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Marruecos inolvidable

Escribe: Mu
La primera vez que visité el país siempre se quedará en mi memoria, me acompañará en el futuro....y nunca me cansaré de cruzar sus montañas, hundir mis pies en su arena, y ver la puesta de sol en el atlántico.

 

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El desierto

Erg Chebbi, Marruecos — sábado, 22 de agosto de 2009

Y por fin llegamos al desierto. Después de extensos palmerales y aridas extensiones de tierra, donde el horizonte ni se percibe, Rissani nos da la bienvenida a un nuevo territorio.. Dejamos Rissani y su mercado de animales, sus arcadas y sus mujeres vestidas de negro, para ir en búsqueda del tostado desierto de Erg Chebbi. Sus dunas de fina arena que pasa del amarillo al naranja a plena luz del día, se vuelve rojizo, suavemente tostado, en los dos momentos de la jornada en que se vuelve más bello: el anochecer y el amanecer. En estos momentos el corazón se te para y te cuesta respirar….es la impresión de sentirte pequeño e insignificante, aunque reconfortado y afortunado por ser parte de un todo que existe en todas partes, en cualquier lado…..
 
Y por la noche, después de una excursión a camellos, la pasamos en el medio del desierto, en unas tiendas nómadas. Me acuerdo que iba con unas amigas, y una de ellas, a la hora de irnos a dormir, cuando estábamos tumbadas haciendo vivac, me dijo “oye, no puedo ni dormir, estoy tan sobreestimulada bajo este manto de estrellas, e intentando encontrar mi estrella fugaz, que no puedo ni cerrar los ojos”. Inevitablemente me hizo reír, aunque tenía razón. Un millón de estrellas, una nebulosa brillante cubría el cielo y era imposible no caer bajo su hechizo.
 
Nos despertamos con la primera luz, minutos antes de que el sol apareciera entre las dunas. Subimos a la cima de una de ellas, de la gran duna, con trabajosa dificultad, pues el pie se te hunde a cada paso, para ver salir el sol…..una maravilla. Luego volvimos de nuevo a la zona poblada a lomos de nuestros dromedarios (ya les habíamos puesto nombre y todo) y proseguimos nuestro recorrido para explorar la zona. Los negros Khamlia ataviados de puro blanco y moviéndose al ritmo de su música Gnawa, con su amabilidad y su deliciosa comida (todas coincidimos que la mejor comida de todo el viaje la probamos allí); y el delicioso te con menta de una familia de nómadas, así como el miraje del lago temporal de Sji, poblado de pelícanos y aves de todo tipo, y con pequeños juncos a sus orillas. Que mejor que celebrar aquella concentración de agua con otra danza más!
 
Volvimos a nuestro punto de inicio, Marrakech, pasando por un pueblo del Alto Atlas, Agoudal, en la sencilla posada del señor Ibrahim, y con el cariño de dos niños, Driss y Mohammed, que nos acompañaron a visitar este pequeño pueblo sin farolas. Acabamos un viaje medianamente caluroso en este frío pueblo de cálidas personas, comiendo un tajine y jugando a cartas.
 
Me entra la melancolía sólo con recordar este viaje. Y lo he repetido otras veces, aunque con otras personas y en otro momento, y todas las veces fueron especiales, por las personas que me acompañaban pero también por la magia de este país que nunca dejaré de amar.

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Últimos comentarios

un viajero dice:
Estupendo diario, Mu.
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Mu dice:
Gracias Xavi!
creo que si lo volviera a hacer lo haria mucho mucho mejor.... pero tenia miedo que fuera demasiado largo....hay tantas cosas que me dejé de poner!

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CAMIDERM dice:
No faltó ni sobró nada Mu, es maravilloso. Saludos
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Mu dice:
Muchisimas gracias Camilo! me has hecho sonrojar. Me alegro que lo hayas disfrutado. Aunque creo que falta todavía más cosas para poner
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