Argentina

Escribe: dgdb
Al fin!!! llegamos, no se muy bien porque, pero ya habia ganas de entrar al pais y conocerlo, caminarlo, olerlo, sentirlo..... ya un añito y medio fuera de casa y a ver que nos depara el destino.

 

   Enviar a un amigo   

 
1 ... 23 Capítulo 25 27 ... 146

Parque Los Alerces

Esquel, Argentina — sábado, 7 de mayo de 2011

A las 07.00 de la mañanita arriba, preparar las mochilas y a desayunar antes de que Ricardo apareciera para hacer la mudanza. Llevamos todo a su casa y nos fuimos en su camioneta hasta el puerto donde embarcaríamos (a una hora larga de Esquel) ya que si lo hacíamos en transporte público, es fácil que no llegáramos a tiempo y los tours que te llevan hasta allí andaban cerca de los 100 pesos por cabeza.
 
Lo único malo del día es que se puso malo de narices, viento, lluvia y frio, pero la excursión solo la había hoy, la próxima estaba programada para dentro de 10 días, ya que es temporada baja y no hay mucha demanda.
 
Caminamos hasta el puerto Chucao (dentro del parque Los Alerces) por un sendero de 1,5 km aproximados con un día desfavorable. Por suerte nos ahorramos el pago de ingreso al parque, porque “solo” cobran 50 pesos al extranjero desde antes de verano y hasta semana santa, así que dimos con buena temporada, pero el día menos indicado.
 
Ya en el puerto se presentó otro dilema, si el barco salía o no, ya que había demasiado viento y hasta después de media hora no confirmaron la salida. Embarcamos en un bote bastante destartalado en comparación a otros, y creo que poco acorde para el precio que cobran, 195 pesos por persona (156 con ISIC). La jugada ya estaba hecha y ahora teníamos una hora y algo hasta el puerto donde desembarcaríamos. Lo mejor del viaje de ida fue el regalo que la naturaleza ofreció a nuestras retinas. Para mí y creo que para varios, la primera vez que veo un arcoíris tan cerca y COMPLETO, saliendo detrás de la densa vegetación y muriendo en el lago a escasos metros de nosotros, inolvidable.
 
Bueno, el parque tiene unas 263.000 hectáreas y es zona intangible, debido a las especies tanto de fauna, como de flora que alberga. Además de lo natural (como cualquier parque, hay algunas zonas con hosterías y camping para el que lo desea, pero está claro que la época buena es en verano y así poder disfrutar de su veintena de senderos, sus 14 lagos y sus glaciares, el Torrecilla como principal. Hoy nosotros solo haríamos un paseo de un par de horas por la una zona denominada la Selva Valdiviana y contemplaríamos los ejemplares de alerces milenarios, entre ellos uno que se calcula de 2.600 años. Este no es el único de esa edad, ya que hay zonas del parque que están cerradas al turismo para conservarlo adecuadamente y se sabe que hay ejemplares que pasan los 3000 años de antigüedad, así que no es tontería lo de los arbolitos.
 
El paseo no estuvo mal, lo peor era la lluvia que nos acompañó durante casi todo el trayecto incomodando el paseo por barro, escaleras resbaladizas (en no muy buen estado) y esas cosillas, pero el paisaje es digno de recordar rodeados de vegetación densa, hongos y arboles que podían sobrepasar los 60 metros fácilmente. No me esperaba encontrar lo que vi, pero por un momento me sentía en Asia rodeado de tanta caña colihue (muy parecida al Bambú).
 
El final del trayecto fue la visita al abuelo, el arbolito de 2600 años y admirar su diámetro, altura y sabiduría, ya que con esos años se las tiene que saber todas.
 
Desde ahí al barco a ponernos a resguardo de la lluvia y otra vez a deshacer el camino anteriormente hecho a través del Lago Menéndez, el más grande de los 14. Fue salir de ahí y el día comenzar a abrirse, ver el cielo azul y con él, descubrir el glaciar Torrecilla, que antes no podíamos divisar.
 
El retorno fue otra aventura, porque como conocimos a unos argentinos con vehículo propio, nos acercaron hasta la entrada del parque, porque el bus que pasaba por ahí no llegaba hasta dentro de dos horas y aun así no había cobertura con el teléfono, por lo que vimos mejor opción ir con ellos hasta la entrada del parque y ahí esperar al bus a reguardo en alguna cabañita.
 
Al llegar allí, nos despedimos del matrimonio y nos encontramos que estaba todo cerrado y no teníamos donde meternos. Me acerqué a llamar a la casa del guarda y este me dio dos opciones, o caminar 10 km hasta el cruce (que ni de coña) o esperar al bus un par de horas aproximadas. Optamos por la segunda y de mientras hacíamos dedo a ver si había suerte, pero no paraba nadie. Se conoce que le dimos pena el guarda parques que salió a abrirnos una garita (hacia un frio del carajo) y nos dijo donde era el único lugar donde tener cobertura en el teléfono para dar una llamada a Ricardo para que viniera a por nosotros.
 
Por suerte teníamos los últimos 3 pesos en el teléfono para la llamada de emergencia y justo se acabaron después de esta, así que por poco no nos quedamos ahí a esperar al bus.
 
Cuando apareció Ricardo, nos acercamos a una carnicería del pueblo para comprar una piernita de cordero y probar el cordero patagónico a la hogareña. Ya en casita una ducha para entrar en calor, una buena cena y sobre mesa hasta las mil de la noche.


Publicado
Modificado
Leído 896 veces

    Enviar a un amigo

1 ... 23 Capítulo 25 27 ... 146
 
 


Capítulos de este diario