Monterrey... una ciudad que jamás había pensado conocer.

Escribe: Emiliano_Oliveto
Este es mi primer diario de viaje, y como tal será, seguramente debido a mi inexperiencia, algo confuso o no del todo llevadero... pero trataré con mi relato de poder ayudar a otros viajeros y a la vez de plasmar en él un viaje que fue muy importante en mi vida.

 

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La partida

Ezeiza, Argentina — jueves, 4 de junio de 2009

Varios días antes de que partiese había reservado por medio de la web de LAN mis asientos. En todas las aeronaves elegí el mismo asiento el 37A,  salvo en el vuelo de vuelta desde MTY a Ciudad de México, debido a que el avión era un ERJ-145 y no
había fila 37, así que fue el 27A.

No recuerdo bien que tipo de metodología usé para la elección de los asientos, si quería obviamente estar al lado de una ventana. Fue una bastante aburrida ahora que lo pienso, podría haber elegido una ventana a la derecha también, de todas formas disfrute cada
vuelo como pocas cosas en mi vida.

El 3 de junio fue raro, pero raro lindo, mi último día de trabajo, armar la valija, la mochila con la notebook, fijarme que estuviese todo: dinero, tarjetas, pasaporte, tickets, etc. Me preocupaban los Havanna que Ana me había pedido que le llevara (los conocía por una prima que había viajado hacía unos años por aca), quería que llegaran lo más sanos
posibles.

Esa noche cené con mis mejores amigos, fue una comida para desearme suerte y que volviese entero, supongo que más allá de que fuese un viaje al exterior, aún más extraordinario era la circunstancia, como sea, me hicieron sentir muy querido y feliz.

A la madrugada del 4 hable por tel con Ana, estábamos nerviosamente contentos y fue raro despedirse sabiendo que en menos de 24 horas ibamos a estar juntos.

Me bañé, me cambié, traté de dormir algo pero no pude. Eran las 3 de la mañana, mi vuelo salía 8:45. Llamé a mis viejos (ellos me tenían que pasar a buscar para llevarme a EZE) y les dije que iba a ir para su casa porque no me bancaba más la espera.  Salimos de casa tipo 5 de la mañana, el viaje hasta el aeropuerto fue en silencio, estaba nervioso, pueda que ellos también o quizás un poco dormidos o las dos cosas.

Ya en EZE, lo primero que hice fue pagar 40 pesos para que envuelvan la valija con ese plástico que supuestamente ayuda a evitar que te hurten y que además sirve de seguro, aunque la letra chica te indica, llegado el caso, que te cubre y que no.

El trámite de migraciones y el check in también lo había hecho por la web de LAN, así que sólo me quedó entregar la valija ya envuelta y mostrarle mi notebook a la gente de aduana para que no tenga líos a mi regreso.

Mientras esperaba el llamado de mi vuelo, tomé con mis viejos un café con leche, tenía cero hambre de los nervios y tampoco me cayó muy bien, así que fui al baño por última vez en Argentina por los próximos 10 días.

Mi papá vio en las pantallas que ya estaban llamando para mi vuelo, así que subimos hasta donde estaba la puerta de ingreso a la zona de sólo pasajeros. Me despedí de ellos con fuertes abrazos y por supuesto mi mamá lloró un poco... en ese momento
tenía 29 años pero me sentí de 11.  Se me hizo un nudo en la garganta pero la emoción por lo que venía era demasiado fuerte y creo que en ese punto ya nada más me importaba.

Mi sonrisa era notoria, opacaba mi siempre cara palida y ojeras por haber dormido nada, había llegado casi la hora cero de mi partida.


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Últimos comentarios

didoberto dice:

Me ha encatado como narras, estoy interesadisimo sigo leyendo!!!!

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