Utopía en verde esmeralda

Escribe: Gyogananda
Diario de un viaje al Ecuador, para construir una escuela en un pueblecito llamado San Pedro de Atascoso, provincia de Manabí.

 

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Octubre

El Carmen, Ecuador — domingo, 7 de agosto de 2016

OCTUBRE

  Hoy es domingo y Javier se marcha a Guayaquil a buscar a su hermano Gaspar al aeropuerto. No pudo venirse con nosotros porque hasta el uno de octubre no terminaban sus contratos como músico, así que esta noche, sobre las 23.30 h está prevista su llegada a Guayaquil, y sorpresivamente, el horario se cumple con exactitud. Para llegar Javier a Guayaquil, se ha tenido que tragar: San Pedro de Atascoso – El Carmen, 2.35 h. El Carmen – Santo Domingo, 0.35 h. Santo Domingo – Guayaquil, pasando por Quvedo, 5.30 h. En total mas de ocho horas de viaje.

  Tenía el encargo de cambiar divisas en Guayaquil. Sólo se cambian en las grandes ciudades y con bastante dificultad. Fueron al Hotel a guardar el dinero (suma importante), comer y a la cama, para intentar pasar una terrible jaqueca.

  Al día siguiente tomaron el bus hasta el Carmen para esperar a que el miércoles dia seis,  Don Verduga les condujera de regreso hasta San Pedro en su famoso vehículo… Llegaron sobre las 17.30 h. del miércoles, montados en la caja del Nissan, entre bloques de hormigón, sacos de diverso contenido, cajas de utillaje y bidones de agua potable, y por supuesto, cubiertos de una costra de polvo y sudor.

  El día anterior habian vuelto Laura y Miriam de pasar un fin de semana de descanso. Volvieron en el coche de Patricia, una estupenda mujer, filántropa que ayuda todo lo que puede a la fundación y a todo el que se lo solicita. Es la dueña de un centro de salud y una farmacia en El Carmen, y colabora en la gestión de la “Fundación Por Ti Jesús”. Tiene un coche cuatro por cuatro nuevo y con todas las comodidades para poder viajar por estos caminos de Diós, acompañada de su hijo Walter, quién normalmente conduce el “carro"

  Con ellos han llegado por fin Paloma y Alberto, bióloga ella y profesor de música él, para llevar a cabo una labor de un año de duración, intentando introducir los principios básicos de salud e higiene. Son pareja sumamente agradables y estupendas personas.

  Cuando regresó Javier con su hermano Gaspar de Guayaquil trajeron una guitarra que se habian comprado para pasar el ratito, así que al ser tres músicos en la comuna (Gaspar, Alberto y yo), tenemos las veladas a la luz de las velas aseguradas.

  Ya tenemos una pareja de albañiles para avanzar en la obra. Se supunía que la gente del pueblo iba a ayudarnos en la construcción, pero en vista de que un día viene uno, otro día vienen dos y otro ninguno, hemos optado por contractar a un padre y un hijo, albañiles profesionales, para poder avanzar un poco más rápido, así que vamos a disponernos a dar comienzo a la fábrica de hormigón.

  Esta noche pasada, entre la lumbalgia que me mata y los monos aulladores, juerga toda la noche. No me queda más remedio que inyectarme un antihistamínico para poder dormir de una vez por todas, debido a las decenas de picaduras de mosquito.

En los tobillos, el prurito que se pone en funcionamiento al llegar la noche, es insoportable.

 Esta mañana me levanto con mucho dolor de cabeza. El día amanece gris, como siempre, de hecho, el sol se ve con escasa frecuencia unas pocas horas al día, normalmente de once a trece horas. Ayer hormigonamos todas las zapatas. Gaspar se apuntó a amasar con la pala y por la noche no podía ni moverse.

  Hemos empezado a levantar las paredes del aula hasta la altura de las futuras ventanas con la ayuda de seis o siete hombres del pueblo. La cosa empieza a marchar. Esta noche hay fiesta en Carrasco; Juan quiere que vayamos pero nos dice Don Verduga que es una fiesta muy brava, cada año hay uno o dos muertos y varios heridos… Todos llevan machete y/o revólver… si le añadimos el alcohol que ingieren en grandes cantidades, tenemos el coctel perfecto… así que decidimos no ir.

  La esposa de Chano, Maribel, Doña Carmen y otras mujeres de San Pedro viajan hoy hasta Santa María. Eso quiere decir que me toca hacer la comida para todos; nosotros cuatro, Paloma y Alberto, Laura y Miriam, los dos albañiles y Ney Briones Zambrano y acompañante, que se apuntan a última hora.

  Ney Briones Zambrano es el presidente fundador de AISE, (Asociación Internacional de Sanitarios en España). Voy a callar todo lo que tenia previsto al respecto. Sólo decir que jamás he visto a alguien con más cara dura que el mencionado individuo. Que el cielo lo perdone, pero gracias a personas de esta calaña las ONGs adquieren una mala fama que no les corresponde.

  

  Bien. Volvamos al asunto. La cuestión es que he cocinado una gran ensalada de patata hervida, tomate, cebolla, pimiento y atún, arroz cocido que nos ha dejado cocinado Maribel antes de irse a Santa María. Con los huevos que quedaban, las patatas y cebolla he guisado tres tortillas de patata. La comida ha sido suficiente y Ney se marcha por la tarde. He cocinado una sopa de verduras con algo de pasta. La comemos para cenar junto con dos fuets y un poco de jamón serrano que Laura y Miriam se han traido de Cataluña, envasado al vacío.

  Al día siguiente nos ponemos manos a la obra para terminar las zapatas de hormigón. Empezamos las cerchas. Cortamos y soldamos el suplemento de los pilares y Javier empieza el proceso de soldar. Montamos un andamio construido con cañas de bambú de un diametro de unos diez centímetros y elevamos las dos primeras cerchas. Se abren y se doblan a consecuencia de no tener montados los tensores… Decidimos hormigonar los pilares de hierro antes de montar las cerchas.. la prisa no es buena consejera.

  Nos han dejado un grupo de soldadura que es un verdadero desastre, es viejo y desvencijado, el generador no funciona bién y no da la intensidad necesaria, además, los electrodos que nos han traido no son los adecuados; a pesar de ello, Javier consigue soldar los añadidos.

  Hoy vinieron un médico y un enfermero del Ministerio con la pretensión de tomar posesión del subcentro de salud que construyó AISE el año pasado. Nos quedamos de piedra. Laura y Miriam hablan con ellos y conciertan una cita en Chone para el próximo jueves para aclararlo todo.

  Javier, Juan Miriam y Laura se marchan a Santo Domingo de los Colorados. Juan y Javier para seguir las compras y sacar dinero del banco; Laura y Miriam deben acudir a una cita con el Ministerio y con Ney Zambrano para aclarar el asunto del subcentro. Gaspar y yo nos quedamos. Gaspar no se encuentra muy bien del estómago y además tiene unas agujetas que lo tienen tirado, debido a que lleva dias amasando hormigón con una pala, junto con Alberto y alguien del pueblo. Le proporciono antiinflamatorios y Traumel (Arnica Montana) para los dolores. Durante todo el día cae una fina lluvia dando un giro de tristeza y melancolia que se apodera del ánimo…

  Al día siguiente continuo montando encofrados como puedo. El generador se ha quedado sin gasolina y sin batería. Quiere esto decir que debo aserrar las tablas a mano, con una sierra que no corta, perforar la madera sin taladro a base de una suerte de taladro manual que me he fabricado con una varilla del seis, para acontinuación clavar las tablas con los escasos clavos de que disponemos… Estoy cabreado. Gaspar sigue con diarrea y agujetas. Le hago comer arroz cocido y beber manzanilla. Todo antes de hacerle tomar Fortasec, que, aunque efectivo, es muy poco recomendable.

  Al otro día consigo encofrar todos los zunchos de las ventanas, las zapatas de los nuevos sanitarios y algunos pilares antes de terminar la provisión de clavos para madera.

  A eso de las cinco de la tarde vemos llegar el carro de Don Verduga de regreso de Santo Domingo, sin Javier ni Juan y cargado con tubos de PVC y hierro corrugado… Parece ser que Juan y Javier se han quedado hasta el lunes. Debido a que hay problemas para sacar dinero de los bancos, solo se pueden sacar quinientos dólares diarios de los cajeros automaticos, así que se quedan unos días más para conseguir una provisión de fondos suficiente…, y de paso, un largo fin de semana, contando que hoy es viernes y se marcharon el jueves por la mañana

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  Don Verduga nos ha traido mucha fruta y verdura, así que le decimos a Maribel que el sábado y el domingo no cocine para nosotros.

  El  sábado comemos risotto y coliflor con una salsa que elabora Alberto. Por la mañana hemos llevado a cabo un zafarrancho y hemos limpiado la casa a fondo, que falta le hacía. En mi habitación me he montado una trampa para los murciélagos, Veremos esta noche si funciona.

  Desde que salimos de España solo he hablado con mi mujer, Isabel, una sola vez. Procuro no llamar, como acordamos, pero me cuesta un poco. Echo de menos mi casa, el huerto, nuestra perrita Trufa, un cairn-terrier que pertenecía a un amigo de toda la vida, fallecido hace poco a causa de un tumor cerebral… Echo de menos la vida en paz, bucólica y serena que gozamos en nuestra casa, nuestro pequeño paraíso en el que la vida es tan facil y hermosa. No quiero decir que aquí no me sienta lleno con el proyecto que estamos llevando a cabo, sobre todo con la presencia de mis dos hijos Javier y Gaspar. Es la primera vez que viajamos juntos, y sobre todo con Gaspar, con el que durante muchos años no pude tener contacto, debido a estas jugarretas de la vida, siempre inesperadas pero siempre aleccionadoras.

  Es muy importante este acontecomiento; un hijo y un padre de treinta y sesenta y cuatro años respectivamente, que comienzan juntos una nueva singladura de la vida. Tengo el corazón lleno a rebosar de gratitud por la vida. Estar junto a Javier y Gaspar, mis queridos hijos, en esta aventura, es mi mayor recompensa. Aunque tengo una pequeña desazón debido a que choco con mi amigo Juan, de vez en cuando me mosqueo con él, mejor dicho, con su carácter tan especial y a veces dificil; no obstante procuro con empeño que esta nueva experiencia me ayude a crecer en humildad y tolerancia.

  El ejemplo de estas personas humildes, con sus pequeñas necesidades es una cátedra que no puedo desaprovechar. Experimento un sentimiento que es una mezcla de nostalgia y alegría interior que llena mi corazón y mi mente…, no puedo más que sentirme agradecido por la vida que me ha sido regalada.

  La convivencia con Paloma y Alberto es muy enriquecedora. Alberto es un hombre de veitiocho años, con una sensibilidad aopreciable a flor de piel. Cursó cuatro años de bilología y por razones que ignoro y no pregunto, abandonó la carrera para dedicarse a la pedagogía musical; además toca el contrabajo en una orquesta y es extraordinariamente solidario y amable.  Junto con Palama, que es su pareja, bióloga, van a llevar a cabo un viaje de un año de duración por el cono sur, desarrollando un trabajo relacionado con la higiene, la sanidad y la pedagogía. Todo ello en los lugares más deprimidos desde el Ecuador hasta Chile. Son dos personajes maravillosos.

  Amanece un día gris sin nada digno de mención. Trabajo rutinario. Hormigón, hierro, encofrados, mas hierro, más hormigón… Nada nuevo salvo que la trampa para murciélagos de anoche ha funcionado y ya no defecan ni mean encima de mi cara cuando duermo. Es una gran mejora.

  Pasa el fin de semana y seguimos con la rutina de cada día, trabajo y más trabajo. Hoy nadie ha venido a trabajar porque dicen que quieren cobrar.

  El asunto es que se han enterado que uno de ellos, llamado Jorge, viene percibiendo veinticuatro dólares semanales que le pagamos de escondidas… Jorge es una gran persona sin ningún recurso económico y ocho hijos a los que mantener. Estos escasos veiticinco dólares son para él su salvavidas… Ninguna clase de solidaridad entre ellos…

  Esta tarde han llegado los nuevos médicos del ministerio para tomar posesión del sub centro… empiezan los conflictos de competencias.

  Un buén día Paloma y Alberto, junto con Gaspar, parten con Don Verduga que les llevará hasta El Carmen. Desde allí deben tomar un bus hasta Santo Domingo y de allí otro para viajar hasta Quito.

  Paloma y Alberto tienen que conseguir el carné de residente cooperante para poder permanecer en Ecuador más de tres meses; querían que me fuera con ellos pero debo quedarme; hay mucho trabajo y debo estar aquí.

  Estamos a día veintiuno y seguimos encofrando y hormigonando zunchos y es un sin parar. Esta noche, un felino que aquí llaman “tigrillo” nos ha visitado… en el almacen de la planta baja ha sonado un follón inpresionante, lucha feroz entre el felino y otro visitante al que no hemos logrado indentificar. Al tigrillo lo ha vislumbrado Javier en la oscuridad del borde de la selva, con sus brillantes ojos mirando en dirección a la casa.

  Tenemos murciélagos que a eso de las diez de la noche vuelven de su ronda vespertina a los colgaderos de mi habitación y la de mis hijos, tenemos un gallinero al lado, con un gallo que dá todas las horas de la noche, tenemos los monos araña que saltan por encima de las planchas del techo con el consiguiente escándalo, tenemos dos jaurías de perros en el pueblo, que por la noche se dedican a acecharse unos a otros y a montar una batalla, tenemos mil y un sonido de la selva…tenemos un verdadero concierto cada noche. A todo se acostumbra uno.

  Hoy mi hijo Gaspar cumple treinta años en Quito. Ayer le mandé un SMS por si tienen la ocasión de efectuar algunas compras de comida.

 

  El tema de la comida nos tiene muy preocupados. Hace quince días decidimos aportar veiticuatro dólares a la familia de Chano para la mejora de nuestra comida. Esto sumado a los cien dólares que se supone que reciben al mes por parte de los convecinos suma un total de doscientos dólares, mucho más que suficiente, si tenemos en cuenta el lugar en donde estamos, lo que nos dán de comer y el coste de la vida aquí. Teniendo en cuenta que el compromiso del pueblo era el siguiente. Nosotros ponemos todo el dinero para la escuela, viajes, desplazamientos, hoteles, etc, es decir TODO. Ellos, a cambio, debían poner mano de obra y nuestra alimentación. No obstante, no sólo no ha mejorado la comida, sino que ha empeorado. Básicamente consiste en un desayuno que preparamos en casa (ya no vamos a desayunar a casa de Chano) a base de café con leche en polvo, pan de molde (cuando hay), y lo poco que tenemos en casa, un poco de mermelada (escasa), quizás atún en lata, miel, a veces un poco de queso fresco que compramos a Doña Carmen y nada más. La comida y la cena (que aquí llaman merienda) en casa de Chano, siempre consiste en un caldo de no se sabe qué, básicamente compuesto de agua, grasa, algo rojo y quizá unas migajas de huevo duro, en un volumen que cabe en una taza de café con leche. A veces, extraordinariamente, contiene un trozo de hueso de unos cinco centímetros con algo de pellejo adherido. Dicha “sopa” se acompaña siempre de un bol de arroz cocido, antes lavado con abundante agua, con lo que pierde gran parte de sus propiedades nutritivas, quizá algún patacón (plátano frito) y un vaso de alguna bebida carbónica… Ni carne, ni pescado, ni fruta, ni verduras. Miento. De vez en cuando aparece un trozo de pescado del tamaño de una sardina a repartir entre los cuatro. El pescado está más escuálido que el caballo de Don Quijote, y lo que realmente repartimos no son más que espinas.

Todos nos adelgazamos a ojos vistas. Yo ya he perdido ocho quilos. El trabajo, la temperatura y la mala alimentación nos están minando las fuerzas. Lo peor es que para salir de San Pedro es muy complicado. No disponemos de  ningún tipo de vehículo exceptuando a Don Verduga y su Nissan. La población más cercana se encuentra a dos horas por pistas polvorientas o embarradas, según los casos, cruzando selva, cuatro o cinco ríos pequeños y uno mayor que requiere el uso de una suerte de balsa, después de pagar tres dólares al barquero que nos cruza a la otra orilla.

  Los jueves y domingos aparece un individuo cabalgando una moto. Carga una caja de porespán que contiene pescados o carne de res, según el día. Aún ofreciendo serias dudas sobre la salubridad del género, es nuestra única fuente de proteínas.

  El agua de boca la trae Don Verduga una vez a la semana en unas garrafas de veinte litros, con la que hacemos el café, alguna sopa de verduras cuando disponemos de vegetales y algunas lentejas. También es necesaria para lavarse los dientes. Pura supervivencia.

  Mañana vuelven los chicos desde Quito y esperamos que traigan consigo algunos suministros, café, conservas, galletas, pan, chocolate y quizas alguna cosa más.

  Se acerca el fin de octubre. Esta mañana hemos podido comprar cuatro libras de carne de res. He preparado un estofado, con sus patatitas y su juguito. Para todos excepto para Laura que dice que no come carne (fuera de su casa). A ella le estoy guisando una sopita de verduras con lo poco que pude recoger de Chano y Doña Carmen.

  Tengo el ojo izquierdo completamente inyectado en sangre, Un señor derrame. Cuando Miriam lo ha visto me ha tomado la tensión y por primera vez en mi vida he pasado de 125-70 a 145-100…!!! Esto no solo no es normal en mi. No sé muy bien a que atribuirlo; con la alimentación que llevamos debería tener la tensión baja, como no sea el estress...

  Este mediodía se han marchado Laura y Miriam. Tras despedirse de la gente del pueblo y de nosotros, se subieron al Chevrolet de Patricia y arrancaron entre una nube de polvo que pronto envolvió el coche, lo difuminó y lo desmaterializó en cuestión de segundos. Cuando la polvorienta bruma cayó de nuevo sobre la trocha de la que se lenvantara momentos antes, el coche ya había desaparecido en el límite del poblado,  tras la espesa cortina verde de la selva ecuatorial. Con ellas marchaba un pedazo de mi corazón y una sensación de soledad inundó mi alma inquieta.

   

 



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