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Esquel - Trevelin - El Bolsón - Villa La Angostura - Bariloche en dos semanas

Escribe: leoparadiso
Un recorrido por la región de algunos de los lagos, bosques, montañas y parques nacionales más hermosos de Argentina. Tradición galesa y mapuche, un maravilloso tren turístico, naturaleza, trekking, cultura y contracultura, contrastes sociales: todo se fundió en una experiencia maravillosa que ahora, por fin, después de nueve meses de sosegada digestión, quiero relatarles.

 

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Al fin: La Patagonia infinita

Esquel, Argentina — lunes, 7 de marzo de 2011

Y después de más de veinte horas arriba del Via Bariloche que, dicho sea de paso, nos hizo el largo viaje desde Luján, provincia de Buenos Aires, más llevadero con la comodidad de sus butacas y las viandas que ofrecen, mi novia y yo llegamos a la terminal de San Carlos de Bariloche. A pesar del cansancio, empujados por la fuerza motivadora del viaje por delante y de las montañas perfiladas altivas en el horizonte, sacamos el boleto para continuar el tramo de tres horas hasta Esquel. Una hora de espera hasta la salida.
Charla, vueltas sin rumbo para estirar las piernas, consideraciones acerca de la conveniencia de haber sacado pasajes de avión antes de que se agoten los asientos como finalmente pasó (sacando con dos o tres meses de antelación, no hay mucha diferencia económica entre el bus y el avión). Al fin subimos al colectivo, asientos separados porque quedaban pocos lugares (muy cómodo el transporte, vía Bariloche también, $60 por persona). Tuve la suerte de conocer a un cuarentón alemán muy viajado con el que, además de aceitar el inglés, intercambiamos infinitas experiencias viajeras y vitales en general. No recuerdo su nombre, pero no importa: lo recuerdo a él, y eso es lo que cuenta.
El tramo hasta Esquel se hizo muy llevadero; los paisajes ayudan: de un lado la estepa, del otro, nada menos que los Andes; por momentos, cordones montañosos a ambos lados del camino. De hecho, Esquel se encuentra enclavada entre dos cadenas montañosas. Apenas llegados a destino, saludamos al alemán (con quien me volvería a encontrar curiosamente varias veces, tanto en Esquel como en el Bolsón) y un taxi nos acercó al hotel, que al final no estaba lejos, unas diez cuadras de la terminal (Hotel Tehuelche, muy céntrico), pero la ciudad era desconocida y llevábamos peso y hacía un calor importante.
Nos acomodamos en la habitación, agradable por cierto, con vista a las montañas. El servicio resultó ser muy confortable, el desayuno abundante, la limpieza impecable. Lo habíamos contratado por Despegar.com, habitación matrimonial, menos de $200 la noche en cuotas. Bueno, Esquel… Vayamos por partes. Permanecimos allí 5 noches, una más de lo previsto. La verdad, vale la pena. La ciudad: modesta, apacible, acogedora, con esa sencillez cálida de lo que se sabe inolvidable. El centro lleno de negocios, de vida, de juventud, de turistas tradicionales, de trekkineros sedientos de aventura y dolor de piernas, de restaurantes de todos los precios y gustos. Las afueras son, si se quiere, melancólicas, con esa melancolía humilde y rural de la Patagonia remota: ranchos, calles de tierra, caballos, niños jugando en la calle como hace tiempo no veía. Seguramente carencias. Una mirada “poética” para aquel que no padece esa pobreza tranquila, sin pretensiones, arraigada a la tierra.
En fin, la ciudad no valdría la visita si no fuera por los alrededores mágicos, pero esos alrededores la convierten en un lugar entrañable y en una base perfecta para unos cuantos días. Cerca de la ciudad, para ir a pie inclusive (una hora de caminata por camino de tierra) o en bici mejor aún, está la laguna La Zeta. Vale la pena acercarse. Una laguna que parece salida de la llanura pampeana, con juncos y todo, pero con un exquisito fondo de montañas. En la info de turismo de la avenida principal van a saber guiarlos; de hecho, les van a recomendar que vayan si andan con tiempo. Expreso Patagónico “La Trochita”: toda una experiencia el trencito este. Dan ganas de llevárselo a casa, pero no, su lugar es la estepa, su amor las montañas que nunca pierde de vista, y uno se lo lleva, pero en el recuerdo. Y en el corazón. Eso se los garantizo. Los pasajes se sacan en cualquier agencia de turismo de la avenida principal. Es conveniente sacarlos apenas llegan, para no correr el riesgo de quedarse con las ganas. No recuerdo el precio exacto (ese es el problema de digerir tanto un viaje), pero les aseguro que no es caro, está lejos de superar los $100 por persona.
Durante temporada alta transita sus vías dos veces al día; en marzo, cuando fuimos nosotros, lo hacía sólo una vez, por la mañana, temprano, a las 9. El recorrido es hasta Nahuel Pan, ni siquiera un pueblo; más bien una excusa que el tren puso a su paso cuando viajaba hasta Jacobacci, antes de que lo amputara el menemismo y lo dejara llegar sólo hasta Nahuel Pan. Allí no hay mucho: un centro de artesanías atendido por mapuches, baños, talleres. Pero lo importante no es llegar, lo que importa es el camino: ahí reside el valor de la experiencia trochinera.
Además de viajar hacia delante en el espacio, parece que viajaramos hacia atrás en el tiempo, hacia 1900. La locomotora pita, exhala su mágico humo negro, da vistas impresionantes de la estepa, de las montañas, de algún que otro peñasco y, por qué no, de alguna fauna: en nuestro caso, muchas liebres y una mara. Arriba, la guía cuenta la historia, mucha historia, que no se hace pesada. Se agradecen los datos. Parque Nacional Los Alerces: Sin palabras. Bueno, sí, algunas, para contarles, pero no esperen descripciones, porque son imposibles. Eso hay que verlo y no hay que tener miedo de enamorarse, porque se van a enamorar y no van a querer irse nunca más.
En principio, si van, no vayan un día: se van a quedar con sensación de querer matarse (no lo hagan). Traten de ir al menos dos, pero les aviso que si les gusta mucho la naturaleza, el verde, las montañas, el senderismo… da para todos los días que puedan. De hecho, yo planeo volver dos semanas nada más que al parque, a degustarlo tranquilo, sin prisas. Mi hermano (un extremista tal vez) en cada ocasión que va, se queda un mes con la carpa, y siempre vuelve con ganas de más, nunca es suficiente. Primero lo primero. Cobran la entrada al Parque (barata, costo diferencial -pero no abusivo-  para extranjeros). La entrada se puede reutilizar al día siguiente si es que salen y no se quedan a acampar. Pueden ir, claro está, en auto. También pueden ir en colectivo. Desde la terminal de Esquel salen servicios que recorren el camino principal del parque, todo a lo largo de él, pasando por los principales intereses y campings, y luego el cole sigue hacia Cholila, hasta Lago Puelo, y regresa por el mismo camino al final del día. En verano tiene varios servicios diarios.
Las primeras dos semanas de marzo, un solo servicio por día. De la segunda mitad de marzo en adelante, un servicio tres días a la semana. Y en invierno no hay servicios. Llegar al parque en cole demora hora y media, pero el camino es un atractivo en sí mismo. Se sale a la mañana, pasadas las 8. Lo primero que deben hacer es ir a la Administración del parque, la primer parada del cole. Allí les dan mapas con senderos, atractivos y campings. Yo fui, como dije, dos días. Lo imperdible que hice: sendero Cinco Saltos, sendero Mirador del Lago Verde, la pasarela y el sendero que continúa tras ella. Lo imperdible que no hice (mucho, por eso digo que se necesitan varios días, sobre todo para hacerlo tranquilo, no a las apuradas): sendero Cerro Dedal, lago y río Rivadavia, y sendero al Lago Kruger (este sendero requiere un día para ir y otro para volver, y es obligatorio llevar calentador y carpa).

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Últimos comentarios

carlitos_niblles dice:
Voy. Buscarlo en el mapa.. Genial q sigan trabajando esas locomotoras.. Saludos..
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leoparadiso dice:
Saludos! Espero que te haya servido de algo la info. Que la pases muy bien y a disfrutar de la Patagonia, que por suerte es nuestra!
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elnegrodaniel dice:
hola excelente diario, en el 2010 viaje con el auto y dos amigos por la patagonia,de cordillera hasta el oceano, fueron 6000 klms. de pura naturaleza y personas que nunca voy a olvidar saludos !!!
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leoparadiso dice:
6000 son muchos kilómetros! Imagino que debe haber sido una experiencia inolvidable: amigos, ruta, Patagonia... ¿Qué más se puede pedir? Saludos, gracias por leer!
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