Born to be wild (De mis andanzas por Fethiye)
Fethiye, Turquía — domingo, 3 de octubre de 2010
El viaje resulto medio fastidioson, el bus cortaba por una carretera zigzagueante, entre rocosas montañas, salpicadas con poca vegetación, la cosa empeoraba cuando ejercían su derecho supremo de echarse pachulin, en esta oportunidad como solo íbamos extranjeros en el bus, lo compartían entre el conductor y el carreteromozo, de a poco fue gestando en mi odio ese olor, era penetrante, intenso, dulce, empalagoso y pare de contar. Con el pasar del rato descubrí otra característica que comparten los conductores turcos con los venezolanos, siempre se detienen a comer en los sitios mas caros y con la menor variedad de platos, con la finalidad de obtener un plato gratis, sugestionando a los pasajeros a comer esa basura. Siguiendo el camino, por esas curvilíneas montañas, de colores grises a ocre, de verdes oscuros a celestes, siempre conspirando contra mi salud con el constante cruzar de un lado a otro, curvas como la de esa mujer, siempre recurrente en mis sueños, esa mujer que quedo en mi ciudad, evasiva mujer de mis sueños, de momento la mente se desprende y se pierde en los ojos negros, ojos negros de ella, solo para despertar del letargo gracias al choque del pachulin en la nariz; Dios, pensé hasta en escribirme en turco, en mi frente “No quiero pachulin”.
Por fin a lo lejos, azul turquesa, en el horizonte el mar mediterráneo, justo al final de un valle, flanqueado por las empinadas laderas de las montañas, tratando de ganarse una playa entra tanta roca, la carretera ahora iba paralela al mar, la brisa aplacaba mi guerra interna contra el pachulin, ya estaba próximo a bajar del autobús una sonrisa de victoria nacía en mi rostro. Con la llegada al otogar, y luego de comer un kebab, para recuperar el racionamiento, recuro a mi infalible amigo el internet para facilitar la búsqueda de algún antro que me reciba. Ya con el destino fijo faltaba orientarme, todo el mundo me recomendaba un taxi, pero que va eso no va conmigo, hasta que alguien me dijo “Dolmus, Centrum” mas claro no pudo quedar, tome el primer dolmus con ese letrero centrum o merkezi tras quince min de viaje, le pregunto al chofer y resulto que iba en sentido opuesto a mi destino, este me miro y sonrió (era clara su risa decía “que idiota eres"), me dejo en una parada y tome el correcto.
La vista sobre la bahía de Fethiye, que brindaba la terraza de la pensión, compensaba cualquier deficiencia de limpieza o atención que esta pudiera tener. Un pueblito de unos veinticinco mil habitantes, ubicado a los sombreados pies de una rocosa montaña, compuesto de algunos cientos de casas, todas mirando al mar, todas casas altas, con balcones y techos de tejas rojas, dispuestas en la ladera de la montaña. Bajando por ella asemeja una cascada, una cascada que sale de una garganta y se abre en forma de abanico al llegar al mar, cambiando casas por barcos, cambiando el color rojizo de las tejas por el turquesa del mar, continúan el efecto abanico.
Es gratificante estar frente al mar, aquieta mis fantasmas internos, fantasmas que no quiero que se vaya, ya que son el recuerdo del viejo, lo único que deseo, es hacer las paces con ellos y no seguir sintiendo culpa, pena y pesar por su pronta partida.
Al camino, mi espíritu siempre en búsqueda de libertad no encontró mejor aliado, que un rocín, un rocín andante o un rocinante, un potente motor sobre dos ruedas, con agilidad de mangosta, velocidad de chita y fuerza de oso, nada mas y nada menos que un scooter, que alquile por un día, le asegure al sujeto que la alquilaba ser un ducho piloto de moto, nada mas lejos de la realidad, lo mas parecido que he manejado en mi vida, es mi bicicleta de montaña, especule en que no habría diferencia entre una y otra, el sujeto me miro con cara de incredulidad y murmuro algo en turco que asumo fue “Si te das un coñazo o te matas será tu peo, igual tengo tu numero de tarjeta de crédito”.
Con un arrancar algo torpe, con las manos resbalosas por el sudor y un poco de excremento en mi ropa interior (estaba cagado de miedo lo reconozco), fui abriéndome paso por medio de la maraña de carros del centro de la ciudad, lo primero era echar gasolina. En la estación de servicio me lleve la sorpresita, de que por nueve litros de gasolina debía pagar diez euros, en mi tierra es habitual ver como se mueve super rápido el contador de volumen dispensado y el del dinero continua estático, por acá era al revés, por lo que pague allí en gasolina podía viajar en mi camioneta, cuatro mil kilómetros en Venezuela. Ya con el tanque lleno y con un kit de bolas (valor), me lance a buscar mi objetivo, Saklikent, una garganta sobre la que leí en algún libro. Me enganchaba principalmente porque era un sitio natural y no era una ruina, ubicado según mis mapas a cincuenta kilómetros de Fethiye, claro el calculo de la distancia lo hice con el escalimetro de mis dedos (a la final resultaron ser setenta y cinco kilómetros). Una vez en la autopista me fui soltando, un leve coqueteo con el acelerador se fue creando un romance entre el y yo, en cuestión de minutos no lo soltaba, el viento en mi cara me alentaba, las manos se fueron secando de a poco y los carros se volvieron obstáculos a superar, de a momento olvidaba que andaba en una motico, y al verme rebasando algunos carros, se me ocurrió mirar al velocímetro, iba a 120 Km/h, allí estaba mi respuesta a porque todos me hacían cambio de luces, iba a exceso de velocidad, nunca en mi vida había manejado una moto a y ahora iba a exceso de velocidad en ella, bueno mas de lo mismo para mi, ya me sentía seguro en la moto y no debía abusar de esa seguridad. Ya dejando la autopista atrás me adentro por un camino agrícola, rodeado de granjas, ríos y pequeñas villas, preguntando de a rato por un lugar que no podía pronunciar, así que mostraba el nombre escrito en un papel, los lugareños siempre dispuestos a aconsejarme me orientaron, encontré mi destino en lo profundo de un cañón, acá deje mi bólido, pague el tributo al torniquete, esta vez de solo cuatro liras.
Por una pasarela de madera me adentro a lo profundo de la garganta, una agua verde esmeralda corre bajo mis pies, lamento de inmediato no tener contacto con ella, y me pregunto porque brindar tan inútil facilidad, si el atractivo del sitio es caminar por el rio. Al final de la caminadera descubro el porqué, el agua es heladísima. Esa agua color esmeralda sale de los mismo pies de la montaña, de entre las rocas, en un sitio donde se encuentran dos caudales, el que viene subterráneo y el que viene de la garganta. Pasando el potente caudal esmeralda entre torpes turistas, entre gritos, llantos, risas tontas y maldiciones en todos los idiomas imaginables, sumándole una mía - malaya agua tan fría -, al fin supero la fuerza del agua y entro en contacto con una suave corriente de agua grisácea, esta es la corriente que baja de la garganta, es mas benévola, suave, tibia y algo sedimentosa, solo llega a las rodilla. Caminando entre estas paredes altas como edificios, en ese húmedo ambiente, me hago la idea del recorrido que hace un bocado de comida por mi esófago.
El caminar dentro de cause es tormentoso y doloroso, debido al castigo incesante de las piedras sobre mis pies, en la entrada alquilaban zapatillas para caminar por allí, pero que piensan que soy una mamita, soy un rockstar que viaja en moto, soy rudo, soy un hombre que termino con los pies destrozados por testarudo. Caminar rio arriba, por algunos kilómetros sin saber que encontrare al final a sido una constante en mi vida, porque seria una excepción estando en Turquía, en esta oportunidad encontré una pequeña y refrescante cascada, y junto a ella una escalada en piedra resbalosa que me prometía unos buenos golpes y sentada en la base de las piedras una hermosa mujer, algo entrada en años, pero de belleza hipnótica, un cabello rubio enroscado, guardaba un rostro angelical, el cual poseía las marcas de su perenne lucha contra los años, lucha que ha librado con éxito, al bajar la vista por su huesudo cuello, diviso sus hermosos senos del tamaño de naranjas y de aparente firmeza, mas abajo una cintura algo escueta y unas caderas algo estrechas, propia de mujeres del viejo mundo, estas decoradas con un micro bikini, que dejaba a la imaginación explícitos detalles, mejor aun la conversación que tuve con ella, hablamos sobre nuestras vidas, amores e ilusiones, especulamos sobre nuestras nacionalidades, ella francesa y yo latino americano pícaro, nunca supe su nombre, ni ella el mío, en ese cañón deje una buena amiga que espero volver a ver.
A la autopista de nuevo, el viaje de regreso resulto pesado, tenia viento lateral y sentía que me sacaría de la carretera, agotado llegue a la pensión y tome una siesta, la luz del día no me preocupaba, gozaba de luz hasta las ocho de la noche, estaba en Turquía. En dos ruedas a Oludeniz, al fin veía en vivo y directo una imagen que vi en muchos libros y fotos, la bahía de Oludeniz, y como novedad cobraban una entrada la cual lógico me negué a pagar. Ya de por si, las playas públicas son hermosas e invitan a darte un chapuzón, el cual no rehusé, mi primer contacto con el mar mediterráneo fue inmejorable, no muy salado, pero si muy azul, tibio y sin corriente, una playa pedregosa, donde solo vez Oludeniz, buen momento, buen helado.
De vuelta al pueblo, aun queda moto para rato, escudriño las playas cercanas, en ellas nada que buscar como balneario, pero ideales como sitios para el relax y el cultivo de ideas. Sobre la costa norte disfruto de un atardecer turco, delante de mi una bahía, en ella ocho banderas turcas, un pequeño bote se sacude al viento y toma la forma que le dan las olas.
Ya para cerrar el día, que mejor que compartir unas efes con un amigo sudafricano, filosofando un poco, conversando sobre Socrates, sobre porque no me gustan las ruinas, un poco sobre mi padre y claro, porque no, brindando “por los culos”. Me asombra como caen las barreras idiomáticas, cuando hay licor de por medio, me asombra también que a pesar de viajar solo nunca me he visto realmente solo.
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Últimos comentarios
AngieArgentina dice:
hermosos!supongo que habrás guardado tus interiores con la frenadita o mariposas como se dice aqui!!!jajaja
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carmenparis dice:
bravo ! ... he leido todo con una muy sana envidia...
noooo !!! con una envidia verdadera... saludos !
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yojose dice:
jajaja
Muy bueno.
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babydollspain dice:
La verdad, leyéndote a veces no se distinguir la realidad de la ficción... ajjajaj
Muy bueno, me alegro que lo hayas disfrutado.
Saludos desde España.
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1000ciades dice:
gracias por compartir y enseñarme un nuevo lugar
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cecilia74 dice:
paaa que audaz, jajaja me encantó tu odisea en moto
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marianitasoteldo dice:
Creo que tu relato esta incompleto... seria genial seguir leyendo mas capitulos con ese toque tuyo! Saludos...
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viajaconmigo dice:
Que bueno!!! el James Dean maracucho. jeje.
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bipbip_viaja dice:
Súper entretenido el relato de tu viaje por estos hermosos lugares.
Me está inspirando a conocer Turquía.
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Capítulos de este diario
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Del comienzo y el primer contacto con europa y los europeos
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La bienvenida a Turquía y el primer Adhan
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El primer contacto con Istanbul
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De los sabores de Istanbul (Efes, Cacique, Carre y charla)
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Una pasada fugaz por el Kremlin de algodón y un çay en Selçuk mirando cigüeñas
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Born to be wild (De mis andanzas por Fethiye)
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