Escocia: tierra de lagos y leyendas
Escribe: Imaginante
Desde las salvajes costas de Lewis hasta la lejana Barra, las Islas Hébridas sorprenden por su autenticidad, reflejada en una amalgama de tradiciones y en parajes de rotunda belleza. Es difícil encontrar en Europa paisajes tan salvajes, románticos y sobrecogedores como los que se esconden en los majestuosos valles de las Highlands o Tierras Altas escocesas. Recorrer Escocia es zambullirse en un mar de colinas verdes, pueblitos de ensueño, lagos, castillos medievales y polleras a cuadros.
Edimburgo, la capital
Edimburgo, Reino Unido — viernes, 26 de febrero de 2010
Pero lo mejor es llegar a Edimburgo en agosto y ver el desfile militar Military Tatoo del Festival de Arte Internacional, en el que todos los vistosos regimientos escoceses te hacen bailar con la música de sus bandas y danzas folclóricas.
Si, en cambio, llegas en invierno, vas a sentir en la cara uno de los fríos más rigurosos de Europa con un viento marino húmedo de los que congelan las orejas. Buen momento para comprarte en Princess Street una bufanda de auténtica lana Cashmere o Shetland con los colores de kilt que identificaban a los clanes tradicionales. Y así de abrigado, salir por las callecitas empedradas tratando de adivinar de cuál de sus pubs forrados en madera y cuero sale el aroma a guiso y especias que indica que hay un delicioso haggis (puchero de cordero) cocinándose a fuego lento.
Laberínticos caminos suben y bajan hasta llegar a la zona comercial de la Royal Mile (Milla Real), como se conoce a la sucesión recta de calles que unen al Castillo Real con la Abadía de Holyrood.
A los pies del castillo se extienden los cuidados jardines de Princess Gardens, limitados por la Princess Street, principal arteria comercial de la ciudad moderna con una fuente de hierro que cuenta su propia historia en un cartel: era el lugar donde quemaban a las brujas.
En el Scotch Whisky Heritage Center te explican, en una visita guiada en toneles con rueditas, todo el proceso de elaboración del aguardiente de cebada que hizo famosas a estas tierras. Ahí cuentan que la palabra whisky deriva de Uisgue Beatha o agua de vida (aquavit), como se llamaba al producto que empezó a fabricarse en 1494 en manos de cirujanos que lo necesitaban para anestesiar a sus pacientes. La recorrida finaliza catando maltas diversas. Luego puedes seguir recorriendo esta ciudad hermosa, con palacios de los siglos XVI y XVII, bordeando sus calles, la catedral famosa por ser el templo del reformista John Knox, y las casas de ropa de artículos importados de la India, mezclados con pubs que venden la espesa Stout y distintos ales (como le dicen allá a la cerveza).
Si te gustan las historias de terror, después del atardecer, puedes apuntarte en los tours nocturnos a pie en que recorren zaguanes y galerías oscuras a la vez que se narran escalofriantes historias de crímenes y fantasmas que aún recorren la ciudad. El susto está garantizado al ver largas sombras proyectándose sobre las escalinatas solitarias de piedra.
Luego de esto conviene reponer energías en el Jackson´s Restaurant o algún otro de sus cálidos y abarrotados pubs, probando salmón ahumado seguido del famoso haggis que te venía tentando con su aroma desde el comienzo del día.
En la ciudad se distinguen claramente el casco antiguo, que abarca desde la roca en la que se enclava el Castillo hasta el final de la Milla Real y la parte moderna.
Empezó a desarrollarse en el S. XII, después de convertirse en burgo real. Pero hasta el S. XV no se le reconoció como capital de Escocia, en la época de Jacobo II, quien la fortificó y ubicó en ella su parlamento.
Con un estilo arquitectónico de los siglos XVIII y XIX, entre los que se cuela la Edad Media por estrechos callejones, la capital de Escocia parece haber podido sortear las modernas estructuras de acero, vidrio y hormigón. Palacios victorianos, tenebrosas iglesias de piedra negra, museos de arte y el legendario Castillo de Edimburgo donde se atesoran las antiguas joyas de la corona escocesa.
Edimburgo tiene algo de lúgubre y de señorial. Se la considera una de las ciudades más hermosas de Europa, y debido a su singular aspecto no se la puede comparar con ninguna otra. Al avanzar por la calle Royal Mile se descubren elegantes edificios de cinco o seis pisos –algunos doblemente centenarios– construidos con enormes bloques de piedra al desnudo. La mayoría de las iglesias exhibe ese rugoso reborde de la piedra sin pintar, que se oscurece con los siglos y la humedad. El color negro de sus paredes otorga un toque tenebroso al ambiente, donde priman las iglesias negras de cúpulas puntiagudas, y el color ocre de la piedra rústica. Y sin embargo, Edimburgo mantiene inalterada su aura señorial, e incluso romántica.
A la vuelta de cualquier esquina del Old Town nos topamos con estrechos callejones medievales. En cambio, el New Town mantiene casi intacta su arquitectura del siglo XVIII, conformando el mayor barrio europeo de estilo georgiano (siglos XVIII hasta comienzos de XIX), que se impuso cuando la ciudad era una de las capitales intelectuales del mundo occidental. Sin embargo, la arquitectura que impera en Edimburgo es de estilo victoriano: grandes palacios de cúpulas cónicas color verde, adornados con estandartes reales y elevadas torres reloj.
La ciudad –particularmente pequeña– tiene 16.000 edificios catalogados oficialmente como de “importancia histórica”, y en el extenso casco céntrico no hay una sola construcción moderna que rompa la armonía estética. Edimburgo es, básicamente, una ciudad del siglo XIX.
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1
Escocia: tierra de lagos y leyendas
Reino Unido | 14 de julio de 2004
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2
Edimburgo, la capital
Edimburgo, Reino Unido | 26 de febrero de 2010
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3
Glasgow
Glasgow, Reino Unido | 26 de febrero de 2010
En Edimburgo...
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