Monterrey... una ciudad que jamás había pensado conocer.

Escribe: Emiliano_Oliveto
Este es mi primer diario de viaje, y como tal será, seguramente debido a mi inexperiencia, algo confuso o no del todo llevadero... pero trataré con mi relato de poder ayudar a otros viajeros y a la vez de plasmar en él un viaje que fue muy importante en mi vida.

 

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El primer embarque

Ezeiza, Argentina — jueves, 4 de junio de 2009

Fue otra sensación linda y rara (lo voy a seguir diciendo mucho) cruzar hacia la zona donde sólo estamos los pasajeros, era mi primera vez. Siempre había querido ser uno de ellos, muchas veces había ido a EZE pero siempre de acompañante.

Hice la fila correspondiente para que me sellen el pasaporte, pase por los controles y luego hacia la zona de free shop, donde encontré nada interesante o tan económico, aunque de todas formas no tenía intenciones de comprar. En todo caso a la vuelta pensé, y supeditado a como estuviese mi bolsillo, claro.

Terminé de hacer un vistazo general así que caminé hacia donde estaba mi puerta y me senté con el grupo de personas que se convertirían en mis primeros compañeros de vuelo.  Lo primero que vi, fue a una pareja de unos poco más de 30 años con dos nenes bastante molestos. Me los había cruzado cuando esperaba en migraciones y los pequeños se habían dedicado a desconectar de sus parantes todas esas cintas retráctiles cuya función es hacer, delimitar y darle forma a las filas.

Ya en la zona de espera volví a notar que el padre no le daba mucha bola a los nenes, delegando en la madre la tarea de cuidarlos y retarlos. Creo que él estaba sólo preocupado por su look, que, vale aclarar, estaba muy bien cuidado y moderno. Para describirlo lo mejor que se me ocurre es esto: era algo así como esos muchachos de entre 30 y 40 años que ves salir de un bar o resto tipo a las 3 y media de la tarde un martes, con cara de cero preocupación, informal y onerosamente vestido; y lo primero que se te cruza por la cabeza es: ¿de qué carajo vive este tipo?

Como no tenía otra cosa que hacer, porque prendí la notebook pero ninguna señal de wifi era gratuita (mi primera gran decepción.. si lo se, soy un iluso), seguí mirando a esta familia. Escuché a la madre, que estaba bastante buena por cierto y podría ser miembro del cast de Desesperate Housewifes,  retar por enésima vez sus hijos.  Su acento era peruano más no así el del que hacía de papá, que era argentino. Los nenes hablaban un híbrido de ambos, lo que los hacía más tiernos aunque rompían tanto los kinotos con sus corridas y gritos que eran varias las caras de fastidio entre quienes esperaban conmigo.

Llego el momento en que nos empezaron a llamar para abordar según el orden de cuánto habíamos pagado por el ticket de avión.  Se formó otra fila, luego otra y luego la mia. Fuimos pasando hacia la manga, luego al 767, me saludaron las azafatas y yo con cara de feliz cumpleaños, observando todo lo que podía, queriendo eternizarlo.

La gente de primera clase o no se si era business nos miraban pasar a los de turista con cara mezcla de: y bueno... e indiferencia. No pude dejar de recordar aquel chiste de Jerry Seinfeld donde según él, de vez en cuando la gente de primera clase, se asoma desde su sector, corre la cortina, y con la mirada dicen: si hubiesen trabajado más estarían con nosotros... si, bueno, Jerry lo cuenta mejor.

Pase al sector turista, y mi lugar estaba más lejos de lo que pensaba, en el esquema de la web de LAN no parecía tanto, debo ser malo con las escalas, en fin, lo mejor fue cuando llegué ¿A quién me encuentro ocupando los asientos contiguos al mio? A la pareja treintañera y sus dos retoños. Lindo viaje me esperaba.


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