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Norte de Marruecos

Escribe: Syd
Una mirada relajada de un acercamiento a las latitudes Norte del país en sólo una semana.

 

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Melilla-Nador-Fez

Fez, Marruecos — sábado, 16 de abril de 2011

Llegar un domingo a Melilla no es buena empresa. Tampoco a Nador. La idea era alquilar un coche, pero todo estaba cerrado. Sólo encontramos una empresa, de casualidad, en Nador, que también estaba cerrada, pero se nos acercó un tipo y nos hizo un apaño. Fuimos al aeropuerto, en taxi (fue imposible bajar de los 10 euros), y allí nos dijeron que teníamos que pagar 1000 euros de fianza por el apaño. Apañados íbamos. No aceptamos. Tras muchas peripecias, acabamos en un bus camino a Fes, a lo que tuvimos incluso que agradecer a la fortuna que la cosa no fuera a peor. Íbamos en un taxi de vuelta a Nador, cuando el conductor del taxi paró con señas a un bus que circulaba por el sentido contrario. Era el bus a Fes.
     El trayecto duró como 5 horas y media o 6. Por el camino se producen varias paradas, y hasta te da tiempo a bajar y comer algo en los puestos de comida que quedan a la vera del vehículo. Nada exquisito, pero puedes elegir entre zumos y algunas carnes (en el caso de que las comas), pescado frito (que me sorprendió), y esos panes redondos, que son lo mejor de todo. Aparte del pan, todo es de bastante baja calidad. 
Es muy notable presenciar cómo sacan beneficios los que operan en el bus transportando mercancías como arroz, conservas, etc. No renuncian a rellenar cada pequeño espacio del habitáculo con paquetes de comida guardados a presión, en lugares donde hay que echar mucho empeño e imaginación para  encajarlos.
     Por otro lado, el trayecto deja ver paisajes muy parecidos a España, algunos sin interés y otros de destacable belleza, recorriendo valles, montañas, y algún bonito río.
     Al final, la vista de Fes ya comienza a despertar el interés del viajero desde el propio bus. La gente, la vida, empieza a asomar de una forma que no brillaba en Nador. La muralla de la Medina es una alegría para la vista. 
     Llegamos ya oscureciendo, entre una luna redonda, mujeres vestidas con telas coloridas y edificios arabescos. Fabuloso.

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