmas del lago... Me tomé el tiempo para caminar primero mirando las casas, examinando sus detalles, para subirme al muelle y tratar de adivinar desde la punta la localización del volcán. Luego me bajé a la playa y caminé disfrutando del lago. En varias oportunidades me senté y me quedé mirando; en una de esas paradas me comí mi colación: una "delicia" rellena de dulce de frambuesa que hizo honor a su nombre. De a poco se fueron abriendo claros en las nubes, y llegaron rayitos de sol que alumbraron la tarde.
Me fui antes de que pasara el último micro; estaba cansada, y pese a que la calma de la tarde era deliciosa, me pareció prudente saber irme con tiempo. Llegué contenta al hospedaje, me tomé mis mates y estando en la cocina, tuve la parte social del viaje. En la cocina estaba un huésped santiaguino tomando once con su hijo, y conversaban con Don Raúl sobre su día: habían ido de pesca.
El mate tiene múltiples significados, y cuando circula, significa que hay confianza como para compartir la bombilla. Entre mate y mate compartimos sus experiencias y las mías, y Don Raúl nos acotaba cosas y nos aconsejaba. Después llegó el torbellino: tres chicas argentinas, que cuando me vieron me empezaron a contar todo lo que habían hecho. Venían de acampar en Petrohué, y me invitaron a comer con ellas, que estaban hirviendo fideos. Yo puse mi queso y mi pan a su disposición, y tuvimos una cena animada.
Mi día terminó más alegre de cómo empezó, y me sentí satisfecha; aunque uno siempre las quiere todas, y me dormí con la esperanza de que los rayitos de sol que asomaron en Frutillar se generalizaran y amaneciera despejado para poder ver finalmente el volcán.
Tips:
Hay dos Frutillar, el alto y el bajo. En el bajo, que es más turístico, los precios son un poco más altos. Algo a tener en cuenta es que Frutillar bajo es muy ordenado, de manera que no se permite hacer ningún tipo de picnic en la costanera. Esto puede llegar a incluir tomar mate.
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Publicado el 31/ene/2010, 20.44 |
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