Diarios de viaje > Etiopía, Africa
Del Omo al Turkana
Escribe: laurypalmer
Un mes en camión recorriendo desiertos y montañas, donde personas y paisajes tienen otra magnitud, donde uno mismo, yo misma, pierdo mi dimensión y mi identidad, convirtiéndome en nada en medio...
Del Omo al Turkana
Etiopía — lunes, 30 de abril de 2007
Salimos de Nairobi con la mochila en las espaldas y la sonrisa en el semblante, ambas nos acompañaron durante todo el viaje. Atrás fuimos dejando el bullicio de la ciudad y los colores de los mercados.
Nuestro primer objetivo era llegar a Omorate, población etíope, justo en la ribera del río Omo. Después de diez días por parajes inhóspitos, cruzando ríos de arena, sorteando las acacias de la sabana, conviviendo en poblados de gentes con miradas hostiles inicialmente pero que se iban suavizando al pasar las horas, llegamos a nuestro primer destino.
El calor era tan intenso que mantener los párpados abiertos resultaba un gran esfuerzo. La tarde, con la puesta del sol, trajo algo de brisa, risas de los niños y un intenso olor acre. La noche nos cubrió con millones de estrellas. Tierra y tierra, polvo y arena. Ya no hay ni pistas por las que pueda circular el camión.
Todo es inmenso y llano. La vista se nos pierde en el no-horizonte porque cielo y tierra tienen el mismo color. De vez en cuando, se distinguen rebaños de camellos o remolinos que dibujan perfectos conos invertidos. Seguimos nuestra ruta y visitamos algún poblado darsenech. En el Lago Seco, los hamer velan nuestro sueño a cambio de unos bidones de agua. Los konso se esconden cuando ven que estamos próximos a su territorio. En todo momento reinó el respeto y la certeza de saber que éramos extranjeros.
Fuimos observados con miradas atentas, casi descaradas y, en algún momento, fuimos, también, motivo de sus burlas. Finalmente nos adentramos en el Parque Nacional de Sibiloy, la nada más absoluta salpicada de piedras negras y restos fósiles, y allí notamos sobre nuestras cabezas el peso del firmamento, la confusión de ser.
Y, a nuestra derecha, surgiendo del vacío, El Mar de Jade, el Lago Turkana. Verde intenso y apacible. Sentados, en silencio, con la luna llena como testigo, contemplamos esa inmensa belleza, esa soledad infinita, tal como hiciera el diplomático británico, Justin Quayle, en El Jardinero Fiel.
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Últimos comentarios
caber dice:
Es impresionante ,no ? Yo la última vez que fui, fue hace 3 años y todabia pienso en las mujeres hamer con sus cuerpos untados de grasa rojiza, en las espaldas llenas de cicatrices hechas por motivos ceremoniales .El paisaje de la zona de Mago,el rio Omo ,sus gentes y sus creencias me llegaron al corazon. Saludos Ester
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larry6417 dice:
Imprecionante, me gusto mucho
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laurypalmer dice:
Muchas gracias a todos.
Me alegro os haya gustado.
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chilipeppers dice:
Muy buen relato, ya he leído algo más sobre tus viajes. Qué maravilla saber que hay tanta gente tan igual a nosotros y tan distinta a la vez.
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nomada54 dice:
Excelente relato, ya he tenido la suerte de leer otro relato sobre Mali y Burkina. Tienes que escribir un libro sobre tus viajes y asi compartir tus experiencias, algunas de la cuales he podido disfrutar contigo. Tengo la suerte de ser compañero de viaje y mejor que eso, amigo. Un beso Laura
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laurypalmer dice:
Ole, ole Vicente.
Muchos besos a ti.
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JOANVIAJERO dice:
Hola lauri, me acabas de dejar super loco, que fotos tan originales si tu eres asi me moriria por ti,tus fotos son espectaculares 1000 puntos para ti amor saludos y sigue enviando tus diarios hasta la proxima y te invito a ver mis diarios a ver que opinas ....
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armandomarena dice:
Laura que alli es donde te conoci y empece a dejar de fumar jejejejejeje, un besazo .
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jackief dice:
adore tu relato, como amo africa, puedo sentir exactamente que queres decir.
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nagore dice:
Hola! soy Nagore, quiero viajar a Nairobi el proximo me de marzo, lo hare sola. te aprece demasiado atrevido? gracias espero tu respuesta., un saludo!
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