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Patagonia o el fin del mundo
Escribe: cuaternaque
En febrero 2011 visité con mi familia la Patagonia chilena y argentina hasta su limite con el estrecho de Magallanes. Un interesante round trip de 14 díasen auto, que partió en Punta Arenas, la ciudad continental más austral del mundo.
Adios Calafate
El Calafate, Argentina — domingo, 6 de febrero de 2011
A los pocos minutos de recorrer la calle principal detectamos un problema con las sujeciones de la parilla, la que amenaza con salirse completamente y desparramar todas las maletas en medio de la avenida. Así no sería posible viajar y habría que arreglar de algún modo el desperfecto pero sin las herramientas adecuadas, tampoco sería posible arreglar el problema. Después de un largo buscar, encontramos un negocio de arriendo de bicicletas donde conseguirmos un alicate y nos estacionamos frente a su entrada. No fue facil arreglar el desajuste pero una hora depués estabamos en camino.
La ruta de salida de Calafate implica desandar algunos kilometros del mismo camino que hicimos desde Río Gallegos. Subir una cadena de cerros entre viento patagónico que muestra el color yermo de la tierra en contraste con el majestuoso verde del lago Argentino. Bonitas vistas que van quedando en la distancia para transformarse en un monótono paisaje. El viento patagónico es nuestro compañero inseparable que xige una firme muñeca al manejar.
A 40 kms de distancia tomamos la ruta que en dirección sur- oeste con destino a Puerto Natales, Chile. A lo lejos la cadena montañosa de la cordillera nos muestra sus afilados dientes. Aunque pequeño aún, ya es posible divisar el conjunto de Torres del Paine que nos acompañaría vigilante el resto de nuestra ruta.
En esta zona hay varios pasos fronterizos, algunos parece que muy precarios como tengo la impresión que es el paso Guillermo, el primero en la ruta pero se accede por camino de tierra y que desistimos de utilizar al no disponer de más información. Seguimos más al sur y enfrentamos el paso Dorotea, el más utilizado de la zona y que deriva casi inmediatamente a Puerto Natales. Una larga fila de autos y motos hace lento el proceso de cruzar la frontera. Inevitable no recordar el contraste con la libre movilidad que los viajeros tienen al moverse por el continente europeo, donde pasar de un país a otro es solo una marca en un mapa y se percata uno al ver los cambios de idioma en la señalética caminera. Espero algún día, los límites geopolíticos en esta zona y el mundo sean un recuerdo de épocas preteritas y hayamos superado esas divisiones.
Papeleo cumplido y revisión del SAG sin problemas, ahoraa podemos tomar nuestra ruta. Pasar la revisión del SAG (Servicio Agrícola y Ganadero) no es un trámite menor. La preocupación existente por proteger el patrimonio fitosanitario es fuerte. La prohibición de entrar ciertos alimentos, maderas y frutas es fuertemente controlada y las sanciones pueden ser onerosas. Se le quedó una naranja olvidada a un niño y no la declaró (que tendrá que botarla porque no la dejarán pasar) puede significar una multa de $400 dólares.
Así es que más vale evitar problemas y no dejar restos vegetales, animales en el auto y ser transparente al momento de declarar sus pertenencias.
Puerto Natales aparece 20 kilometros más adelante. Ya son las cinco de la tarde y queremos llegar a nuestro nuevo alojamiento y probar una comida normal. El cerro Dorotea nos recibe a la entrada del pueblo y el día está soleado. La vista del mar que baña los fiordos da un giro mortal al paisaje grisaceo que hace días presenciamos. El verdor se apodera del paisaje junto con lo accidentado del terreno.Ya no veremos las largas extensiones de una planicie pampina. Ahora todo es montes y valles y la vista que libre jugaba en los parajes trasandinos, ahora choca en los cerros y se encauza en las cuencas.
Entramos en el pueblo y cual infantería que quiere tomar posesión y control en territorio conquistado, recorremos sus calles y plazas. Tomamos un somero conocimiento de lo que hay y dónde está. Queremos llegar a la cabaña arrendada y más tarde regresaremos a comprar víveres.
Llegamos a las cabañas Kotenkaike, bastante sencillas pero admiten un grupo humano de siete personas, con cierta comodidad y cumplen la función basica de acogernos sin lujos y a un precio más que razonable. Como suele suceder, se veían más bonitas en las fotos en internet que en la realidad, pero no hay dramas. A orillas del ............. , nos encontramos en las afueras de Puerto Natales, tal vez a 2 kms, y camino hacia el parque Nacional Torres del Paine.
Siempre es algo tedioso sacar maletas y ordenar a la llegada, pero bastante menos que armar las maletas y cargar el auto. No hay gran complicación en la distribución de camas. La cabaña en su segundo piso es planta libre y un sector con la privacidad del dormitorio matrimonial. En la planta baja, el baño y el estar-cocina y un sillón cama. Una buena y a veces agobiante calefacción central abriga del frío nocturno que en esta zona nunca sale de vacaciones.
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Capítulos de este diario
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El arribo
Punta Arenas, Chile | 3 de febrero de 2011
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El Calafate
El Calafate, Argentina | 4 de febrero de 2011
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Perito Moreno
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Adios Calafate
El Calafate, Argentina | 6 de febrero de 2011
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El Despertar en Puerto Natales
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En El Calafate...
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