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Centroamerica en dos meses

Escribe: A-Orihuela
Un viaje de dos meses desde Mexico a Panama

 

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El Salvador

El Salvador — martes, 15 de marzo de 2011

EL SALVADOR

 A la mañana siguiente vi lo cierto que era la avalancha de gente en la calle camino de la catedral  del Cristo de Esquipulas. Eran las seis de la mañana y las calles eran ríos de gente. Menos mal que  yo me marchaba. Por  15 Q un bus me lleva a la frontera, pero antes vemos como una chica se cae de una Pick Up , iba sentada en el lateral y por efecto de los saltos del coche saltó por los aires para ir a parar al suelo. Llegamos a tiempo para subirla e el bus  nuestro y llevarla a un dispensario para curarla, sangra un poco por la cabeza y va inconsciente. Atrás se queda la pick up  bloqueadas las ruedas  con cuatro grandes piedras. Resulta que los vehículos particulares cobran algo de dinero por llevar a la gente que se encuentran en camino y de vez en cuando ocurren cosas como ésta. No dejaran que se marche el coche hasta que no lo diga la policía.

Media hora después estoy en El Salvador y cinco horas mas tarde en San Salvador. Me digo que es una ciudad fea, sin fundamento, donde los mapas dicen que hay parques lo que  hay  son mercadillos con  todo tipo de artículos, a veces pienso si toda Centroamérica no será un único y continuo mercado. Se parecen a cualquier mercadillo de pueblo de España pero a lo bestia, calles y calles desaparecen bajo los puestos ambulantes con insisto, todo tipo de artículos ya sean para comer, para vestirse, o útiles para la casa.  Tengo suerte y estos días se celebra el aniversario de la muerte del arzobispo  Romero al que mataron los paramilitares en 1980 mientras decía misa.
 Por si no fuera poco en los funerales de Romero los militares dispararon sobre la muchedumbre causando cientos de muerte. Así se las gastaban los militares en aquellas épocas.   Se honra su memoria con caminatas desde lejos hasta la catedral. Pregunto y me dicen que cada año es menos la gente que viene al aniversario. Es lo que hay.  Me voy a dormir, estoy muerto.  El hotel  es el Pasadena, digno y limpio por 18 dólares (En El Salvador se usa el dólar americano)

Me gozo a las ocho de la  mañana siguiente una misa hermosa  a pesar de que  el arzobispo actual  ha dicho misa con voz impostada subiendo y bajando los tonos de la voz como si de un actor se tratara. Estoy seguro que la inmensa mayoría de la gente no ha entendido la homilía de tan hueco y vano que ha sido el mensaje, con largas perífrasis, rodeos, sin un objetivo en el discurso.  Se compensa con las canciones  del coro al que oí ensayar ayer que  actúa  para  honrar al arzobispo  Romero. Al final de la misma se agolpan las gentes para besar el anillo. Todo sigue igual.
 Son las diez de la mañana y hace un calor insoportable.

 Apenas estoy un par de días en San Salvador deambulando entre los puestos callejeros y en medio de un ruido ensordecedor en la competencia que tienen todos ellos  por captar a los clientes que nos tapamos los oídos al pasar delante de ellos.    Como el calor es  insoportable  decido irme al hotel   pero oigo  música  en un chiringuito adonde paso y me encuentro que a las doce del mediodía  hay un ambientazo de cuidado. Dos gorilas  me cachean por si llevo armas y me dejan pasar con la navaja que se lleva siempre para la fruta mientras veo un armario con revolvers de otros clientes que los dejan hasta la salida. 
La gente  parece feliz,  unos bebiendo otros  comiendo  y todos bailando   entre trago y trago  entre plato y plato. Cuando digo bailando  es eso, bailando,  no moviendo ligeramente  la cadera como hacemos normalmente por aquí, ellos mueven todo el cuerpo  con ritmo, con sensualidad como compitiendo con la pareja de al lado a la que ni miran, me bebo dos cervezas ante el espectáculo gratis y me voy a la hotel.


Como el calor no se va decido meterme a eso de las cinco en el cine de  un centro comercial con aire acondicionado y veo la peli de Luis Tosar celda 211 (gran película).  El centro no tiene nada que envidiarle a los europeos. Es como si hubieran dos sociedades en el mismo espacio geográfico, nada tiene que ver el mar de  andrajosos puestos del centro de la ciudad con este centro comercial, ni las gentes que a ellos acuden, ni los comercios que lo forman ni los artículos que se venden.  Una vez se pone de manifiesto la desigualdad  existente en estos países. Lo sentiré aun más cuando más tarde paso por el llamado  barrio  rosa de la ciudad donde están las embajadas, las boutiques de marca  y los pubs más lujosos. Dejo de ser mochilero unas horas y me siento en una terraza exclusiva viendo pasar a la gente pintando la mona.

En realidad San Salvador  no tiene centro histórico, se lo comieron los sucesivos terremotos a lo largo de la historia, el ultimo  de 1986. Hoy por hoy  la ciudad es una sucesión de casas que ha ido engullendo a los  pueblos de alrededor hasta  llegar a tener unos seiscientos mil habitantes de los seis millones que tiene el país. Hablo con la gente –ellos tienen más ganas que yo de hablar con un gringuito-, se sienten mas felices que sus vecinos  guatemaltecos y hondureños. Leo en las guias  que son un pueblo trabajador  que poco  a poco van saliendo de la pobreza extrema en  la que cayeron tras  las infinitas guerras civiles que sufren desde la independencia. Tiempo después, ya en España, leo que al parecer será uno de los países centroamericanos con más posibilidades de salir de la miseria.

 Por este país no pasa mucha gente viajera, se lo saltan , como a Honduras, geográficamente quizá no aporte nada que no esté en Guatemala o Costa  Rica, de hecho  los viajeros se chupan normalmente 24 horas de bus, atravesando los dos países del tirón.  Yo he querido pasar por aquí  y verlo de primera mano. A sus gentes , me ha gustado ver sus desigualdades, sus ritmos, su  esperanza por  el mañana y por una cosa que me choca y que me dicen una y otra vez y es que piensan en clave país, en clave patria,  hablan del futuro pero no del suyo, sino del futuro del país. Se dicen patriotas  y se sienten salvadoreños ante todo. Habría que aprender de ellos me digo.

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