Utopía en verde esmeralda

Escribe: Gyogananda
Diario de un viaje al Ecuador, para construir una escuela en un pueblecito llamado San Pedro de Atascoso, provincia de Manabí.

 

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Vamos a instalarnos

El Carmen, Ecuador — domingo, 7 de agosto de 2016

VAMOS A INSTALARNOS

  El día amanece poco antes de las cinco, aunque nosotros nos levantamos más tarde, debido al cansancio del viaje del día anterior. Unos han dormido en camas (más bien jergones) más o menos aceptables, otros en el suelo de madera, con sacos de dormir, con mantas como colchón…como se ha podido. Algunos ronquidos han animado la noche y algún mosquito se ha dado el gran banquete a costa de más de uno de nosotros.

  Nos vamos de regreso a Santo Domingo. Necesitamos proveernos de colchones y almohadas. En Santa María nos venden tres colchones que, contando con uno que nos han dado del Subcentro de Salud, ya tenemos lechos para los cuatro. Adquirimos también cuatro almohadas, así como una cocina y una lámpara de gas propano. De regreso a San Pedro nos disponemos a limpiar la casa que se supone que ya había barrido alguien…

  La parte inferior de la construcción está cerrada con paredes de obra y creo que hace las funciones de granero y almacén de los Chávez. Después de trepar por una escalera de maderos accedemos a la casa en sí…La estancia a la que accedemos por la puerta de entrada tiene unas dimensiones aceptables, como de unos dieciocho metros cuadrados. Nada más entrar, a la izquierda se abre una puerta que da a una pequeña habitación sin ventana, de unos ocho metros cuadrados. En el mismo paño de pared pero en el rincón del fondo, una puerta accede a otra habitación similar que será la de Juan. Al fondo y a la derecha de dicha estancia se abre otra puerta que conduce a otra habitación igual a las otras dos anteriores, también sin ventana. Volviendo a la entrada, en la pared opuesta al acceso se abre otra puerta que da a otra habitación, esta más grande, de unos dieciocho metros cuadrados, también sin ventana. Será para Javier y Gaspar…

  La sala principal tiene dos ventanas (las únicas de la casa), una a la derecha de la puerta y otra en el paño de la derecha. Una galería exterior conduce a la parte trasera donde se halla una especie de terraza-galería cubierta y en ella, una puerta que conduce a la cocina de la casa, que a su vez dispone de otra puerta para acceder al gallinero.

  En esta galería encontramos una mesa de madera de unos dos metros por uno y un banco, también de madera de unos dos metros de largo.

  Nos disponemos a tomar posesión. Descargamos mochilas y bolsas de viaje del coche de Don Verduga, así como los colchones, cocina, luz de gas y algunos objetos de limpieza: fregona, cubo, escoba, recogedor, barreños de plástico, cucharas, cubiertos, platos, vasos, detergentes, lejías, estropajos…y un largo etc. Que nos harán la vida un poco más fácil en este lugar. Descárganos también todas las herramientas que hemos traído, introducimos la mesa y el banco que hemos encontrado en la galería y nos disponemos a limpiar la casa.

Parte trasera de la casa con gallinero.

  La casa lleva mucho tiempo abandonada y en desuso…y el panorama es como sigue: unas cucarachas de unos cinco centímetros que, además, vuelan. Arañas de entre seis y doce centímetros que predan sobre las cucarachas, saltando sobre ellas durante la noche, con una pasmosa rapidez, así mismo, ciertos roedores parecidos a ratas, creo que son los predadores de las arañas. Estos roedores son la presa preferida de las boas, de entre dos y tres metros, que aquí llaman “matacaballos”… Más adelante tendremos que añadir los monos aulladores que por la noche saltan sobre el tejado de chapa ondulada, las gallinas y los gallos que dan las horas con extraña exactitud, tigrillos, dos jaurías de perros. Cada jauría tiene su territorio en lados opuestos de la plaza del pueblo y al caer la noche, intentan incursiones y escaramuzas en el territorio de la jauría rival armando una buena verbena. Además, tenemos murciélagos viviendo en mi habitación, que al ir defecando, van proveyendo de alimento a las cucarachas, iniciando la particular pirámide alimenticia de la que va a ser nuestra casa.

Uno de nuestros inquilinos…

  Nos disponemos a la limpieza. Primeramente armado de la escoba me dedico a limpiar las paredes, que como dije son de caña de bambú partidas a lo largo, lo que da una idea de los múltiples escondites para todo tipo de bichos. Luego quitamos todo el polvo que podemos, barremos, fregamos las tablas del suelo con lejía, fumigamos los bajos de las paredes con un repelente para cucarachas e intentamos ahuyentar a los murciélagos sin éxito…

  Se nos ha prestado cuatro sillas de plástico, unas mesillas de madera que serán nuestra cocina. Con unas tablas construimos unas baldas para guardar provisiones y pasamos a instalar nuestros colchones y las mosquiteras que hemos traído con nosotros. Montamos la cocina y la luz de gas con una bombona del Subcentro y Don Verduga nos proporciona una garrafa de agua potable de veinte litros.

  Después de pedirle permiso a Doña Carmen, practicamos aberturas en las habitaciones a modo de ventanas, con puertita y cierre. Colocamos la mesa entre las ventanas, el banco de madera en un lado y tres sillas en el otro. Las mesas  que nos han dejado harán las funciones de cocina.

  Este mediodía, a las doce,  hemos comido en casa de Doña Carmen. Un bol de arroz cocido. Un líquido en otro bol imposible de identificar, plátano macho y a correr… si este va a ser nuestro régimen de comida, apañados vamos.

  Alguien decide que a nosotros nos alimentarán Chano y su esposa y a Laura y Miriam las alimentará Doña Carmen…lo siento por ellas, ya las ayudaremos en lo que se pueda.

  Por la noche vamos a la casa-bar de Chano a tomar unas cervezas Pilsener y a conocer como se pasa la tarde-noche en este lugar tan cerca y a la vez apartado de la civilización.


  La casa de Chano dispone de un gran porche en su fachada principal. Rodeado por unos bancos de madera, un billar en el centro con una bombilla de bajo consumo rodeada de algunos millones de mosquitos en espera de su oportunidad. Por supuesto nos hemos protegido con pantalones largos, camiseta con manga larga y repelentes diversos… Antes de cenar nos tomamos unas cervecitas, jugamos unas partidas en un billar destartalado al que le faltan la mitad de las bolas, ya que la modalidad aquí se juega es diferente a las que conocemos.

  La cena resulta un poco más esperanzadora que la comida. No ignoramos que cuando uno viaja por lugares con diferentes culturas y, además con pocos medios, la alimentación puede ser un problema a largo plazo, al no estar lo suficientemente equilibrada, así que vamos a poner de nuestra parte lo que podamos (yo cocinaré cuando tengamos suministros) para complementar la alimentación y suplir posibles carencias, sobre todo proteína.

  Cuando estábamos tomando unas cervezas, a eso de las seis de la tarde, ya de noche, cuando todos regresan a casa, fueron apareciendo por el bar de Chano, uno tras otro, algunos personajes a caballo, para explayarse un rato después de la jornada de trabajo. Serios y callados, desconfiados, vestidos casi todos con pantalón corto, camiseta, gorra o sombrero y botas de agua sin espuelas, algunos de ellos descalzos. Sigilosos y parcos en palabras les cuesta saludar las buenas noches. Nos iremos conociendo despacio y sin prisas.

  Después de cenar, que aquí llaman merienda, nos marchamos a la casa sin saber muy bien a que dedicar las horas muertas que nos quedan antes de acostarnos en nuestras camitas con colchón de espuma, pequeña almohada y la sempiterna mosquitera.  Nosotros hemos traído algunas sábanas y fundas de almohada por si acaso y afortunadamente…

  Me dedico a tomar notas sobre el viaje y los acontecimientos del día. Juan y Javier matan el tiempo jugando a los naipes mientras yo busco este lugar recóndito donde se suelen esconder los sueños.

  A eso de las diez de la noche decido acostarme y dar principio a mi guerra particular contra los murciélagos que duermen sobre mi cama, e intentar esquivar las defecaciones que caen del techo junto con los orines de los quirópteros.


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