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Edimburgo: Patrimonio de la Humanidad..."con nieve y bajo cero"

Escribe: ViajesPepeTour
Una ciudad que es la capital de los "andaluces de Inglaterra". El castillo, la Royal Mile, los callejones y los pasadizos donde vivieron los pobres durante siglos. Y, por supuesto, su gente y su cultura, y sus pub y su wisky. El único problema que se me antoja a priori es el frío que podemos pasar en diciembre....pero bueno, todo es cuestión de abrigarse bien.

 

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Una ciudad para caminar... aunque esté nevando

Edimburgo, Reino Unido — lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Cuál es la primera impresión que me produjo como viajero?. Pues creo que, en síntesis, una sensación muy positiva. La ciudad respira cultura por doquiera, está llena de museos y centros para visitar (la mayoría de ellos de entrada gratuita); la formación geológica de la propia loma ocupada por la Royal Mile y delimitada por el Castillo en un extremo y el Holyrood Palace en el otro, es una excelente composición de un antiguo glaciar, posterior fiordo y finalmente elevación del terreno; se encuentra a 12 kms del aeropuerto, está perfecta para no tener que coger ningún vehículo y poder visitar toda la Old y New Town, los Close le dan un toque misterioso, la piedra en todos sus edificios te transporta a la Edad Media y, finalmente, la gente, esa maravillosa gente que tiene una sonrisa y una palabra amable en cualquier circunstancia. ¡Qué distintos de los ingleses que conocimos en Londres¡

Después de desayunar en el mismo hotel (puedes elegir entre desayuno escocés y continental), nos dispusimos a sentir la nieve sobre nuestras cabezas. Primera parada la Iglesia de St. Giles, con una hermosa distribución, llamativo techo azul y la no muy antigua capilla de Thistle que tiene una mezcla entre un gótico clásico y unos muñegotes mangas reflejo de los diferentes clanes escoceses. El acceso es gratuito, mientras una urna te recuerda que no estará mal si les dejas alguna propina para el mantenimiento del edificio. Como anécdota, resulta llamativo encontrar sobres para donativos en los que puedes rellenar tus datos personales con el fin de que la iglesia remita la información al fisco y te desgrave en tu declaración de la renta.

Después no dirigimos al punto de encuentro de FreeTour, una organización que primero te hace la ruta y luego te pide que des un donativo en función de tu satisfacción por el trabajo realizado. Nuestro guía era Santi, un catalán que había estudiado filosofía, poco versado en el idioma inglés, pero como eramos todos españoles no había problema. Su vocabulario y su capacidad de comunicación nos encantaron y sirvieron para abrir boca de la belleza y de la historia de una ciudad que se antojaba impresionante.

Después de pasar los límites de frío tolerables viendo parte de la Royal Mile, el ayuntamiento (que sirvió para explicarnos el fuerte desnivel del terreno y porqué los edificios tienen por un lado tres o cuatro alturas y por otro hasta diez alturas) y ver el castillo por fuera (la parte interior es un homenaje museístico a los alardes militares del pueblo escocés) decidimos hacer un descanso en la excursión para tomar algo caliente en Grassmarket (alguna que yo me sé se tomó un wisky y le sentó de maravilla). Proseguimos con historias de ejecuciones, del pub "the last drop", la historia de la chica que tuvo un hijo soltera y fue ahorcada y sobrevivió, trabajando en un pub junto a la zona de ejecuciones de Grassmarket, subimos hacia un cementerio que hay frente al museo nacional (en southbridge) y allí nos contaron el calvario que pasaron los firmantes del Pacto de Escocia contra los ingleses en celdas sin techo y en silencio total bajo pena de muerte. La historia de los fantasmas que atacaron a unos americanos y alguna otras historia de unos adolescentes haciendo cosas obscenas con calaveras, de manera que ahora esa parte del cementerio está cerrada. La anécdota del cementerio la pone la lápida del Perro que durante 14 años esperó la vuelta de su dueño fallecido y que fue alimentado por los vecinos. Junto a la puerta del cementerio está un pub con el nombre del perrito, también una estatua nos recuerda la hazaña. Y todo esto no es más que una muestra de cómo un pueblo va creando sus mitos en relación a valores como la perseverancia ante la adversidad y la solidaridad de sus habitantes.

Volvimos hacia la Royal Mile pasando por la cafetería donde la ahora escocesa más rica escribió el primer libro de Harry Potter que, por cierto, tuvo que pasar por el rechazo de diez editores para que fuera finalmente aceptada su publicación (de nuevo la paciencia y la constancia fueron la clave del éxito).

La historia de dos inmigrantes irlandeses que se dedicaban a asesinar y vender los cuerpos para la investigación médica sirvió para dibujar el tétrico ambientes de los closes en las largas noches de invierno. Pero, claro, no era más que un negocio, te pagaban por un cuerpo recién fallecido tanto como un obrero obtenía de sueldo mensual trabajando catorce horas. Al final uno delató al otro, así que pagaron sus culpas, uno en la cárcel y otro volviéndose loco.

Finalizamos la ruta junto al National Gallery con unas vistas impresionantes de una estampa maravillosamente única del castillo nevado (al pie del monumento a Scott - el escritor). Pedimos a Santi que nos llevara a un pub a comer algo y nos llevó al otro extremo de Princess Street. A estas alturas ya habíamos entablado relación con una pareja de canarios (no pajaritos) Alber y Maru, que confirmaron una vez más la buena fama que tienen estos insulares y se convirtieron en nuestros aliados contra el frío en los dos días siguientes.

Tras comprar los tickets para el tour nocturno de los fantamas, nos fuimos a ver Princess Street donde, por supuesto, hay una tienda de Zara. Vimos tiendas, paramos en el Mercado Alemán con sus bebidas típicas y sus artesanías y, puesto que alguna no llevaba el calzado más adecuado, nos fuimos a un centro comercial a comprar unas buenas botas.

Tras un descanso en el hotel fuimos de nuevo a cenar con nuestros nuevos amigos haciendo tiempo para el tour. La ruta fantasmagórica nos habló del "puente de los suicidios", de las soluciones que ingeniaron los políticos, desde redes a vallas, y finalmente de una pegatina que decía "who care you?, We care. Samaritans". Fuimos a Carlton Hill donde vimos el Partenon inacabado, el observatorio que no se podía utilizar y una torre con forma de catalejo. Y lo mejor, las vistas de Edimburgo y del puerto, excelentes, porque estaba anocheciendo y la mezcla de luces naturales y artificiales resultaba casi sobrenatural, sobre todo si tenemos en cuenta que el blanco de la nieve intensificaba cualquier contraste.

Después de intentar bajar infructuosamente por algunas escaleras, decidimos buscar un camino menos peligroso y Santi nos llevó hasta un cementerio donde nos contó de nuevo historias fantasmales. Para mí lo más llamativo son las rejas de alquiler que se usaban durante unos días para evitar que los ladrones de cadáveres se llevaran los cuerpos antes de que se descompusieran para su venta a los primeros investigadores de la medicina.

En fin, un país el escocés de gente con mucha imaginación, con escritores famosos y con un sentido tribal y un poco mágico de la vida.

La guinda del tour fue una invitación a cerveza o vino en un pub del centro, que resultó ser el de nuestro hotel, así que nos tomamos la copita y nos fuimos a la cama bien calentitos. A ver qué tal resultaba el día siguiente, porque este había sido bien completito.

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