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El sueño de fez
Escribe: alxarq
EL SUEÑO DE FEZHasta que visité Fez en la primera ocasión , hubiera mantenido que los cuentos de las Mil y Una Noches eran sólo eso, cuentos localizados en el espacio de los lejanos reinos de...
El sueño de fez
Fez, Marruecos — lunes, 6 de marzo de 2006
Hasta que visité Fez en la primera ocasión , hubiera mantenido que los cuentos de las Mil y Una Noches eran sólo eso, cuentos localizados en el espacio de los lejanos reinos de oriente, y en el tiempo, también muy lejano, en que la magia existía porque así lo quería la imaginación primitiva de los pueblos antiguos.
Llegué a Fez para tomar contacto con algunos eruditos expertos en la historia de Al- Andalus
que habían estudiado el asentamiento de los musulmanes expulsados de la Península a lo largo de los siglos, y para sentir sobre el terreno como propias las añoranzas del paraíso perdido de tantos españoles que tuvieron que abandonar sus hogares por la intransigencia de los vencedores de una contienda que nunca debería haberse desatado.
La primera visita que hice fue a un anciano doctor en Historia de Al-Andalus. En aquella ocasión se hizo palpable en toda su plenitud la celebrada hospitalidad que es ley en el mundo musulmán. Aquel venerable anciano, curtido en mil vivencias, versado en todos los asuntos del conocimiento, tolerante con todos y con todo, y por encima de los vaivenes de la vida, sobre todo del modo de vida occidental, me introdujo de lleno en el mundo místico y contemplativo que llena el ambiente de la santa ciudad, y que siempre anda oculto a los sentidos del turista convencional. Gracias a él pude ver con otros ojos las distintas facetas de una ciudad que no ha cambiado en su esencia, aunque lo parezca en sus formas; y aunque me estuvo vedado entrar en las medersas y mezquitas, sí pude palpar el ambiente de sus zocos y callejuelas, y obtuve permiso para contemplar el inestimable tesoro de la biblioteca Qaraouine, con sus cientos de manuscritos andalusíes, muchos de ellos iluminados con los más delicados dibujos trabajados en oro y policromía. Averroes, Ibn Jaldun, y tantos otros, me mostraron la evidencia de una cultura que floreció cuando los reinos cristianos estaban sumidos aún en la incultura y la barbarie.
El anciano doctor me ofreció su mesa y también su casa, cosa que decliné lo más cortésmente que me fue posible, pues tenía apalabrado pernoctar en un riad, palacio andalusí en el interior de la medina, lugar que completó mis sensaciones de encontrarme fuera de mi tiempo. Y allí estaba Loubna...
Inmerso en aquel ambiente comprendí lo que era el Edén que Muhammad promete a sus fieles: en medio de un silencio roto por una suave música que procedía de ninguna parte, y por el sonido del agua de una fuente centenaria, cómodamente arrellanado en el diwan, apareció una hurí de tez pálida, de largos cabellos ondeantes, de noble y altivo porte ensalzado por un delicado caftán, manos finísimas y una sonrisa dulce y quizá triste como el sabor dulce y salado, pero exquisito de la past'lla que traía en una bandeja de plata finamente repujada. Entonces comprendí que era cierto; que los cuentos de Scherezade podían llegar a ser realidad y que yo podía a vivirlos como si fuera un sueño.
Loubna estaba empleada en el riad, y su misión, compensada por un salario mísero, consistía en arreglar dormitorios, lavar, planchar, ayudar en la cocina y, sobre todo, servir a los huéspedes. Muchas horas de extenuante trabajo para caer rendida al final de la jornada en un camastro de las habitaciones del servicio. Y todo esto lo sé porque no pude evitar el impulso de hablar con ella, cosa que hice tímidamente al principio, y abiertamente, aprovechando las ausencias del gerente, y que me encontraba solo como huésped del riad.
A partir de entonces contaba cada día el tiempo que faltaba para la cena; y aún a riesgo de ser reprendida por su jefe, me contó muchas cosas más: que había terminado sus estudios de esthéticienne; que no había trabajo en su oficio y que su familia era muy modesta y no tenía dinero para montar su propio establecimiento; que estaba en relaciones con un hombre que la retiraría del mundo una vez casada... que su vida no tenía ninguna perspectiva...
Tuve el valor, porque a esas alturas estaba perdidamente enamorado de ella, de proponerle que se casara conmigo; que prepararíamos los documentos y que la llevaría a España, donde podría realizarse como persona y como mujer; y que mi compensación radicaría tan solo en verla libre y realizada, dueña de su destino, aunque no volviera a contemplarla nunca más.
Esbozó una tristísima sonrisa y se alejó sin decirme nada..
En mi alcoba aquella noche no podía dormir. -"¡Me he excedido!"- repetía en voz alta una y otra vez. Y cuando el dolor y la decepción parecían a punto de romper el hechizo, un delicado toque en la puerta , una certeza vivísima, un movimiento rápido y... era Loubna.
Con la misma sonrisa triste penetró en el dormitorio; cerró tras sí, con suavidad, la puerta; elevó suavemente sus manos, rodeó mi rostro en una tierna caricia y... no sé si sabré referir lo que sucedió a continuación: si existe el éxtasis, si existe lo sublime, lo inenarrable porque no se ha inventado el vocabulario para contarlo, sólo puedo decir que lo viví una vez, y que en aquella alcoba cohabitaron el ardor y la placidez, la pasión y la ternura, el fuego y el agua, el desenfreno y la más exquisita suavidad. Y todo sin una sola palabra.
"iré contigo..., mañana"- y abandonó la alcoba.
Al día siguiente, tras una noche en blanco de ilusión y temores, cavilando que no podía ser cierto lo que había vivido, me dispuse a tomar el desayuno con la aprensión de volver a observarla y evidenciar que todo volvía a ser como al principio. Loubna no estaba.
"Está enferma" -me dijo la chica que me sirvió el desayuno. Y ante tal desconcierto, cancelé mi regreso, y volví una y otra vez al riad hasta que no me quedó un hilo de esperanza.
Loubna no volvió.
Ahora que escribo esto ¿no habrá sido realmente un sueño? ¿Será cierto que en determinadas y excepcionales circunstancias uno cree vivir lo que es tan sólo fruto de la fantasía desatada por el hechizo mágico de una ciudad?
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Publicado el 6/mar/2006, 16.06 |
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Últimos comentarios
brujienana dice:
Hola, como estas? bellisimo diario, la verdad es que hace dos meses que regrese de Marruecos , estuve en Fez, Marraquech tanger Rabat etc , pero lo que mas me impresiono fue Fez la vieja Ya que tembien estuve en la nueva , de verdad estar ahi es estar en epoca milenarias es retrotraerte a esa epoca,he estado muy poco en contacto con la gente pero fue muy enriquecedor y te hace ver la vida de otra manera , no pude estar en los riad, ya que fuimos en una excurcion con visitas guiadas pero es una materia pendiente el volver a Fez , ojala Dios me de vida para poder hacerlo un abrazo susana
Publicado el 8/sep/2009, 17.43
rce dice:
Dime que no fue un sueño y que finalmente la encontraste ¡¡¡¡¡¡ que bonita historia, te felicito, la hayas soñado o vivido.
Publicado el 20/ene/2010, 13.49
trotadora dice:
muy bonito Fez, yo estuve y me encantó, aunque muy llena de turistas la zona de la medina
Publicado el 12/may/2011, 03.53
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