Alemania 2010

Escribe: NataliaB
Comenzando con la visita a unos amigos y terminando con un sueño cumplido, mi viaje se centró en dos ciudades. Ambas, alemanísimas. Ambas, sumamente distintas.

 

   Enviar a un amigo   

 
Capítulo 1 3 4 5 6 7 8 9

Frankfurt: el reencuentro con Marli... y Heidi!

Francfort, Alemania — viernes, 14 de mayo de 2010

Después de una pésima noche de tristes pesadillas y algo del subsecuente insomnio, sonó el despertador (mis compañeros de cuarto me deben haber odiado).  Eran las 5.00, hice el menor ruido posible para alistarme.  Hice check out y caminé hacia la terminal por las calles vacías y húmedas.
 
En el aeropuerto de Girona me hicieron todos los controles de seguridad que no me hicieron antes.  Luego, la espera.  Finalmente, el avión despegó.  Mi primer vuelo low-cost: asientos sin numerar, sin refrigerio, con una publicidad constante de las cosas que venden… Menos mal que el vuelo duró dos horas.
 
Aterrizada en Frankfurt, me dio una puntada en el estómago el idioma.  Era la primera vez, también, que no entendía absolutamente nada de lo que escuchaba o leía.  Fui hasta donde había un dibujo de un bus y me encontré con un alemán que hablaba la lengua de Shakespeare mejor que Alan Rickman.  Compré un ticket hasta “Main train station” y fui a hablar con Marli y Tobías.
 
No pude comunicarme y, para colmo, en ese gesto perdí todos mis papeles con datos, desde reservas hasta el teléfono de los chicos.  Confiando en el mail que les había enviado, me tomé el micro.
 
El micro tardó casi dos horas en llegar (claramente, el aeropuerto no es el principal de la ciudad).  Cuando finalmente llegamos, no encontré ni a Marli ni a Tobías esperándome.   Podría haber tenido un ataque de pánico si no hubiera sido que los gestos del conductor eran amistosos –no nos entendíamos nada- y porque al ratito apareció Marli gritando y agitando los brazos.  Bien al estilo latino. 
 
Me abandoné a Marli: ella sacó los tickets en el metro, me dijo por donde debía caminar, cuando subir y cuando bajar.  Cuando salimos de la estación, me encontré con el precioso barrio donde viven.  Un lugar de casas de dos o tres pisos de altura, con jardines en el frente.  Divinas.
 
Llegamos, me acomodé, pusimos ropa a lavar y comimos.  En el interín, llegó Tobías de la universidad.  Los niños estaban en la casa de los abuelos.
 
Después de ponernos al corriente -¡qué lindo se sintió! ¡cuánto me hacía falta verlos!-, salimos a caminar.  Llegamos a unas cuadras donde se alternaban casas con pequeñas tiendas –muy sobrias, nada de marquesinas invasivas y luces de neón.  En algunas esquinas amplias, había puestos de flores y de frutas y verduras (plena temporada de espárragos).  En una de las tiendas (una “Backerei&rdqu   compramos unos pasteles con crema y frutillas y de ruibarbo y stroisel.
 
Masticando, llegamos al río Main.  Ya se había puesto a lloviznar de nuevo.  La calle que bordeo el río es la calle de los museos.  Caminamos por la rambla y vimos la bici-comunitaria-cervecera que queríamos hacer.  Pero sale como 300 euros y no llegamos a juntar un equipo para pedalearla!
 
El skyline es impresionante: edificios modernos que sobresalen, contrastando con antiguos.  Cruzamos uno de los puentes y llegamos a la plaza que tiene el ayuntamiento (un edificio clásico, con esas fachadas que se escalonan en punta). 
 
Nos cruzamos con los restos de una ciudad romana y llegamos a la Catedral.  La Catedral fue destruida en la Segunda Guerra Mundial (sospecho que esto lo voy a repetir varias veces en este diario).  Una bomba cayó en el centro, dejando las fachadas intactas.  La reconstruyeron tal como estaba, excepto los vitrales que ahora tienen un diseño geométrico muy bonito.  También se destaca el órgano.
 
Seguimos deambulando por el centro.  Pese a ser viernes, no había mucha gente (la llovizna no invitaba a salir tampoco).  Pasamos por la zona de los negocios, y llegamos a la calle de Goethe, donde está su casa. 
 
Fuimos a tomar un café en una confitería vecina.  Estábamos helados y teníamos que recomponernos. 
 
Cuando salimos apuntamos hacia otra placita en donde está el teatro de la ópera de Frankfurt.  Éste también fue víctima de una bomba que destruyó su interior.  Recién terminaron de refaccionarlo a mediados de la década del ochenta, con un estilo moderno.  Visitamos el café/restaurante, que es un espectáculo.
 
Nos tomamos el metro a la casa y nos preparamos para volver a salir.  Fuimos a cenar a un restaurante típico y, evidentemente, muy popular.  Esta llenísimo de gente.  En la entrada tenía colgada una corona verde, como las navideñas, y Tobías me explicó que así se identifican los lugares que sirven el vino de manzana típico de Frankfurt.
 
Pese a que el lugar –Wagner- estaba a reventar, conseguimos espacio en una mesa.  Aquí las mesas, largas y con bancos a ambos lados, se comparten.  Nosotros la compartimos con un grupo de cuatro alemanes que apenas si hablaban entre ellos y una pareja que parecía estar en su primera cita.  Revolucionamos la mesa con nuestra charla y carcajadas.
 
Pedimos una jarra de vino N° 5 (mediana).  Como parámetro, una mesa de diez personas había pedido una gigante, N° 21, que apenas podían mover.  El vino es muy ácido y opaco.  Muy parecido a la sidra tirada.
 
Comí una schweine schnitzel con kartofel y kraut. ¿Qué???  Una milanesa de cerdo con papas salteadas y chucrut.  Las porciones eran inmensas y la comida estaba buenísima.  Entre tanta comida, fueron variando nuestros compañeros de mesa y tuvimos que pedir una segunda jarra de vino…
 
Luego volvimos al centro para ir a una disco.  El lugar no tenía una gran entrada, pero había cola y Tobías me dijo que era el lugar del momento.  Nos abandonamos al momento, entonces.


Tips:

Era mediados de mayo y, si bien la primavera había llegado hace tiempo, lloviznaba constantemente y la temperatura apenas sobrepasaba los 10°C. Lleven abrigo!!

Tiene que ver con: Clima
En Francfort, Alemania

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Responsabilidad    
Precio/calidad    

Ryanair

Transporte & Servicios: Transporte Aéreo en Londres, Reino Unido

No hay que pretender comodidad, uno elige Ryanair exclusivamente por el precio. No excederse con el equipaje. Lleven los tickets impresos. Fíjense donde quedan los aeropuertos, porque generalmente están lejos.

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Comida    
Ambiente    
Precio/calidad    

Apfelwein Wagner

Comida: Comida Autóctona en Francfort, Alemania

Verdaderamente típico. Las mesas se comparten y el ambiente es muy divertido (nada tranquilo, mucho movimiento). Hay que tomar vino de manzana que viene en unas jarras numeradas (para dos, una N° 5 está bien para empezar).

Ideal para: Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Cocina local
Costo por persona (USD): 20 | Plato sugerido: Schweine schnitzel


Publicado
Modificado
Leído 1254 veces

    Enviar a un amigo

Capítulo 1 3 4 5 6 7 8 9
 
 


 

Florería francfortiana

   

Capítulos de este diario