Diarios de viaje > Estado de Santa Catarina, América del Sur
Relatos catarinenses
Escribe: mochacharme
Recorrido por algunas de las playas màs bonitas del Estado de Santa Catarina. Si bien las distancias entre las playas del estado son cortas si de kilòmetros hablamos, recorrerlas en bus hace parecer lo contrario. Desde el norte del estado hasta la playa màs hermosa a mi parecer en el sur, estos son los relatos de una semana a todo bus, històricos pueblos de pescadores, mucha lluvia, planes fallidos, algunas decepciones, mares azules para un batalla y muchas saudades...
Santo Antonio de Lisboa
Florianópolis, Brasil — sábado, 22 de enero de 2011
Sabado 22: Visita al pueblo colonial de Santo Antonio de Lisboa.
Para llegar a Barra de Lagoa, en el centro-este de la isla de Florianòpolis, debimos hacer el siguiente tramo: Costa de Dentro (donde habiamos pasado los ùltimos dos dias) – Rio Tabarè – Lagoa de Conseicao – Barra de Lagoa. La isla es hermosa, por ende estos viajes con sus respectivas subidas y bajadas se hacen llevaderos gracias al paisaje, y la gente dentro de todo es amable, aunque no tanto como en Paranà. Algùn que otro conductor, o cobrador de estos ómnibus que tomàbamos a diario, dejaban mucho que desear.
Barra de Lagoa como pueblo es bastante feo. No tiene nada lindo, ni casas, ni locales, incluso tiene de todo muy poco. Si es preciosa la parte que da al rio que desemboca en la Lagoa Central, por el verde, los barquitos coloridos, los paseos, algunas casas entre los morros. El camino a la Prainha (playita al otro lado del rio), es pintoresco. Las casas parecen todas muy bajas y pequeñas y eso les da un toque de simpatìa. Pero el centro comercial no tiene ningùn atractivo. Es un lugar dentro de todo tranquilo. Dicen que la playa es de las màs lindas de la isla, tiene 14 km de extensión, y hacia el sur, pasando la Prainha, y siguiendo adelante por un camino en el morro se llega a unas piletas naturales que poseen agua termal. Todo eso se quedò en lo que nos dijeron y contaron. Los ùltimos 3 dias en Brasil nos lloviò tanto que a gatas logràbamos salir del Hostel Portunhol. El dia de la llegada nos recibiò su dueño, un viajero chileno establecido en la isla. Debimos repartirnos en dos camas, ya que la primera noche sòlo habia dos disponibles. Las otras dos camas estaban ocupadas por dos muchachos. El hostel estaba bien, aunque era algo caro (R$ 50,00 por cada una, baño compartido, y desayuno de 8 a 12 a.m.). El primer dia lo pasamos casi dentro de la habitación, descansando y algo aburridas. Llovia tanto que daba pena, sòlo salimos a merendar unos tostados con cafè en una panaderia del centro. Y por la noche el cielo se callò a càntaros.
Un paseo por Santo Antonio de Lisboa...
El segundo dia, aunque estaba nublado y llovia, paraba, y volvia a llover, decidimos movernos en ómnibus hasta un lugar històrico de la isla: Santo Antonio de Lisboa, no queria irme de Brasil sin conocer este lugar.
El dueño del hostel nos prestò un paraguas grande color negro y antes de tomar el ómnibus con destino norte, nos dimos una vuelta por la Praìnha, de Barra de Lagoa. Se veia tan fea y sucia, con los residuos que habia dejado la marea alta y la tormenta de la noche anterior. Sòlo se veian unos metros del agua, luego era todo bruma sobre el mar. Dicen que en las noches se pone linda esa playita, es muy concurrida y famosas las caipirinhas del rùstico barcito que alli funciona.
Para ir hasta Santo Antonio de Lisboa, debimos tomar un ómnibus hasta Lagoa de Conceicao (Laguna Central y centro comercial de la isla), y luego desde ahì, otro hasta el norte, hasta la Estaciòn Terminal de Canavieras, luego otro hasta Santo Antonio de Lisboa, que queda en el noroeste de la isla, mirando al continente. En la ruta hacia el norte de la isla saliò el sol. Cada tanto veia un trozo de mar, que se iba tiñendo de azul. Luego pueblitos diminutos, de casitas bajas con tejas coloniales, plantas de plàtanos, palmeritas, mucho verde, y la humedad y todos los verdes, que deja la lluvia cuando se retira.
Al llegar a la estaciòn definitiva, debimos caminar unas cuadras hasta el centro històrico. Èste es junto a Riberao da Ilha en el sur, y la Lagoa Central, uno de lugares màs antiguos de la regiòn, alberga un patrimonio arquitectònico propio de esas primeras culturas azorianas que llegaron a mediados del siglo XVIII. Tiene la apariencia tìpica de las colonias portuguesas. Y el mar alli se ve calmo, ahora plomizo, ni un poquito de sol para amanzar la tarde.
Una iglesia blanca, con detalles en sepia, tipica colonial, donde en ese preciso momento se daba la misa. Algunas casas de tè y antigüedades, otras de artesanias. Todo està muy bien preservado. Distraìda tomàndome auto-fotos en una casona tìpica portuguesa como las que he visto antes en Colonia del Sacramento, Uruguay, dejè olvidado el paraguas del dueño de Portunhol apoyadito según recordaba sobre la pared de una casa, me di cuenta unas cuadras màs adelante. Cuando regresè no estaba, senti vergüenza ajena porque en un radio de 6 manzanas sòlo seriamos un puñadito de gente. Ademàs el paraguas daba màs vergüenza aùn, estaba algo roto y era feìsimo, cumplìa a medias su funciòn, ya que alguna gota se filtraba por su tela, ¿quièn pudo habèrselo llevado?. En fin, ojalà que no lloviera màs.
Desde la playa se puede ver la Baìa Norte y el continente, el contraste entre esta orilla colonial y la de enfrente, con esos edificios modernisimos, que recortan el cielo es realmente interesante, dos mundos miràndose uno al otro, el pasado y el presente. Dicen que desde aquí se puede admirar los dias claros, el màs bello atardecer de la isla catarinense. Imagino el sol ponièndose detrás de esos edificios en tierra firme. Sòlo podrè imaginarlo.
Màs allà de la arquitectura, el pueblo conserva costumbres heredadas de los colonos de las Islas Azores, como la Fiesta del Espìritu Santo, Termo de Reis y Cacumbi. La pesca es otra atracción que hace llegar hasta estas costas a turistas y amantes de buen paladar marìtimo. El cultivo de ostras y mariscos suministra varios restoranes con menùs especializados en frutos de mar. Cerquita de la plaza central, frente a la Iglesia Nuestra Señora de las Necesidades, se puede conseguir artesanìa tìpica y alfarerìa de tradición azoriana. Como tambièn encajes y ceràmica.
El dia fue deciendo y pronto se hizo de noche. Para regresar a Barra de Lagoa, decidimos ir en ómnibus hasta Trindade, que queda màs cerquita de la Lagoa Central, que Canasvieiras. La isla de Florianòpolis tiene un sistema de ómnibus bastante pràctico. El problema surge a partir de que las distancias son grandes, la extenciòn de la isla hace que ir de un lado a otro resulte cosa complicada. El centro de la isla se sitùa en torno a Lagoa de Conseicao. Desde ella salen buses hacia el norte, sur, este y oeste de la isla. Sucede que luego en cada zona hay una estaciòn terminal que centraliza los trayectos según su zona. Asi que en el norte la Estaciòn central es la de Canasvieras, y en el sur es Rio Tavarès. Desde cada una de ellas podes trasladarte en ómnibus por las diferentes playas, según te encuentres en el norte o en el sur. Y existe esta otra estaciòn que es la de Trindade, una alternativa en el noroeste, màs cerquita de Lagoa de Conceicao.
En el viaje desde la Lagoa de Conceicao hasta Barra, subiò un muchacho en silla de ruedas. Era uruguayo, vivia en Barra desde hacia unos años trabajando en el puerto según me contò. Nos pusimos a hablar de Uruguay, del carnaval, del mate, y cuando le preguntè què era lo que mas extrañaba de su pais, me dijo: Los tambores, còmo extraño los tambores. Nos recomendò cenar en una pizzeria de unos amigos charrùas, a poquitas cuadras del centro de Barra de Lagoa.
Una pizza bastante rica, y de fondo un Boca-River. Todos argentinos cenando, mirando el partido en los televisores. No recuerdo quien ganò esa noche, si recuerdo los festejos de cada gol, las gastadas entre contrincantes, ese folklore nuestro que hace que estès donde estès, siempre haya un argentino cerca recordàndote que no estàs tan lejos de casa. Terminamos tomando cervezas en un barcito sobre la playa. La lluvia nos daba un respiro por fin, al menos para acercarnos al mar, aunque sea de noche. Se veia linda la costa de Barra toda iluminada.
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Next Stop: Guarda do Embaù
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