Egipto, infinitas sorpresas

Escribe: Virtoscano
El primer día en El Cairo conocimos las Piramides de Giza. Creí que lo mejor de Egipto ya lo había visto. Me equivoqué, Egipto tiene infinitas sorpresas, y en cada uno de sus rincones uno puede seguir y seguir maravillándose.

 

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Un regalo de Reyes

El Cairo, Egipto — sábado, 19 de diciembre de 2009

Primer día: Volamos al Cairo desde Madrid, llegamos de noche, en el aeropuerto nos esperaba un micro y un guía de viaje. Nos llevaron hasta el hotel.


El hotel estaba sobre una avenida cèntrica bastante iluminada, tenìamos hambre, eran cerca de las 23 hs. y pensamos en buscar algùn lugar para comer algo.


En la calle hacìa màs frío del que esperábamos, casi no había gente dando vueltas, ni una sola mujer, las pocas personas que cruzamos  no nos resultaban demasiado amigables, nos habìan recomendado muchìsimas veces no andar solos,  media vuelta y otra vez al hotel. Como turistas, siempre elegìamos algùn lugar sencillo donde comprar comida o sentarnos a comer, mezclados entre la gente, pero esta vez no resulto. Cenamos spagetis en el restaurant del hotel, algo caros por cierto, y nos fuimos a descansar.


6 de Enero nos despertamos muy temprano, un micro nos recogerìa a las 8, íbamos a conocer las pirámides.


Las Piràmides de Giza quedan tan solo a 20 km.  de la ciudad del Cairo. Yo habìa visto muchas fotos de las piràmides y al ver tanto desierto alrededor, tenìa la fantasìa que todo aquello quedaba muy lejos de la ciudad. Primera sorpresa, no hay que alejarse demasiado de una ciudad tan cosmopolita como el Cairo para estar realmente en el medio del desierto, todo Egipto serà asì, apenas nos alejemos un poco del Nilo, todo lo que nos rodearà serà arena.


El grupo de turistas que estaban en el micro, nos acompañarìa el resto de nuestro viaje, la mayorìa de ellos eran españoles, habìa tambièn una pareja de brasileros, otra de peruanos y otra colombiana y nosotros dos argentinos. La convivencia resultò fantàstica, e hizo muchisimo más divertida cada una de las excursiones que compartimos.


Llegamos, yo ya tenìa lista mis dos càmaras de fotos, Gonzalo llevaba los mapas y las guias de viaje. KEOPS, KEFREN y MICERINOS estaban frente a nosotros, imponente e impresionantes. Ver y poder tocar algunas de las piedras que forman esas maravillas, es una experiencia única.


Todo el paisaje es de lo más encantador, los camellos paseando turistas, los egipcios con sus turbantes y su piel tostada, el sol de enero -sumamente tolerable en esa època- se eleva sobre el desierto tiñendolo de dorado...


Ese dìa podía ingresarse a la Piràmide de Kefren por una de las entradas que tiene sobre la base, llegando hasta la càmara del sarcòfago. Dicen que depende de los trabajos de mantenimiento que se estén realizando a veces puede ingresarse a alguna de las càmaras de la Gran Pirámide - Keops- otras veces en Kefren, a veces en ninguna, en fin... tuvimos suerte.


El pasaje por el que se ingresaba medìa poco más de 1 metro de alto, y la pendiente hacia abajo que tenìamos que recorrer serìa de unos 50 metros eternos. En cuclillas iniciamos uno tras otro el ingreso, notando como se ponía más espeso y húmedo el aire a medida que descendíamos.


La cámara se encontraba apenas iluminada, para conservar los dibujos que decoraban las paredes de granito. Impresionante estar allì dentro y sentir todo el peso de la historia y de la propia piràmide sobre mi cabeza, demasiado impresionante. No sabìa que era un poco claustrofòbica hasta que esa cámara funeraria se llenó de turistas, y me dí cuenta que el único lugar que había para salir era el mismo por el que seguía descendiendo gente. No terminé de escuchar todo cuanto tenìa el gúia para contarnos sobre la construcción, las antiguas ceremonias que allí se celebraban, como se descubrieron esos lugares secretos, y subí tan rápido como pude en busca de aire fresco.


De allì seguimos a la Esfinge, a la Pirámide Escalonada, a la Barca solar de Keops -una barca funeraria hecha en madera de cedro - que se encuentra casi intacta, a los dibujos, a las pinturas, a los jeroglìficos, a un burro muerto tirado al lado del río, a un hombre juntando agua a pocos metros del burro, al contraste de colores,  a las palmeras que bordean el río, al paisaje atravezado por algunos nenes descalzos jugando, al sabor de las frutas... sencillamente maravilloso, Egipto era así de real de sorprendente y de impresionante.


Esa noche no podíamos dorminos de la emoción y la felicidad de estar allí, un solo día en Egipto y sentía que ya me lo llevaba todo puesto, que lo mejor ya lo había visto.


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Keops 2.000.000 de bloques de 1/2 tonelada cada uno

   

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