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Un recorrido por la selva Lacandona y Yaxchilán
Escribe: xabi
No sabíamos que esperar de Frontera Corozal y sus alrededores. Si hubo sorpresas solo fueron buenas. Este día de Febrero fuimos a visitar las ruinas Mayas de Yaxchilán situadas en un meandro del río Usumacinta que hace de frontera entre el estado de Chiapas y el departamento del Petén en Guatemala.
Yaxchilán y la selva Lacandona, Chiapas, México
Frontera Corozal, México — domingo, 10 de enero de 2010
No hay otra forma de acceder a Yaxchilan que bajando en lancha fluvial el rió Usumacinta durante unos 20 kilómetros. Las barcas departen de Frontera Corozal a cualquier hora hasta la 15:30. Aquí se compra un boleto redondo, $450 para nosotros 3, lancha propia. El estándar es que el barquero que os lleva, espere 2 horas en Yaxchilan antes de volver. Esto nos lo dijo el barquero al llegar a Yaxchilán y 2 horas no es lo suficiente para disfrutar del lugar.
Si se va a Yaxchilán solamente para visitar las ruinas puede bastar. Pero Yaxchilán es más que un conjunto de monumentos, es un entorno, es un ambiente. El sosiego de Yaxchilan, es lo que se encontraba en Palenque hace ya muchos años cuando aún se podía bajar a la tumba de Pakal.
En Yaxchilan, sentarse sobre un peldaño del edificio 41, nombre poco evocador de la magia del lugar, oler, escuchar, observar la selva no cabe en un horario. Especialmente si tenéis como nosotros la suerte de no cruzarse con un solo bípedo, a no ser que os parezcáis bípedos los monos aulladores. Un ratito después de oír y observarlos, sucedió un rítmico doble golpe, grave, profundo, parecido a lo que ya había oído en la selva Amazónica sin identificarlo. Esta vez con un poco de paciencia y desplazándonos sigilosamente hasta pude fotografiar sin prisa el guacamayo rojo, aquí llamado pájaro carpintero, que lo producía.
Pero el tiempo que pasa y el horario impuesto por el barquero nos esta rompiendo la magia. ¿Se marchara sin nosotros? Corriendo cuesta abajo hacia la orilla del Usumacinta saltamos en la lancha. Para que lo sepáis, hubiéramos debido regatear el tiempo de espera del barquero en Yaxchilán antes de salir de Frontera Corozal. Después hace falta lana.
Segundos antes de largarnos, subió en la lancha un hombre, local de apariencia. Nos saludó antes de sentarse solo en el banco delantero. Después de un ratito fui a platicar con el. Me contó que se llamaba Francisco, era Maya Chole de por aquí y un guía especializado de la selva Lacandona. Consulté mis dos compañeros y son sus asentimientos pedí a Francisco si pudiera guiarnos para un recorrido en la selva esta misma tarde. De quedarnos tan solo 2 horas en Yaxchilan, aún teníamos tiempo.
Francisco aceptó a condición de que fuera disponible uno de sus cuates guía. Por razones de seguridad no quería escoltarnos solo. Me preguntó si tuviésemos un carro y pudiéramos llevarlos, a lo mejor ellos solo tenían bicicletas.
Nos pusimos de acuerdo en cuanto al precio y como manejábamos una camioneta, quedaba resuelto el transporte.
Al llegar a Frontera Corozal, Francisco, su compañero guía y uno de sus hijos de tan solo 6 años se subieron en nuestro carro, rumbo a la selva. Después de recorrer 25 km, abandonamos el auto en la morada de un anciano vigilando su rebano en el medio de ninguna parte.
La selva Lacandona es todavía uno de las áreas más rica en biodiversidad del mundo. Desafortunadamente su superficie se esta menguando día tras día. ¿Hasta cuando subsistirá?
Pronto nos dimos cuenta de que nuestros guías, además de ser muy simpáticos desempeñaban una gran competencia en sus cargos. Después de probar granos de café silvestre, catamos unos frutos de que se nutren los monos arañas. Buen agüero. Así que no tardamos en verlos sacudiendo la copa de los inmensos árboles. Saltando de una rama a otra y haciendo piruetas.
Hubiéramos podido quedarnos aquí horas a observarlos. Nuestros guías nos estaban enseñando las cositas que nuestros ojos no detectaban: las garras de un ocelote en el lodo, las arañas, hormigas. El jaguar, el último solitario, que casi nadie se ve. Las gambas en los charcos transparentes, agua tan limpia que se puede beber. Los cangrejos y caracoles que las acompañan. La sopa que hubiéramos podido cocinar con estos caracoles si no hubiésemos carecido de tiempo para recogerlos.
Pero acudía la noche. Aunque mucho menos hay que temer de la noche en la selva que una gran urbe teníamos que regresarnos. Y acompañados por las luciérnagas, emprendimos el camino de vuelta.
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Últimos comentarios
Gaby_lagunera dice:
Hola!!!
Que rico leer de un italiano algo sobre mis país
Cuando andes por acá y si te puedo ayudar en algo estoy a la orden
Publicado
alfredo914 dice:
excelente diario me gusto mucho
felicidades
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xabi dice:
Gracias Alfredo por tu comentario. Me gusta mucho tu país y su gente, este año fue la quinta vez que lo visité. Leí tu diario chileno. Pienso ir el año próximo. Un abrazo desde Francia, que te vaya bien y viva México.
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martindaco dice:
Hola xabi, recorrí este verano pasado los lugares que mencionas en tu diario, fué una preciosidad.
Felicidades y gracias por contárnoslo.
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challenger dice:
enhorabuena!!!!
gracias por tu relatoooo
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Capítulos de este diario
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1
Yaxchilán y la selva Lacandona, Chiapas, México
Frontera Corozal, México | 10 de enero de 2010
En Frontera Corozal...
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