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Nochevieja surrealista
Escribe: ElMorgan
Hola viajeros, antes que nada desearos a todos un magnífico año 2007 lleno de viajes y aventuras. Yo os voy a contar la que ha sido posiblemente la Nochevieja más surrealista de mi vida. Fuímos...
Nochevieja surrealista
Francfort, Alemania — lunes, 1 de enero de 2007
A lo que iba, llegamos a Frankfurt y cuando salimos del aeropuerto nos pilló una fuerte tormenta (el aterrizaje ya nos había hecho sospechar algo porque fue de lo más movidito, de los que te dan ganas de besar el suelo cuando bajas...). Fuimos rápidamente a por taxis y nos llevamos la primera sorpresa del viaje, resulta que el aeropuerto de Hahn se encuentra a 140 kilómetros de Frankfurt, pequeño detalle que se les pasó a nuestras dos amigas al reservar los vuelos. El taxista nos quería cobrar 45 € por pasajero por llevarnos, lo mismo que el vuelo, por lo que lo rechazamos, el plan era que el viaje saliera lo más económico posible (para cuando taxis de bajo coste...?) Total, con un aguacero tremendo esperamos el autobús que llega al centro de la ciudad que por suerte no tardó en llegar.
Cuando al fin llegamos al hotel eran las 11 de la noche y llegó la segunda sorpresa, nuestra reserva era de seis habitaciones dobles confirmadas por el hotel, por cierto se llamaba Ritter Hotel, no os lo recomiendo y ahora veréis por qué. Para empezar está gestionado por una familia rusa con muy malos modos y peor carácter, para estar al mando de un negocio de hostelería la verdad es que dejan bastante que desear. Las instalaciones estaban bastante bien, limpios y bien situado a un precio razonable pero nos cambiaron sin avisar las habitaciones por tres individuales, dos triples y tan solo una doble, imaginad seis parejas para conseguir ponernos de acuerdo, menos mal que nos llevamos muy bien y con el cansancio y el hambre que teníamos pronto hicimos unos apaños y convertimos las de triples en cuádruples e incluso nos sobró una individual. Al menos nos hicieron un pequeño descuento por nuestras protestas más que justificadas. Al fin conseguimos cenar sobre las doce de la noche en una pizzería. Tomamos unas cervezas, para eso estábamos en Alemania y dimos un primer reconocimiento de la zona del hotel, la parte de la ciudad más animada por las noches, bien porque puedes ir andando a todas partes pero mal porque está lleno de pubs que no te dejan dormir. Nosotros lo hicimos porque estábamos cansados y las cervezas ayudan también a conciliar el sueño, pero a las 4 de la mañana que nos fuimos a dormir aun había bastante jaleo en la calle.
El día 31 nos levantamos pronto para pasear por la ciudad y ver los lugares más emblemáticos. Frankfurt se vio, como muchas otras ciudades alemanas, muy dañada por los bombardeos de la II Guerra Mundial, por lo que del casco antiguo prácticamente solo se conserva la catedral y la plaza donde está el ayuntamiento (Römer). Además muchos de esos edificios son reconstruidos, pero mantiene el encanto en esa plaza y las calles adyacentes. El resto de la ciudad es bastante nuevo y destaca el barrio financiero, donde se levantan imponentes edificios de acero y cristal, donde se encuentran las sedes de los principales bancos alemanes y del Banco Central Europeo. Cerca de ese barrio se encuentra la Ópera, también reconstruida tras la Guerra y la Bolsa de la ciudad, la principal de Europa y una de las más importantes del mundo junto con Nueva York. Poco más hay destacable de la ciudad, si acaso una antigua puerta de la muralla mediaval y el río Main, que atraviesa la ciudad y tiene algunos puentes de bella factura.
Fuimos a descansar un rato al hotel y a las nueve de la noche bajamos todos listos para la cena que habíamos reservado en el propio hotel, otra de las sorpresas del viaje. Nos cobraron 50 € por una cena a base de entrantes y ensaladas (sospechosamente los mismos que servían en el desayuno) y un pincho de carne de cerdo que nos sirvieron en un sable más que en un pincho, no exagero, cuando nos lo acabamos podíamos haber hecho esgrima con ellos... Al menos podíamos tomar toda la cerveza que quisiésemos, no así el vino y el champagne para brindar, que había que pagarlo. En fin, cenamos las "exquisiteces" que nos habían servido atronados por el típico programa especial de fin de año de actuaciones musicales y gags humorísticos sin gracia, con la particularidad de que era el del principal canal ruso y lo ponía a un volumen que nos hacía hablar a gritos. Tuvimos que robar el mando a distancia en un despiste del camarero y bajar el volumen para ver si se daba por aludido y lo que hizo fue volverlo a subir cuando volvió, en fin el mundo al revés, los clientes aguantando los que quería ver el camarero... Encima como en Moscú había dos horas de diferencia horaria pues a las diez de la noche bajaron todos los rusos y junto a los de una mesa que teníamos detrás también de rusos se pusieron a escuchar el mensaje navideño de Vladimir Putin, el presidente ruso, y luego ver las campanadas desde la Plaza Roja escuchando el himno ruso mientras nuestros amigos rusos brindaban con vodka... Al principio no sabíamos si reir o llorar, pero siendo el día que era y al fin y al cabo doce amigos se lo pasan bien hasta debajo de un puente si hace falta, optamos evidentemente por reir (y mucho) por la situación que nos habíamos encontrado. Estábamos en una cueva, porque el sótano del hotel era eso, una cueva como las del barrio del Sacromonte de Granada, cenando con la comunidad rusa de Frankfurt celebrando la noche de fin de año con dos horas de adelanto (repito que no tengo nada en contra de los rusos, pero sí de las personas bordes, con mal carácter e incompetentes, sean del pais que sean, que en todos hay y en España abundan también, yo nunca juzgo a la gente por su lugar de nacimiento). A todo esto la cena empezó a las 9 de la noche y la carne la trajeron casi a las 12 de la noche, vamos, que la costumbre en España de tomar las doce uvas la íbamos a cambiar por doce trozos de pincho de cerdo.
Para continuar la "fiesta" con el encargado del hotel le pedimos muy amablemente si no le importaba poner a las 23:55 el canal internacional de Televisión española para ver en directo las campanadas y tomar nuestras uvas entre trozo de carne y trozo de carne que nos acababan de traer y estábamos devorando por el hambre que teníamos y porque eran casi las doce ya. Llevámamos dos horas aguantando el insufrible programa navideño, eran tan solo cinco minutos, ver las campanadas y ya, pero al "amable" amigo ruso le pareció una impertinencia nuestra petición, poco más y tenemos que disculparnos por osar sugerirle semejante muestra de falta de respeto y abuso de confianza, faltaría más! Total, que tuvimos que improvisar unas campanadas con nuestros relojes y hacer el "gong" de cada campanada nosotros mismos, eso sí, a grito pelado y cuanto más ruidosos mejor, se iban a enterar estos rusos de lo que es ser escandaloso, a esas horas de la noche ya habíamos declarado la guerra oficialmente y el resto de la noche iba a consistir en molestar el máximo posible y armar el mayor escándalo que pudiésemos para que no pudieran "disfrutar" del "maravilloso" programa de la tele. Además, en eso de ser escandalosos y ruidosos los españoles somos expertos, lo hacemos sin querer, con que queriendo.... Pedimos champagne, que como os he dicho antes nos lo cobró porque en los 50 € que nos había cobrado por los manjares que nos había servido el champagne ya no entraba, aunque eso sí, nos lo puso en la misma copa donde había servido el vino, vamos todo un ejercicio de profesionalidad, otro gran detalle del hotel... Después de brindar y sobre todo ensuciar el suelo para que nuestro "querido" amigo pasara la resaca del día 1 limpiando salimos a tomar unas copas a un pub junto al hotel. Fue lo mejor de la noche, la música que ponían era bastante buena y los precios de las copas razonables, vamos, igualito que en hotel...
A esas alturas ya solo pensábamos qué iba a ser lo siguiente que nos iba a ocurrir y ya se sabe que la Ley de Murphy siempre se cumple... Cuando nos íbamos una chica de nuestro grupo no encontraba la chaqueta y resulta que la había tomado prestada otra chica (ella nos dijo que por error...) pero el chico que la acompañaba no estaba muy de acuerdo y decía que la chaqueta era de su chica y éramos nosotros los que estábamos robando la chaqueta, todo hay que decirlo, en un estado de embriaguez mucho mayor que el nuestro, por lo que no había forma de convencerlo. Como no teníamos muchas ganas de líos optamos por irnos en un despiste de nuestro "nuevo" amigo, éste desconozco su nacionalidad, pero vamos, no me extrañaría que fuera amigo del encargado de nuestro hotel, visto la amabilidad y los buenos modales de los que hacía gala. Total, que como ya era tarde volvimos al hotel y los rusos seguían en la cueva bailando, así que bajamos a tomar allí una última copa y ver si podíamos molestar algo antes de subir a la habitación. Nuestra sorpresa fue que no solo no les molestamos si no que nos invitaron a participar en sus cantos y bailes, supongo que invadidos por una gran alegría a base de vodka. Se nos hicieron las cinco de la mañana cantando y bailando (y bueno, sí, también bebiendo alguna copa más...) Todos menos nuestro "amigo" camarero/encargado o lo que sea, que seguía por ahí, pero a esas alturas de la noche ya nos daba igual.
Después de la noche de fin de año ruso-germánica nos levantamos a las 9:30 de la mañana a duras penas, con evidentes signos de resaca y cansancio para desayunar e irnos a por el bus que llevaba al aeropuerto de Frankfurt a 140 km de Frankfurt (curioso, ¿no?) Alguien dijo que si aun nos quedaban sorpresas, justo en ese momento apareció nuestro "gran amigo" (sí, el camarero ruso, que digo yo, no se debía haber acostado aun) reclamando 93 euros por dos botellas de vino y el champagne de la cena. Le dijimos que íbamos a desayunar y luego lo discutíamos y nos encontramos con que ese día no había desayuno, porque era donde habíamos hecho la cena y aun no lo había limpiado, que si queríamos bajáramos a comer lo que quisiésemos de las sobras de la cena. Teníamos restos de carne, algún trozo de lechuga, salami y unos champiñones sofritos con cebolla y vinagre, para beber cerveza que es lo único que teníamos barra libre. Vamos, un desayuno de lo más apetitoso, sobre todo cuando has dormido 4 horas. No sabíamos qué hacer, pegarle una paliza no era aconsejable visto la numerosa colonia rusa que pululaba por el hotel (aunque ganas no nos faltaban), quemar el hotel era injusto, el edificio es bonito y el resto de clientes no tenían culpa, también habrían sufrido seguramente a nuestro "amigo", las posibilidades legales las descartamos por su lentitud y porque no teníamos tiempo para perder con la "polizei", total que nos fuimos sin desayunar y le pagamos descontando el desayuno que no nos había dado. En eso llegaron 4 taxis, aunque nosotros habíamos pedido 3 y se pusieron a discutir entre ellos porque uno se quedaba sin clientes. Nosotros de pie con las maletas mirando el espectáculo atónitos y pensando que no podía ser, casi se pegan los taxistas, increíble, pero cierto. Llegámos a la estación central desde donde salía el bus al aeropuerto y había tanta gente que no cabíamos en un solo bus, la conductora dijo que iba a llamar a la empresa para que enviaran otro porque el siguiente era a las 12 y era tarde. Así que nos preparamos para asegurarnos entrar en el siguiente bus y cuando vino justo se puso a diluviar, incluso granizo con lo que aun había más ansia por subir al dichoso bus. Total, subimos a empujones y apretones, medio asfisiados y empapados, pero sí, por supuesto subimos, yo creo que salió toda la rabia acumulada contra nuestro "amigo" ruso y lo pagaron los de la cola del bus. Cuando ya creíamos que no podía pasar nada más después de un vuelo tranquilo (aunque eso sí, con la feria ambulante de RyanAir, que digo yo que el piloto no será el que saque la bolita del número premiado...) Como estábamos tan cansados todos caímos dormidos y llegámos a Valencia sin problemas... excepto una maleta, sí, aun quedaba una última sorpresa, perdieron una maleta.
En fin, como os decía al principio, ha sido la nochevieja más surrealista de toda mi vida, aunque eso sí, nos hemos reido tanto y nos lo hemos pasamos tan bien que a pesar de nuestro "amigo" del hotel y de los 140 km (bueno, 280) de más que hemos hecho, ha valido mucho la pena.
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Últimos comentarios
SHIRELEY1 dice:
Un diario surrealista¡¡¡. Lo mejor es reirse cuando suceden esas cosas, me hizo mucha gracia, fué de película, deberiais hacer un cortometraje del viaje. Grabar a vuestro "amigo" ,seria perfecto.Fuéron situaciones muy graciosas. Estupendo diario.
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ElMorgan dice:
Gracias por tu comentario, me alegro de que te haya gustado, la verdad es que ahora nos acordamos y nos reimos mucho pero hubo momentos de cierta tensión con nuestro "amigo". La verdad es que no si a Almodóvar se le hubiese ocurrido algo tan surrealista, no es mala idea lo del corto, aunque casi da para una película...
Publicado
savela dice:
jajaja. Sory por la risa.. pero tu diario no dejó qe perdiera detalle, me atrapó entre sus lineas para saber qe pasaba despues con el famoso "amigo" pero sí muy divertida aunque en ese momento demasiado tenso. Sin embargo año despues de seguro qe se rien todos en demasía...
Publicado
pedrosalvador dice:
Decidido, las uvas, me las tomare siempre en mi casa.
camaraymicrofonos.blogspot.com/
“ VICHEANDO
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