Diarios de viaje > Estonia, Europa

En coche por Las Repúblicas Bálticas (3ª parte, Estonia)

Escribe: cn2mp
En coche por Las Repúblicas Bálticas (3ª parte, Estonia) Con este relato termino la aventura que nos supuso conocer las tres Repúblicas Bálticas. Siguiendo la secuencia temporal, abandonamos...

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
Capítulo 1
 

En coche por Las Repúblicas Bálticas (3ª parte, Estonia)

Estonia — jueves, 25 de enero de 2007

En coche por Las Repúblicas Bálticas (3ª parte, Estonia)

Con este relato termino la aventura que nos supuso conocer las tres Repúblicas Bálticas. Siguiendo la secuencia temporal, abandonamos Riga dirección a Tallín por la carretera de la costa, una carretera pequeña pero agradable al ir bordeando el mar Báltico. Llegamos al camping sobre las 5 de la tarde, es un camping pequeño, y no podemos considerarlo como tal ya que es una parcela entre naves comerciales pero con los aseos bien acondicionados. Cuando llegamos encontramos a la policía haciendo un atestado ya que a unos compatriotas le habían roto uno de los cristales de su autocaravana y les robaron algunas cosas. Comentaban que dejaron los CD y el navegador en la parte superior del salpicadero; cierto es que fue el único incidente de robo del que tuvimos noticias y bueno sería recordar una vez más que no se debe dejar nada de valor dentro del coche y a la vista. Al otro lado del camping había una feria "Olle sommer", decidimos ir a verla, y nos llevamos una sorpresa mayúscula porque en España las ferias duran toda la noche y ésta cerraba a las 12 de la noche además había que pagar una entrada, 125 coronas (1 euro=15'42 k) simplemente por entrar; una vez dentro había que pagar en las atracciones que cada uno quisiera montarse. Nos fuimos y pasamos de feria, dimos una vuelta por el paseo marítimo, vimos la puesta de sol, cenamos en los alrededores con buena cerveza y de vuelta a casa.

Al día siguiente comenzamos la visita recorriendo la ciudad antigua, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Sus plazas y callejuelas nos invitan a explorarla sin prisas, muchas de las calles no tienen salida así que no nos queda más remedio que volver sobre nuestros pasos, menos mal que el tiempo nos acompaña. En la colina de Toompea se encuentran las catedrales Alexandre Nevsky (ortodoxa) y Toomkirik (luterana), el Parlamento de Estonia enclavado en el castillo de Toompea y el Kiev-in-de-Kök, una torre construida en 1475. También se contempla una buena vista panorámica de la ciudad. Tallín tiene varios museos pero no entramos a ninguno, nos apetecía más pasear por sus callejuelas. Con respecto a los restaurantes nos aconsejaron ir al Olde Hansa, l@s camarer@s van vestidos al estilo de la Edad Media, la comida tradicional es la de esa época y la carta la tienen en varios idiomas incluido el español. No está mal pero es bastante caro, se paga más por la puesta en escena que por la comida en sí, tanto es así que no recuerdo ni lo que comimos. Enfrente se encuentra otro restaurante similar, el Peppersack, pero con uno tuvimos suficiente, no nos quedaron ganas de ir a otro restaurante medieval.

Aquí finaliza la primera parte de nuestro periplo en Estonia. Y digo bien porque a media tarde del viernes, después de dejar nuestro coche en un parking público vigilado y con la información que volveríamos a los diez días, nos encaminamos con nuestra maleta hacia el puerto de Tallín donde en uno de los fast ferries de las muchas navieras que allí operan nos fuimos a Helsinki. Habíamos quedado con una pareja de amigos finlandeses, que conocemos de la radio, para visitar St. Petersburgo; pasamos el fin de semana en su casa y el lunes a primera hora nos encaminamos a la estación de ferrocarril de la capital finlandesa con rumbo a St. Petersburgo. Entre paréntesis diré que el viaje es precioso y aunque no sea asunto de este diario de viaje, atravesar la Karelia finlandesa fue un espectáculo. Estuvimos cuatro días en St. Petersburgo y nuestros amigos volvieron a su país. El jueves por la noche y en el tren nocturno Flecha Roja (en coche cama) nos fuimos a Moscú, en un viaje de 8 horas aproximadamente. El lunes por la mañana, después de una apasionante visita a las dos capitales rusas tomamos un vuelo a Tallín; de las medidas de seguridad en el aeropuerto de Moscú ni lo cuento porque a buen seguro os lo podreís imaginar.

Una vez en el aeropuerto de Tallin, en taxi nos dirigimos al aparcamiento para recoger nuestro coche. Buscamos otro camping que nos habían informado pero fue infructuosa la búsqueda así que volvimos al camping-solar de la primera parte, sin mayor importancia porque simplemente lo utilizaríamos para dormir aquella noche. Salimos bien temprano camino de la isla de Saaremaa, tras una agradable travesía desembarcamos y nos dirigimos hacia Angla, donde hay unos molinos de viento de madera muy antiguos, de allí a Karjakirik, a visitar una iglesia con unas extrañas pinturas en el techo, sin ninguna otra cosa digna de mención y continuamos la ruta hasta llegar a Kaali, allí pudimos ver varios cráteres producido por meteoritos, el más grande tiene 110 metros de diámetro y 22 de profundidad. Después de este recorrido buscamos un camping que nos habían aconsejado en la playa de Mandjala en Kuressaare, el peor camping de todo el itinerario, eso sí en un entorno precioso, los servicios de pena, sin espejos, perchas o repisas, el agua caliente clausurada, las duchas con llave, y cada vez que se entraba al camping había que pagar 25 k (1'5 euros), entraras una o cuatro veces al día. Montamos la tienda y nos fuimos a la capital, paseamos por las murallas de la fortaleza de Linnus y cenamos en un pequeño restaurante. Amanece lloviendo y así lo hizo durante horas, tuvimos que desmontar cuando la lluvia era menos intensa, pero un desastre con todo mojado. Esta es una de las desventajas de hacer camping con tienda. Ya con todo recogido dirección al lago Karujarve, muchos árboles y absoluta tranquilidad, de allí hacia el norte (no hay carretera sino pistas) y vuelta nuevamente hacia el sur.

En Tehumardi hay unas tumbas y un monumento a los muertos de una batalla que hubo allí durante la Segunda Guerra Mundial, después directamente al sur, a Sääre donde hay 3 casas y un faro, comimos allí y en Montu a las 6 de la tarde cogimos el barco hacia Ventspils en Letonia. De Saaremaa debo decir que es una isla preciosa y que durante la segunda guerra mundial fue usada como base naval soviética. Finalizada la gran guerra, los rusos hicieron una gigantesca base, deportando a toda su población y prohibiendo la pesca; llegaron incluso a dinamitar sus roquedos y envenenar las aguas para disuadir a los pescadores estonios. Afortunadamente, la madre naturaleza ha recuperado una vez más otro trozo de este bendito planeta para el disfrute de los que lo habitamos. En esta isla dimos por concluido nuestro recorrido por Estonia, la más turística y cara de las tres Repúblicas muy influenciada por sus vecinos los finlandeses.

Publicado el 25/ene/2007, 12.31
Modificado el 10/feb/2010, 12.54
Leído 10576 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

Capítulo 1
 
 


Últimos comentarios

Astur7 dice:
Ya casi me pongo a preparar la mochila.....
Publicado el 11/dic/2009, 08.58 

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario

  • 1

    En coche por Las Repúblicas Bálticas (3ª parte, Estonia)

    Estonia | 25 de enero de 2007