Lagos: en el corazón del Algarve

Escribe: buvar
Quería conocer el Algarve, la zona de costa de Portugal, la región más meridional de este país. Algarve, es una palabra derivada del árabe que quiere decir "al oeste", es decir el lugar donde...

 

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Capítulo 1

Lagos: en el corazón del Algarve

Faro, Portugal — jueves, 1 de noviembre de 2007

Quería conocer el Algarve, la zona de costa de Portugal, la región más meridional de este país. Algarve, es una palabra derivada del árabe que quiere decir "al oeste", es decir el lugar donde se pone el sol, y si hablamos de puesta de sol, la que ofrece el Algarve es superlativa.

Elegí Lagos para mi aproximación al Algarve por dos razones: porque era la ciudad más cerca del Cabo San Vicente y porque había leído en el libro de José Saramago, "Viaje a Portugal", que por estas tierras vino también Don Sebastián, rey de Portugal. Fue Rey niño y murió con sólo 24 años de edad, alla por el año 1578, peleando contra los moros, su cadáver nunca fue encontrado. Para los portugueses, Sebastián siempre fue "el deseado" y como su cadáver no apareció hasta el día de hoy abrigan la esperanza que aparezca por allí por entre la bruma. Caminar por las murallas donde se dice, el joven Rey escuchó misa, antes de partir a su batalla final, fue algo muy emocionante.

Lagos, una ciudad fundada por los romanos como Lacóbriga, fue durante varios siglos la capital del Algarve, hasta que en el siglo XVIII debió ceder ese honor a Faro. Llegar a ella no es difícil, hay buen servicio de buses y trenes, desde Lisboa, que en 4 o 5 horas lo dejan en Lagos, por unos 40 euros ida y vuelta.

Cuando hacía planes para viajar al Algarve le pregunté a un amigo portugués, explicándole que quería ir a Lagos, pero que elegiría para pernoctar una playa más tranquila, que podría ser Luz, tristemente célebre por el secuestro de la niña Madelaine, y a 6 kilómetros de Lagos o Burgau o Salema, más próximas a Vila do Bispo. Mi amigo me desanimó bastante ya que según su apreciación de conocedor de la zona, al lugar donde yo quería ir: Salema existían pocos hoteles y todos estaban reservados con mucha anticipación y como yo pretendía ir en temporada alta debía asegurar el alojamiento.

Conseguí un hotel en Salema a 60 euros diarios la habitación doble, por lo que reduje mi estadía de 7 días a sólo 4.

El viaje se realizó en el mes de agosto del año pasado con una temperatura que superaba tranquilamente los 40 grados celcius. Felizmente en Lagos todo queda cerca. La estación de trenes da a la Marina de Lagos y de allí hay que caminar solo unas dos cuadras hasta un pequeño terminal de buses, desde donde parten máquinas a distintos destinos, la primera vez que uno va, le pasan un folleto con los horarios y los precios.

Tomamos el autobús a Salema, donde iba la mitad de vecinos de las playas y el resto puros ingleses. Intenté averiguar porqué a los súbditos de la corona británica les gusta tanto venir a esta zona, y la respuesta es que se trata de un sector más barato que la costa del sol española, y donde este elemento: el sol, está garantizado, Esto: bajos precios y sol, resulta un imán irresistible para los ingleses. De todos los mochileros que van en el bus, ninguno tiene reserva y yo me pregunto ¿cómo se las van a arreglar?

La respuesta está allí, a la bajada del bus. Nada más bajar y varias personas se nos acercan con un letrero que tiene una sóla palabra "room". Preguntó de cuanto estamos hablando y me dan un abanico de precios, rescato de ellos, 10 euros habitación con baño compartido, y 15 euros habitación doble con baño privado. (y yo pagué 60 por hacer caso a un conocedor....)

Quienes arriendan estas "rooms" son familias de pescadores, que han decidido reconvertir su fuente de trabajo, de la pesca al turismo, han agrandado sus casas y construído cuartos de huéspedes y como la afluencia de público es constante durante todo el año, tienen de ese modo asegurado el sustento.


Voracidad inmobiliaria


La región está siendo objeto de una voracidad inmobiliaria inclemente. Grúas y maquinarias por doquier levantan cientos de condominios, que darán respuesta a las demandas de miles de familias británicas que quieren pasar aquí sus felices días de vacaciones y ni siquiera la mala experiencia de los McCann, los hace desistir de llegar hasta esta tierra de sol y playa.

Aquí no parece existir otro color que el blanco y los cerros que hasta hace poco eran verdes se ven tachonados de edificios blancos, manteniéndose la mancha verde, sólo cuando se trata de campos de golf. A diferencia de otros macrocentros de diversión veraniega, como Cancún y el Caribe, en el Algarve la diversión se caracteriza por ser más bien de tipo familiar, se ve mucho deportista de vela, de windsurf, y muchas familias con niños pequeños, disfrutando de la playa.

Un detalle curioso que me llamó la atención en la Playa Salema, era que a la entrada a la playa había un dosificador gratuito de ceniceros para playa, lo que no es un detalle menor, ya que nada hay más incómodo que tender la toalla y encontrar entre la arena colillas de cigarrillos.

Y aunque la pesca ha cedido paso al turismo, todavía es posible cada mañana muy temprano ver regresar a los pescadores trayendo la cosecha del día la que puede ser probada allí mismo en pequeños restauranes que hay a la orilla de playa, y cuyos precios, según me dijeron algunos turistas resultan más baratos que en otros lugares del Algarve como Albufeira, Faro o Tavira.

Desde Lagos se puede ir a Portimao, a Sagres o al Cabo de San Vicente. Movilización hay entre Lagos y las playas, Luz, Burgau, Salema y otros y Sagres. También hay buses a ciudades españolas como Sanlúcar de Barrameda o Sevilla.

Sagrés es una localidad muy conocida: para los jóvenes da nombre a la cerveza más popular de Portugal, para los mayores en cambio, Sagres remite a la escuela de navegantes más famosa del mundo. Donde se diseñaron las primeras carabelas y hasta ella llegaban los osados de la época que soñaban como Colón, con descubrir mundos lejanos.

La escuela fue fundada el año 1415 teniendo como base a los mejores cartógrafos, astrónomos y los marinos más afamados de la época. De la vieja escuela, sólo se mantiene una fortaleza construída en el siglo XVI y restaurada hace poco.

Llegar a Sagres, es como llegar al fin del mundo, una especie de finisterre del sur. Con acantilados que parecen no tener fin, un viento a ratos inclemente y por doquier personas de distintas nacionalidades con un solo propósito: llegar hasta el fin de la península ibérica, a la punta suroeste de Europa: el Cabo de San Vicente, que se yergue sobre el Océano Atlántico, a 75 metros de altura.

En Lagos conocí a una chica española que me anticipó que era difícil conseguir transporte al Cabo de San Vicente.

Llego a Sagres y voy a una parada de taxis, le preguntó al taxista cuánto cobra por llevarme al Cabo de San Vicente y esperarme hasta la puesta de sol. Me dice que 30 euros con espera, pero como su taxi es una Van con capacidad para 7 personas, me sugiere que junte a otras 6 personas le cobre a cada una 5 euros y así el viaje a mi me saldrá gratis. Pensé que sería difícil, pero en menos de cinco minutos he reclutados a 2 japonesas, 2 franceses un paquistaní y un ruso y vamos rumbo a San Vicente. Ya han llegado allí cientos de personas que buscan la mejor vista para esperar la puesta de sol, que es un espectáculo ¡impresionante! Y diría que por sí solo valió la pena los miles de kilómetros que cubrí de Antofagasta a Lisboa.

Parece que ese era mi día de suerte, los dos japoneses se encontraron con unos amigos y desistieron de hacer el regreso con nosotros. En su lugar subieron dos ingleses que querían ser trasladados hasta Lagos, por lo que el taxista me ofreció dejarme en Salema, sin costo.


Atractivos de Lagos


Lagos es una hermosa ciudad de unos 30 mil habitantes, y tiene una excelente comunicación vial, con todo el Algarve y con Lisboa. Además de su puerto deportivo donde constantemente hay competencias, ostenta preciosas playas ahí mismo en el área urbana, y un casco antiguo, rodeado de viejas murallas, que se conservan en excelente estado.

El paseo se inicia en la Plaza del Infante Don Henrique, conocido como Henrique el Navegante, frente a ella se encuentra una casa con soportales donde funcionó el primer mercado de esclavos de Europa. Felizmente, hoy lo que se exhibe no es la dignidad pisoteada de un ser humano, sino simplemente obras de artes, ya que el lugar está destinado a ese tipo de actividades.

Estrechas callejuelas de casas blancas, dan una idea bastante aproximada de cómo ha ido evolucionando la vida en esta zona, hace 50 años la presencia de turistas era tomada como una verdadera curiosidad. Sin embargo los primeros ingleses que vinieron volvieron al año siguiente y a partir de allí la llegada de ingleses es constante.

Pero además de ellos se ven muchos alemanes, franceses y españoles, que invariablemente dan cuenta que el nivel de vida acá en Portugal es más barato que España.

Yo les debo decir que a mí la Playa Salema me pareció preciosa, la mayoría de las casas están cerca del mar, las casas de los pescadores están en la primera línea de playa. Allí se puede alquilar sombrilla y tumbona, uno puede dejar sus cosas sin problema, ir a almorzar a algún chiringuito y cuando vuelve encuentra todo donde lo dejó. El agua, es un poquito helada, pero esto se compensa con el calor insoportable que hace en el verano. Lo mejor viene a la tarde, junto con la puesta del sol, la temperatura baja y todo el mundo se sienta a tomar una cerveza, Sagres por supuesto y a conversar tranquilamente, casí no se escucha en Salema, ruido de discotecas, sólo conversaciones por aquí y por allá y de repente una risa. La gente juega cartas, dominó o simplemente observa la hermosa noche, ¿Qué más se puede pedir a la vida?


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