Para ser nuestra última noche en los carros, debería darme alegría de terminar, pero la verdad es que me quedó pena de compartir otra día con Julian en su refugio. Después de despedirnos de Jordi y Christoph y del propio Julian, nos encaminamos hacia la meta. Fue una jornada de lo más suave, sin ser que el Circulo de Saboredo no está muy bien señalizado y estuvimos dando un par de vueltas hasta que volvimos a coger el camino correcto. El resto del día fue todo bajada hasta llegar al refugio de Ernest Mallafré, nuestra destino final.
Todavía no nos lo creíamos, sobre todo cuando hace un año hablamos de participar en esta prueba, no pensábamos que nuestras piernas aguantaran tantos días seguidos, exigiendo de ellas todo lo que nos pudieran dar, sobre todo con mi lesión de rodilla, que por lo que se ve, estoy totalmente recuperado.
Y encima, antes de llegar al refugio de Atmiges nos encontramos con el cuarteto de extranjeros con los que compartimos cena en Estany Llong, lo cual fue una alegría encontrarnos de nuevo, estuvimos charlando un poco sobre como nos iba a cada uno y nos sacamos una foto en grupo que espero que nos envíen por mail cuando lleguen a su casa.
Nos paramos en Amitges para sellar nuestros Forfaits y desayunar con todo el tiempo del mundo y poner como no, una de nuestras pegatinas en un sitio privilegiado. Teníamos la meta al alcance de la mano, solo nos quedaban una hora y media como mucho, pero claro, también teníamos que buscar un par de caches en la zona.
Una vez que llegamos al final y sellamos nuestro último sello, fue un momento muy gratificante, sobre todo cuando hablamos con algunos participantes que todavía les quedaban algunas jornadas o incluso iban a empezar y verles las caras de sana envidia. Se te sube un orgullo increíble, te sientes genial, no es que te sientas mejor que nadie, pero fue y es una sensación inmejorable. Creo que ha sido una experiencia que nos ha cambiado algo dentro de nosotros, no se, viendo las primeras fotos y las últimas, me veo diferente y no lo digo sólo por los kilos de menos, sino por el enriquecimiento que nos aporta este tipo de aventuras.
Conclusiones
Cuando volvimos a Espot, al Hotel Roca Blanca con la ilusión de darnos una buena ducha y dormir en una buena cama y los dueños nos obsequiaron con una cerveza, detalle que mientras nos las tomábamos en su jardín nos llegó al alma, de verdad, una vez más, gracias.
Luego fuimos a la tienda para presentar nuestros Forfaits completos y recibimos nuestras camisetas oficiales de los Carros de Foc, para luego darnos un homenaje en el restaurante del Hotel Roya, que tanto el señor de Zaragoza con el estuvimos en el refugio de Colomina como el dueño del Hotel Roca Blanca nos recomendaron y la verdad es que no nos engañaban al recomendarlo. Ambiente agradable y "el cordero a la pizarra" insuperable, sobre todo la presentación.
Ya sólo nos quedaba volver al día siguiente rumbo a Barcelona para tomar el avión, pero por el camino practicamos algo de geocaching como no, visitando el pequeño pueblo de Prullans.
Queremos dar un enorme saludo a todas las personas con las en mayor o menor medida hemos compartido esta magnífica experiencia.
Para mayor información podéis visitar www.desinquieto.com