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Travesía Cocuy - 9 días entre las cumbres
Escribe: yobein
Las vivencias, paisajes, emociones y en general todo lo que conlleva el viajar fue el motivante de un grupo de amigos que compartimos ese gusto, para que en esta ocasión emprendiéramos un viaje...
Travesía Cocuy - 9 días entre las cumbres
El Cocuy, Colombia — miércoles, 26 de marzo de 2008
Si bien se trataba de una idea latente desde hace unos 2 años luego de que unos de nuestros amigos visitaran este parque, los preparativos y planeación reales empezaron cerca de 2 meses antes. La idea era recorrer la sierra nevada de norte a sur siguiendo uno de los caminos demarcados en una travesía que tardaría aproximadamente unos 7 días y que no es el destino acostumbrado de los turistas por su mayor dificultad y tiempo. Una cosa teníamos clara, el viaje se tendría que hacer caminando sin muchas ayudas y cargando todo lo que fuéramos a necesitar en morrales.
Dadas las condiciones del viaje, es necesario hacer preparativos que en nuestro caso incluyeron: Asesorarnos con montañistas que ya habían hecho el recorrido, planear el recorrido día a día, hacer una lista del equipo para llevar y adquirir aquellas cosas que no teníamos, ejercitar para afrontar la altura y el desgaste que implicaría caminar con los morrales. Una vez completados los preparativos que son una parte esencial del viaje, tomamos el bus hacia Güicán que a las 6 am del sábado nos dejó en la plaza del pueblo.
De ahí un personaje de la región que habíamos contactado con anterioridad nos recogió y nos llevó hasta la parada de Romero, punto en el que la travesía empezaría realmente. Para iniciar contratamos unas mulas que nos ayudarían a reducir el esfuerzo inicial y aclimatarnos con mayor facilidad a la altura teniendo en cuenta que este es uno de los temas más críticos en cuanto a salud durante el viaje se refiere. Aquí a 4000 metros sobre el nivel del mar se empezaron a notar los efectos del cigarrillo y de la altura en algunos de los miembros del paseo pero afortunadamente fueron superados en lo sucesivo. Nuestro primer día nos llevaría a en unas 4 horas a través de una cima llamada el paso de Cardenillo y una bajada hasta la laguna de Los Verdes donde pasaríamos la primera noche. Llegamos a la laguna de Los Verdes ya dándonos una idea del reto al que nos estábamos enfrentando.
En medio de neblina que no permitía ver más allá de 50 metros, pudimos divisar el borde de la laguna y posteriormente armar nuestro campamento en una playa cercana. El frío fue intenso el resto de la tarde y entrada la noche recrudeció. Algunos de nosotros pasamos una noche muy dura por cuenta de la temperatura que en la madrugada descendía del punto de congelación del agua y que en las mañanas siguientes se evidenciaba por la escarcha blanca que cubría las carpas y el agua convertida en hielo de las ollas que quedaban por fuera de la carpa.
En la alborada ya con el cielo completamente despejado, pudimos darnos cuenta del magnifico paisaje de la laguna rodeada de montañas. Precisamente nuestro camino nos llevó a subir una de estas laderas y en el ascenso pudimos ver el por qué del nombre de la laguna que con el sol de la mañana y reflejo de la montaña daba unos visos de verde y amarillo sobre su superficie.
Durante el recorrido se deben hacer cruces por el paso más bajo entre dos montañas, los cuales implican un ascenso y descenso posterior para continuar. A estos puntos elevados se les denomina pasos o boquerones y son el reto a cumplir durante las jornadas de caminata.
En la cima del ascenso llegamos al paso de la Sierra, el más alto de todos a 4600 msnm ya con el peso completo de los morrales en nuestras espaldas y el desgaste de bajar 500 metros para subir 800 más, pero la satisfacción de disfrutar de un paisaje montañoso abrumador y totalmente diferente. En el camino hacia este paso pudimos divisar los primeros glaciares en las montañas que como todo en el Cocuy, parecen estar mucho más cerca de lo que realmente están. Una vez en el paso de la sierra, se aprecia una panorámica impactante de los nevados que se extienden a ambos lados y entre los cuales se encuentran el Ritak'uwa Blanco, Ritak'uwa Negro, La aguja.
Nuestro siguiente punto de acampada fue la laguna del avellanal que ya desde el paso de la Sierra se puede ver como un charquito en el valle formado entre las montañas nevadas. Ya para este momento se puede apreciar que el paisaje blanco de hielo fue el dominante en el pasado y el que a través de milenios fue esculpiendo la roca de las montañas para formar el paisaje extraterrestre de piedra desnuda que ahora se puede ver en la mayoría de las partes altas como consecuencia del deshielo en aumento que se ha presentado en el último siglo. Fue en la madrugada del siguiente día cuando logramos tomar unas de las fotos más espectaculares del paseo.
Los picos del castillo y el Ritak'uwa blanco reflejados sobre la laguna que era un verdadero espejo natural sin ninguna distorsión. Existe además en el cocuy un efecto increíble cuando los primeros rayos del alba empiezan a alcanzar las paredes escarpadas del lado oriental de la sierra dándoles un color naranja luminiscente, casi como si estuvieran en llamas las gélidas rocas. A las 8:30am estábamos ya de camino por el valle siguiendo la quebrada a nuestra izquierda. Pasamos por la parte baja de manera que no visitamos las lagunas que a nuestra derecha habían sobre una especie de meseta unos 200 metros arriba. Lo que si pudimos ver fue la cascada que descendía de una de ellas, de la cueva larga tal vez, que era un hilo blanco cortando la pared gris de piedra. Continuamos y nuestro descenso nos llevó a encontrarnos cara a cara con el esperado valle de los cojines.
No sin antes hacer una parada técnica en la que algunas valientes niñas del grupo y el padrino se dieron un baño en las frías aguas de la quebrada. Los otros, algo más cuerdos pero a la vez más sucios, no nos atrevimos a experimentar esa experiencia masoquística. A unos 10 metros de lugar del baño, la quebrada se dejaba de ver en el horizonte puesto que formaba una cascada de por lo menos 250 metros como un gran escalón entre las montañas. Se ve a lo lejos un camino que desciende por el valle formado y que imaginamos lleva al llano pasando por el bosque alto andino que conforma la mayor parte de la extensión del parque nacional natural del Cocuy. En la cascada tomamos de nuevo las fotos de rigor, un almuerzo rápido y directo hacia el valle de los cojines.
El valle de los cojines es realmente maravilloso y extraño. Comencemos por los cojines que son en realidad una plantas de páramo que crecen en las zonas pantanosas formando como su nombre lo dice estructuras verdes que sobresalen como un verde cojín. Al verlas de cerca son miles de hojas en forma de tenedor, muy duras, parecido al musgo. El valle está tapizado en su mayoría por esta vegetación lo cual para la vista es otro más de los espectáculos que ofrece el cocuy. En este punto perdimos el rastro del sendero y nuestro camino nos llevó a andar sobre los cojines, saltando de uno a otro en lo que fue bien descrito como un juego de video de Mario Bros. Esto NO debe hacerse pues cada paso maltrata al cojín por más duro que parezca así que les pido no caminar sobre ellos si algún día visitan el valle.
El sendero como luego nos dimos cuenta va por la quebrada, rápidamente nos dimos cuenta de nuestro error y nos alejamos de los cojines.
El siguiente sitio de acampada fue tal vez uno de los mejores, en un lugar aislado de la otra expedición que nos acompañó durante la mayor parte del recorrido. Está a unos 150 metros arriba del nivel del valle hacia la izquierda con una quebrada a unos cuantos metros y protegida por la topografía. Eso si, el frío se mantuvo en sus niveles habituales.
La siguiente mañana nos enfrentamos a otro paso más, el del castillo que bordea la laguna del Rincón de un color azul aguamarina. La subida al paso se hace entre las grietas de las lajas y en su punto más alto se divisa aún más picos nevados en otra vista impresionante. La bajada del paso es tal vez uno de los terrenos más complicados que enfrentamos pues se hace a través de un derrumbe de piedras y cascajo (una piedra que no pudo ser y se desmorona fácilmente). En esta parte Paola, una de las viajeras del grupo, sufrió la primera caída aparatosa del paseo que afortunadamente no pasó a mayores. Una vez abajo una densa neblina recubrió el valle y el grupo se fragmentó.
La situación llevó a perder el rastro del camino y la angustia se empezó a notar. Afortunadamente luego de una hora de no encontrar camino ni personas logramos oír el silbato de uno de los del grupo lo cual nos permitió encontrarnos y llegar al nuevo punto de acampada: la laguna del pañuelo. Aquí tuvimos que convivir de cerca con los otros viajeros por lo reducido del espacio de camping. Afortunadamente para nosotros que llegamos primero, pero empezamos a la vez a ver algunas caras de desagrado en los otros ante nuestra fortuna. En la mañana los madrugadores del grupo lograron disfrutar del paisaje matutino y ver desde una montaña cercana el llano extenderse sin fin aparente. Finalmente y luego de otro desayuno de lujo con pancakes, continuamos la caminata hacia el paso de balcones.
Este paso no es tan elevado como el resto y también es topográficamente diferente pues consiste en una subida a través de cascajo que termina en una pared de laja la cual hay que trepar en su último escalón. Al otro lado se observa la misma laja contornearse y formar un paisaje digno de una película de Marcianos. El resto del camino fue extenso en recorrido, de hecho según nuestros cálculos este debió ser el segundo tramo más largo que caminamos. El cielo se cubrió de nuevo por nubes durante el resto del recorrido así que no es posible describir el resto de paisajes pero no por eso la aventura su menos interesante. Esta fue la caminata de los derrumbes, porque en lo que siguió de nuestro andar tuvimos que cruzar varias zonas de piedras grandes dispersas saltando acrobáticamente (si existe la palabra) de una a otra.
Finalmente llegamos a un río de aguas cristalinas y lecho en piedra que con su belleza casi engaña a los pasantes a darse un baño, pero que rápidamente se olvida con la temperatura del agua que corre por su cauce. Allí ayudamos sin proponérnoslo a otros caminantes que en dirección contraria estaban haciendo el recorrido y que al perderse de su camino estaban probablemente en dirección a los llanos. Afortunadamente nos lograron ver a lo lejos y corregir su paso.
El camino nos llevó hacia la siguiente parada en la laguna de la plaza. Llegamos justo a tiempo pues a los pocos minutos las nubes que nos acompañaron durante la última parte del recorrido cedieron y empezó a lloviznar. El punto de acampada fue en el lado Norte de la laguna. Para este momento los rigores del viaje empezaron a cobrar efecto real en algunos de nosotros, por ejemplo Paola tuvo problemas para cargar su morral, en parte debido a que no era el más ergonómico de los morrales sino más bien un morral de colegio grande al que le adaptaba otro morral encima. Por eso recomiendo que lleven un buen morral para evitar problemas en el trayecto. Por otro lado Ivonne también comenzó a sufrir de dolor en sus pies, pero si hubieran visto las botas que llevaba entenderían la razón. A pesar que ahora nos reímos de la situación de las botas heredadas generación tras generación de Ivonne, en su momento fue bastante incómodo para ella por lo que de nuevo es bueno llevar unas botas apropiadas.
Esta noche decidimos que no nos enfocaríamos mucho en la laguna de la plaza, y en los glaciales de los cerros de la plaza que quedan cerca sino que pasaríamos rápidamente este tramo con miras a hacer la caminada más larga en mi concepto que significaría llegar a la laguna la pintada donde se encuentra la cabaña de parques naturales. Tendríamos que atravesar 2 pasos, el de Patio de Bolas y el de Cusirí. La caminada nos debió tomar unas 8 horas, con un buen clima la mayoría del tiempo. En el trayecto cerca del inicio de la caminata a través de unos cerros de laja, esta vez fui yo quien sufrió una caída que me causó unos raspones molestos en una mano y una rodilla pero que con los elementos de botiquín que llevamos fueron manejados. Una caminata así en los primeros días nos habría destrozado pero creo que la combinación entre menos peso, costumbre y un poco de resignación hizo el trayecto más llevadero.
Llegamos al sitio de acampada en la laguna la pintada, y allí hicimos los preparativos para el ascenso al día siguiente al púlpito del diablo en el cual tendríamos finalmente un contacto con la nieve. Para esto salimos al las 3:00 am del campamento con el peso mínimo para hacer un ascenso de mil metros hasta los 5075 msnm del púlpito y con el objetivo de poder ver el nevado sin la interrupción de la niebla que se forma desde temprano en la mañana.
A las 6:30 estuvo ante nuestros ojos la formación rocosa peculiar llamada el púlpito y a las 7:30 logramos tocar la nieve. Cada uno lo vivió a su manera pero todos estábamos maravillados y contentos de haber llegado tras el gran esfuerzo. A pesar de que no teníamos el equipo apropiado para andar en nieve nos adentramos en el manto blanco y llegamos a estar a unos 20 metros del púlpito que sobresale unos 100 metros hacia arriba del nivel de la nieve. Naturalmente las fotos no se hicieron esperar ni tampoco la oportunidad de disfrutar esa nieve que sin duda será cada vez más escasa en las cumbres del Cocuy hasta que probablemente desaparecerá y no será más que un recuerdo perdido para futuras generaciones.
De nuevo en el campamento no pudimos más que descansar y agotar nuestras más exquisitas viandas que habíamos reservado para este día (jamón serrano, chorizo español, etc.) Al día siguiente emprendimos el camino de vuelta llegando a la finca de los herreras, tomando una sopa de arroz con menudencias de oveja y tomando un transporte que nos dejó en el Cocuy. Cansados físicamente, sí, pero hablo por todos los que fuimos cuando digo que terminamos el viaje renovados mentalmente y espiritualmente con una aventura que recordaremos el resto de nuestras vidas.
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Publicado |
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Últimos comentarios
pepinio dice:
GENIAL TU TRAVESIA,DAN MUCHS GANAS DE HACERLA.
UN ABRAZO YOBEIN
Publicado
scobi20 dice:
Qué buena aventura. Seguro que tantos preparativos y esfuerzo fueron se sobras recompensados con el paisaje que allí visteis. Me anoto Cocuy como una travesia que no puedo prederme cuando llegue a Colombia.
Gracias por compartirlo
Publicado
gabrielpty dice:
hola, que empresa de turismo contactaste para este viaje pues me interesa mucho; desde que pueblo comienza el recorrido? es en Güicán?
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