Aparcamos en la orilla opuesta al centro de Frankfurt, Sachsenhausen, lo que significa que el aparcamiento cuesta tres veces menos que en la "city". Caminamos unos 100 metros hasta el Meno, donde subimos a una de las barcazas para tomar un café y refrescos. Agradable, limpio y confortable, el día precioso ¿qué más quiere uno?. Desde allí se veía gran parte de la zona financiera de Frankfurt, así como la Catedral San Bartolomé en el casco antiguo. Hacía allí nos dirigimos al terminar nuestra consumiciones y cruzamos el puente de hierro (Eiserner Steg), que lleva a los peatones al otro lado. El puente de hierro es usado por las jóvenes parejas como símbolo de unión, colocando un candado adornado con iniciales grabadas y la fecha de la promesa. Hay miles de candados de todos los colores en el puente. El "hechizo" parece terminar cada pocos años, cuando se limpia y pinta el puente, todos los candados se quitan y se desechan, ya que "afean" la vista del puente. Bueno...
Desde el puente pude mirar hacia atrás y ver la iglesia de los Tres Reyes. Llegamos pronto a la Plaza del Mercado, muy antigua y llena de edificios de singular belleza, en especial el Römer, símbolo de Frankfurt, zona en la cual se aloja el Ayuntamiento de la ciudad. Toda la Plaza del Mercado y los edificios colindantes han sido destruídos durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y han sido reconstruídos gracias a numerosos grabados antiguos con todos los detalles. (Incluyo la información de que la antigua plaza del mercado de Varsovia, destruída también en la misma guerra, fue también reconstruída gracias a los dibujos y grabados de
Canaletto. Hubos dos Canalettos, en este caso el segundo, Bernardo Belloto).
Desde el Römer y la Plaza del Mercado fuimos en dirección a la Catedral de San Bartolomé, por suerte ya renovada y sin andamiaje. Antes pasamos por la iglesia de Nicolás (Nikolaikirche) a nuestra derecha.
La entrada es gratuita en la Catedral y pudimos apreciar el interior, muy interesante. He sacado unas fotos que publico adjuntas. También visitamos las ruinas antiquísimas que están entre la Catedral y la Plaza del Mercado, todo lleno de historia de la ciudad. Fueron recientemente descubiertas más ruinas en esa parte del centro y se está ampliando la zona de legado histórico. Seguimos caminando por una zona peatonal hasta llegar a la Zeil, que es una avenida convertida en paseo peatonal, llena de puestos ambulantes. Había bolivianos vendiendo pendientes y piercing, muchos "tatuadores" a base de sopletes y grabados pre-hechos, los cuales colocan sobre la piel y pintan un tatuaje que pocos días después va desapareciendo.
Visitamos uno de los grandes edificios y nos dejamos llevar a la terraza de observación, desde la cual se atisba media ciudad, muchísimos monumentos, edificios enormes y partes del casco antiguo, el Meno y los barcos...
Un poco más allá había un edificio que era en especial atractivo porque está adornado por un agujero que lo cruza de lado a lado, como se puede ver en la foto adjunta, una cosa diferente, una arquitectura muy moderna, una sorpresa para los viandantes...
Seguimos caminando por el paseo peatonal hasta llegar al edificio de la vieja Ópera, muy bien restaurada y pulcramente pintada, muy hermosa por cierto. Frente a ella una fuente de aguas cristalinas en la que los viajantes refrescaban sus maltrechos pies. Decidimos que la tarde había sido buena para nosotros y regresamos al aparcamiento, pasando por la Hauptwache y algunas iglesias como Liebfrauenkirche, Pauluskirche, para volver a llegar a la Plaza del Mercado, cruzar por el puente de hierro y llegar al coche. Así fue que terminó nuestro día. Mi último día en Alemania, a la mañana siguiente debía viajar por tren hasta Basilea y desde allí volar a Málaga.