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Malvinas, una semana en Stanley

Escribe: Estebanvg
Viaje a Puerto Stanley en diciembre de 2007. Siete días en la pequeña y extraña ciudad inglesa clavada en las Islas. Llegué a Stanley. Esperar el avión fue raro, abordarlo fue raro, sentarme al lado de una inglesa y su hijito de un año que no paraba de gritar y llorar in english.

 

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Darwin

Establecimiento Darwin, Islas Malvinas — miércoles, 12 de diciembre de 2007

Darwin. Vale la pena ver una foto del cementerio porque ahí esta todo, más claro que con cualquiera de las palabras que voy a escribir en adelante. La imagen es mucho más poderosa de lo que yo pueda contar. La soledad, la lejanía, la tristeza, el dolor y lo agresivo del marco.

El viento no deja de soplar un sólo segundo. Todo se sacude estando ahí, todo. Más de veinte placas de mármol tienen grabados los nombres de los muertos. No están todos. Además de la enorme cantidad de suicidados, casi tantos como los caídos acá, faltan nombres de chicos muertos en la guerra. Vaya uno a saber por qué. En realidad basta con repasar la historia del nacimiento del cementerio. Las autoridades británicas de las islas avisaron al gobierno de facto argentino, en la primavera del 82, que la nieve se estaba derritiendo y cantidad de cuerpos estaban apareciendo.

Desde el continente les respondieron que podían hacerse cargo de los entierros pero que se reservaban el derecho de requerir la repatriación en cualquier momento. Por supuesto que jamás lo hicieron y así se construyó el primer cementerio. Muchos años después, en 1999, la Comisión Argentina de Familiares de Caídos logró obtener el permiso para hacerse cargo de reconstruir y mantener el cementerio.

Anoche no pude dormir bien, estaba nervioso y cierta tendencia a creer que siempre habrá un problema me impidió estar tranquilo hasta que no conocí a todos los veteranos, me senté en el pequeño micro y arrancamos. Cuando llegué por la mañana a Shorty y empezaron a salir de sus piezas me fui calmando. Todos tuvieron la mejor de las predisposiciones conmigo, fuimos al supermercado y compramos algunos víveres por si el viaje se extendía más allá de lo previsto.

El micro llegó a las 9.59, puntualidad británica le dicen, y arrancamos. Salimos de la ciudad por la ruta de ripio ladeada por campos minados que lleva a Mount Pleasant, la base militar que se usa además como aeropuerto internacional. Confirmé la idea que tuve el día que llegué. Es inmensa. El único cine de las islas está ahí, además tienen bares, mercados, restaurantes. Una ciudad militar que Inglaterra sostiene acá, a centímetros del fin del mundo. Pasamos la base y seguimos camino a Darwin, separado de Stanley por cerca de dos horas de viaje.

Desde muy lejos se ven las cruces blancas. Una imagen fuerte. El paisaje es monótono, algunos lagos y el resto es piedra, tierra, ovejas y pastos amarillentos. De pronto aparece esa mancha blanca que al avanzar se va deshaciendo en una cruz grande y cantidad de cruces más chicas. Nos acercamos en silencio, los ruidos de las piedras del camino pegando contra el chasis del micro se escucharon sólo en esos últimos metros.

Fuimos bajando lento. Yo me alejé un poco del grupo, entendí que estaban viviendo algo en lo que yo no participaba y ver a algunos de esos hombres llorando desconsolados fue tremendo. Se sostenían uno con otro, lloraban y se abrazaban apretándose fuerte. Otros caminaban solos, otros rezaban arrodillados frente a las tumbas que tienen el perturbador mármol que dice: "Soldado argentino sólo conocido por dios". Hay muchas tumbas con nombre y apellido pero muchas también con esa frase. Cuentan que cuando llegó el primer grupo de familiares de caídos una de las madres preguntó cuál era su hijo, otra le contestó que todos y esa pequeña historia, con mucho sabor a lugar común, relatada en medio de ese desolador terreno fue conmovedora.

Uno de los veteranos dejó su gorra en una de estas tumbas sin nombre, me dijo que era la de un compañero suyo que no figuraba en los mármoles. Se quedó un rato arrodillado y al irnos tuvo que llevársela. Nada ajeno al cementerio puede dejarse en él. Mucho menos si es celeste y blanco. Hay un espacio preparado para ubicar una imagen de la virgen de Luján pero está esperando que el gobierno argentino termine de solucionar el tema del manto. Iban a hacerlo todo blanco y después mandarlo pero parece que aun no ha llegado el momento. Mientras el presidente ejerce una tan tonta como vana presión dialéctica por la soberanía este pequeño espacio argentino en las islas está incompleto.

Se sacaron una foto todos juntos con sus remeras del grupo de veteranos, otros con camisetas argentinas y uno con una de Independiente. Lentamente nos fuimos alejando. Cada uno se llevó algunas piedras, un manojo de tierra. Bastaba con acercarse y escucharlos para notar que hay mil historias ahí. Uno se fotografiaba señalando uno de los nombres de la lista. Me contó que estaba con él cuando lo mataron, junto a la cocina. Otro me decía que lo había emocionado mi interés por el tema por el hecho de que haya gente que fuera del círculo de los veteranos se sienta cercano a esto.

"Pero no por nosotros, por ellos", dijo señalando a las cruces. De acuerdo a las patologías con las que cada uno de nosotros tenga que lidiar a diario nos resultarán más cercanos o más lejanos los dramas ajenos. Algunos diremos más y otros menos eso de: "Pudo pasarme a mi". Ahora, si estamos los dos parados al lado de una cocina y una bala te revienta el cerebro a vos, sin dudas pude ser yo.

Al regresar paramos unos minutos en Goose Green. Un pequeño poblado conformado por siete u ocho casas y un par de galpones de esquila. Ahí todavía se lee POW escrito sobre las puertas de estos lugares que fueron centros donde se juntaba a los prisioneros de guerra, de ahí la sigla en inglés.

Volvíamos al micro y sabía que el viaje estaba cumplido. Vine hasta acá para descubrir que vine hasta acá para esto. Ya está hecho. No sé bien lo que es, no sé bien por qué tuve tantas ganas de enterrarme un poco en esta historia pero lo quise hacer y lo hice. Las casualidades me ayudaron y el entorno se dio como para que todo cuadre. Cerré un círculo. Quedan un par de días y algunas cosas turísticas por hacer pero lo principal está concluido.

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