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Crónicas mediterráneas.

Escribe: Joakita
Sensaciones durante una estancia de un mes en Malta, realizando un curso intensivo de inglés, a costa de tener que pedir semanas sin sueldo en mi trabajo... CRÓNICAS MEDITERRÁNEAS: Cumpleaños de Anica, 26 abril de 2010...

 

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Crónicas mediterráneas 1, 2 y 3

Elche, España — domingo, 2 de abril de 2006

CRÓNICAS MEDITERRÁNEAS: La salida. 2 de abril de 2010
Llegó el momento de hacer realidad esta nueva aventura que, hasta el momento, era papeleo, trasiego de correos electrónicos y búsquedas, ah, claro, y pagos diferentes. Cuando empecé a idear en mi cabeza la posibilidad de volver a hacer una gran escapada, con la escusa de hacer un curso de idiomas, Malta no estaba en mis planes, por razones diversas. Tenía clara la inmersión total, por lo que la idea de ir a Hemel Hempstead, con mis hermanicos, quedó descartada desde el principio. Y ahí empezó el rosario de sitios a los que me iba: Edimburgo y Dublín me atraían, pero debía alojarme con una familia; aparecieron entonces Liverpool, Bristol y, sobre todo, Manchester. Hasta que alguien me habló de Malta. Y, a partir de ahí, empezó a aparecer Malta hasta en al sopa. Incluso me lo aconsejaron desde la agencia gestora. Y un día de estos de principios de marzo, que hizo un frío del copín, decidí que no iba a Inglaterra ni a tiros...

Y aquí me encuentro, intentando todo el santo Viernes Santo, (bonita redundancia), intentando hacer un tetris con las dichosas maletas, para que quepa todo lo que quiero llevar y no sobrepasen el máximo de peso exigido. Pero no hay “tu tía”. Saco, meto, vuelvo a sacar, vuelvo a meter, descarto un par de cosas, vuelvo a encajar, saco de nuevo, meto de nuevo, y así todo el día. Hasta que me canso, peso la maletita de marras: 15 kg. Perfecto y justico, justico.

Mi amiguica Maríajosé se ofreció a llevarme al Altet, y me despido de ella, después de unas risas. Embarco sin problemas, pero sucede algo en otro avión cuando aterrizaba, y nos toca esperar sobre hora y media antes de despegar, pero metidicos en el avión. Yo empiezo a cabecear y no me entero.

Al llegar a madrid, lo hacemos en la T4S, o sea, en el satélite, así que hay que coger un tren para llegar a la T4. Y allí, llegar al “recogemaletas” y esperar unos 20 minutos a que salgan. Así que no paro de pensar en lo bien que lo hice al cambiar la salida desde Alicante, y es que, claro, soy listica...

Busco la parada del autobús que me llevaría al hotel, pero me dicen que, claro, debo llamar al hotel, para, eso, que sepan que he llegado. Pero con el retraso y el cansancio vital y corporal que llevo, me digo a mí misma que no, que mientras vienen y vamos, me voy en taxi, para seguir en la línea de gastarme las perricas, para no dejarlas de herencia a los sobrinos...

Total, que llego al monstruo- hotel, enorme, bestial, con necesidad de plano para moverte, y me voy al único bar abierto. Me dan la carta, para comer algo y, jooooooodeeeeeeerrrrr, con esto sí que no puedo: 10,30 euros un sándwich mixto¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Decido tomarme una cerveza, que cuesta 3 euros, y total, me voy a dormir... Y me ponen la cerveza, con unos panchitos y unas patatitas, mira por donde, al final, hago una “puerkicena”, jajajajajaa...
En la habitación descubro que no llevo las llaves que abren el candadito de la maletita. No me lo puedo creer, esto no me puede pasar a mí, cómo dejé en casa las llaves del puto candado, con lo metódica que soy... Pensaba hacer algún cambio, además de usar el pijama, ponerme las cremas, pero naaaaaa de eso. Decido pensar en el candado mañaaaaaanaaaaa, y soluciono la noche.

CRÓNICAS MEDITERRÁNEAS: La llegada. 3 de abril de 2010.
Suena el despertador, que no se me haga tarde. Recojo lo poco que he podido “esparcir” y me dispongo a tomar el autobús que me llevará a Barajas. Por cierto, haciendo un último repaso, encuentro, (oh, my good!) las llavecillas del candado de la maleta, que estaban donde debían, aunque yo no encontré en su momento, ya decía yo...

Pero he calculado mal las distancias de este monstruo- hotel. Y cuando consigo salir por la puerta, sólo me da tiempo a ver el culico del autobús que se va, moviéndose al ritmo de “te dejo en tierra, te dejo en tierra... (poned la melodía de “El Chiringuito” del Yordi Dan...). Así que toca esperar 30 minutos más. Espero que llegue bien. Y llego. Y me enfrento a los bandoleros de Sierra Morena, o lo que es lo mismo, Ryanair. Se hacen llamar “compañía aérea de bajo costo”, pero la madre que los parió, a los ladrones estos, te van añadiendo “motes” hasta que te va subiendo un pico el billetico de los “ous”. Irracionalmente, nunca han sido santos de mi devoción, pero, ahora... Pues después de todos los pluses que se pueden inventar, llego al mostrador de facturación y... Oh, my god, mi maleta pesa unos 17 kilos, así que me puedo poner como la veintena de personas que están tiradas por los suelos, con los equipajes abiertos, tratando de arañar algún gramo a su maleta, sacando algún jersey, o tirando a la basura alguna cosa, o pagar por exceso de equipaje. Y decido hacer esto, qué coño. Y me soplan la friolera de 40 euros: 20 por cada kilo de más. En esos momentos, decido que, a partir de entonces, y para viajes serios, en los que necesitas llevar un mínimo de cosas, nunca más lo haré con RYANAIR, eso sin contar las veces que molestan durante el vuelo, ofreciendo al pasaje diferentes mercancías para comprar, o las fanfarrias que emiten por los altavoces, cuando anuncian la loto que venden, o al aterrizar...

Llegamos a Luqa, el aeropuerto de Malta, con 25 minutos de adelanto. El caso es que, o por defecto o por exceso, parece que no llego nunca a la hora prevista. Con mis maletitas, me dispongo a leer todos los cartelicos esos que levantan algunas personas en los aeropuertos. Mira tú por donde, hoy me deben buscar a mí, jejejejeje... Jo, pero no me veo, y “parriba y pabajo” del pasillico ese... jodeeeeerrr, que no veo mi nombrecico, ay, con las maleticas arrastrando, y ninguno pone mi nombre ni el nombre de la escuela, claro. Decido ampliar algo el trayecto del “parriba y pabajo”, saliendo un poco de las vallas de separación y... ¡Oh, por fin! Un tío bajito, flacucho y renegrío, que podría pasar perfectamente por uno de nuestros taxistas, lleva un folio arrugado, con 4 apellidos, entre los que se encuentra PENALVA: “Hi, is mi name”, pos “chau, chau, chau”, que presupongo que quiere decir que me espere en un sitio, en el que ya hay dos chicos que irán a mi misma escuela. Esperamos a otra persona, un Rodríguez, y se acercan otros 2 chicos más, que son “Rodríguez”. El bajito renegrío le pregunta a uno si “is your name”, y el otro le contesta que “maybe”, el renegrío añade que cómo que “maybe? Is o not your name?”, y nos reímos un rato. El rodríguez dice que claro que puede ser él, pero con todos los Rodríguez que hay en España, cualquiera sabe... Al final, se aclara todo, y salimos hacia Paceville.

Tomo posesión de mi casita mensual, pegándome un pedaso de siesta monumental.
Por la tarde, decido dar una vuelta de exploración. Pero, al salir, intento decir en la recepción de los apartamentos que una luz no funciona, no me vayan a cobrar luego el desperfecto. Antes de bajar, me estudio muy bien la frase que debo decir, y se la suelto al tío, que me contesta (ya empezamos con sutilezas...) “chau chau, chau chau where?”, y yo le digo: “pos in mi room”. Y el tío se empeña en filosofar (“chau chau, chau chau, chau chau...”). Y, de pronto, me siento ridícula, no entiendo que el pobre hombre quiere saber cuál es exactamente el número de mi apartamento, para que se pueda arreglar. Y encima, yo, indignadísima, “in mi room”, claro, ¿dónde si no...?
Bueno, exploro los alrededores, hago mis primeras compras básicas, descubro que hay mucho español por aquí, que la gente autóctona habla maltés, que es una curiosa mezcla de inglés e italiano, con alguna palabra árabe.

A la vuelta al apartamento, no consigo abrir la puerta del edificio y toco el timbre. El de la recepción de antes me pega un grito desde el mostrador: “Push¡”. Me da la risa, al recepcionista, también. Claro, pensará que la pedaso guiri ésta no se entera de naaaaaaa, cosa que, efectivamente, es cierto...Me retiro a mis aposentos, con la intención de descansar y levantarme temprano, para continuar con mi exploración y mi observación participante...

CRÓNICAS MEDITERRÁNEAS: Domingo de resurrección. 4 de abril de 2010.
Mi intención era levantarme tempranico, para pasear “con la fresca”, pero no salí de casa hasta las 10 y media. Y me dirigí al centro de Paceville, que es la ciudad donde me encuentro, una especie de Benidorm, pero en pequeño. Dejo atrás la zona comercial y llego a una pequeña bahía. Decido ir por la izquierda, donde hay una pequeña subidita, para ver qué se divisa desde arriba. Hay unos hotelazos de lujo, y la puntica de la bahía es particular (parece la cancioncilla del “patio de mi casa, jeje) y está cerrada; aún así, las vistas son buenas. Me pongo a ojear el plano y se me acerca un oriental, alto, bien “plantao” y bien vestido, no como los estudiantes y turistas que he visto desde que llegué, que van con las chanclas, las bermudas, los tiranticos...Volviendo al guapo oriental, me pregunta algo sobre el plano, (bueno, lo que viene a continuación son deducciones o invenciones mías, que entender, entender, lo que se dice entender, tipo Paco Martínez Soria...). Le digo que no hablo inglés, que el plano es mío, claro, pero que puede mirarlo si lo necesita. El chico le echa un vistazo y me pregunta si lo he conseguido en el hotel. Le digo que no, que me lo ha dado la escuela, y le señalo el nombre de la misma, (haber si se queda con él y me da una sorpresa un día, yendo a buscar a una buena samaritana, jajajajaja...).

Bueno, el chico se despidió, muy amablemente, y yo seguí mi paseo. En lo que duró éste, más de tres horas, me topé con una mini-procesión de Resurrección (la banda de música y un santico a hombros), un montón de gente corriendo o andando, la salida de misa de 12 en Sliema, un tráfico inmenso, y la diferencia de vestimenta de Paceville a Sliema: de ir con bañador y chanclas a ir “de mudaos” de pies a cabeza, y sólo a unos kilómetros de paseo marítimo, oye. Ah, también ve encontré con terracicas llenas de gente, y no me pude contener: “please, local beer”. Y allí estuve un ratico en una de ellas, viendo el movimiento de la “people”.

Después de comer, claro, me “eché a hacer la siesta”. Pero resulta que la ventana de mi dormitorio da a la piscina, y entre sueño y sueño, sufrí los “capusonasos” o lo que es lo mismo, las zambullidas a lo bestia del atajo de veinteañeros con ganas de bulla y ligoteo que tengo como parte del vecindario. Claro que lo del ligoteo no es dirigido hacia mí, creo que me ven como la mama. Aahhhh, porca miseriaaaaa...!!!

Al anochecer, volví a salir por Paceville, y menudo cambio, y no sólo en los colores y la luz, sino también en las hordas humanas: por la mañana, eran grupos familiares; ahora, grupos de estudiantes, copa en mano, mirada perdida, en tugurios ruidosos... Ah, pero lo más chocante para mí es que no eran ni las 9 de la noche, que yo también he vivido la fiesta, pero a partir de las 12 de la noche.

Y estoy nerviosa, que mañana será mi primer día de clase, me harán un examen, para ver mi nivel (pufffffffffffffff, jijijijiji...) y no he estudiado nada. Me acuesto pensando en que no pueden echarme, aunque quieran, que ya he pagado, así que me coloquen, aunque sea de oyente, en cualquier grupo, ale, que a mí, hasta que no me preguntan, no tengo “problem”...

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