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Vagabundeo por el mundo

Escribe: nehomarm
Un viajesillo, por 5 países y mi imaginación

 

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Buscando el arca fui, pero a un niño picaro me encontré.

Dogubayazit, Turquía — miércoles, 21 de julio de 2010

Con un animo totalmente renovado, desperté esa mañana en Şanlıurfa, el fresco del aire acondicionado recargo mis baterías.  La premura, por salir a recorrer camino me sacaba a jalones del cuarto. Dejaba atrás la comodidad de mi suit. La meta para ese día era Doğubeyazıt, ciudad fronteriza con la República Islámica de Irán y supuesto lugar de reposo del arca de Noé. Según, la leyenda esta reposa en el Monte de Ararat, montaña que reconozco, me generaba mas interés, que el mito en torno a ella. El único detalle es, que para llegar allá, debía recorrer poco mas de un cuarto del ancho del país, y los autobuses salían durante la noche. Debiendo esperar todo el día para mi partida, opte por aventurarme por la zona, en mi guía de viaje hablaban muy bien de una ciudad llamada Diyarbakir, según las letras de la guía, ese era un sitio mucho más importante que la mismísima Şanlıurfa, según muy vistoso, aunque lo que despertó, interés fue que al detallar el mapa de ubicación de la ciudad, note que estaba justo al lado del río Tigris, así que me trace como inocente meta darme un chapuzón en el famoso río.
    Lleno de alegría me dirigí al otogar, esta vez no me encontraba perdido, aunque lamentaba no volver a ver mas a la sexy secretaria ucraniana. Con la simple ilusión de encontrar mas aventura deje atrás Şanlıurfa. En un viaje de una hora y media, a bordo de un autobús, me encamine a Diyarbakir. El paisaje totalmente árido, un horizonte seco y desértico, contrarrestaba con los sembradíos de hortalizas que asemejan verdes oasis. Con esa visión no resulta difícil imaginar a los mercaderes de la seda, cruzando con sus caravanas de camellos, esos estériles parajes, poniendo en perceptiva la vida e historia de los habitantes de la región.
    Al llegar a Diyarbakir, me resulto una ciudad muy familiar, algo parecida a las ciudades del caribe venezolano, me recordó particularmente a la ciudad de Coro, sobre todo el color de su tierra y la nube de polvo levantada por el incesante viento. Las inmediaciones del otogar, me resultaron similares a las de Şanlıurfa, así que no me apresure a sacar falsas conclusiones. La seguridad en mi accionar era notoria, en el otogar solo me basto con decir “merkezi” (centro), para que un sujeto me dijera con una sonrisa, el numero de un autobús, asombro el mío, al percatarme que ya podía decir cositas en turco. A bordo del colectivo, me deleite mirando las calles de la ciudad, y captando con detenimiento los cambios de sectores residenciales, empezando por un sector humilde, cambiando a uno opulento y terminando en el histórico, al llegar a este afine la vista, en búsqueda de las murallas que caracterizaban a la ciudad. No tenia un plan conciso a ejecutar al encontrar las murallas, solo merodear por allí y ver que me deparaba el sitio y claro, tratar de encontrar la rivera del río Tigris. De momento perdía la orientación, las calles no eran precisamente recta, no formaban cuadriculas simples, así que sin planearlo termine, justo en el sitio que decía la guía que debía evitar, en el lado noreste de las murallas, y así sin querer termine en el sito, que acaparo todo mi interés.
    En el noreste de las murallas, se encuentra un barrio muy pobre, y creo que es donde se encuentra el sector mas deteriorado de la fortificación, caminando sobre las murallas que asemejaban peñascos, repletos de guijarros, observaba a varias maquinarias pesadas, demoliendo el viejo barrio. Por donde se mirara estaban las pertenencias de las personas que habitaron esas vejas casas, una cabeza de muñeca por acá, una bicicleta mas allá, un colchón viejo, una olla y  escombros de las que en su momento, fueron casas de familias. Hasta el sol de hoy desconozco el porque de la remodelacion urbana. Para los niños, nada mas interesante que corretear entre basura, así esta basura haya sido su antigua casa. 
    Admito haberme sentido algo intimidado, al caminar sobre esos muros, ya que literalmente se caían a pedazos, y a decir verdad nunca vi un policía, así que temía por mi integridad física, también creo que los locales temerían por su seguridad al verme por allí. 
    Mas adelante vi algo que me causo mucha risa, piscinas publicas, en ellas cientos de niños bañándose y retozando, claro como lógica, ni una sola niña o mujer en kilómetros a la redonda. De esos niños me llamaba la atención, que todos andaban, con sus ropas en una bolsa plástica atada a sus espaldas, clásica desconfianza dentro de esas manadas de bribones, yo lo se con toda certeza, fui uno de ellos en mi infancia.
    Desde las alturas divise mi objetivo, el río Tigris, se encontraba a unos quinientos metros de la fortificación, y para poder tomar mi baño, debería atravesar una huerta y como cincuenta metros de pantano,  a eso le agregaba un color del agua bastante turbio y que los niños preferían las piscinas al río; en el conclusión, el agua del río, no era muy salubre y antes la perspectiva de verme lleno de barro y con olor a cañerías, descarte tristemente mi plan. Por   un instante pense en meterme a las piscinas con los niños, reí mucho de imaginarme, con mi metro ochenta y noventa y seis kilogramos, en ropa interior, con mi bolso a cuesta, corriendo alrededor de la piscina y jugando con niños, de menos de un tercio de mi peso.
    La caminata por la ciudad me consumió gran parte de la tarde, no es una ciudad hermosa, esta algo descuidada y destruida, agobiada por trafico anárquico y calor descomunal. Adentrándome por esos callejones procure un almuerzo decente, también hice un delicioso hallazgo, “queso de crineja”, un estilo de queso tradicional venezolano, no se como llego allá, o como llego acá a Venezuela, lo cierto fue que me di el postín de recordar mi comida tan lejos de mi hogar. Para cerrar la tarde, di mi tradicional siesta callejera, estilo indigente, a la sombra de una de las murallas y acostado sobre la grama. Esa noche saldría al fin a Doğubeyazıt.
    El flujo de pasajeros para esa región del país, había disminuido drásticamente, fui afortunado al no tener que compartir mas noches, sentado al lado de pesados flatulentos. Lo que si tuve que aguantar, fue a uno de los carreteros mozos mas obsesivo, maniático y compulsivo, que nunca vi en autobús alguno. Se podría anticipar, solo con tomar el tiempo, cuando repartirían agua de colonia, cuando aplicara ambientador y cuando desordenara todo para volver a ordenarlo. Al parecer al sujeto le molestaba el olor de mis pies, ya que tuvo un altercado conmigo para que me pusiera los zapatos, yo solo le decía por porfiarlo en español – No entiendo, no entiendo, no entiendo -, y era cómico ver como cambiaba de color el sujeto, al decirme en ingles - Put your shoes - , y emular con mímica, quitándose el zapato de el y volviéndolo a poner. Esa fue, solo una hijo e´ putes, de las que veo que hacen los “gringos” en mi país, y no sé porque me provoco hacerla a mi.
    Al despertar esa madrugada, acurrucado en mi asiento, vi uno de los paisajes más subrealistas, que nunca antes haya visto, las estepas. El camino iba por dentro de una hondonada, en el lado derecho de la misma, en todo el medio un ancho y somero río, de aguas turbias, de movimiento lento y pausado, similar al de mi autobús, en los bordes, amarillos pastizales, no muy altos como de cincuenta centímetros, sobre ellos, al igual que sobre los arbustos y el autobús, rompía el viento con extrema dureza, y asemejaban al toque rápido y frenético de un saz. La combinación de la melodía, el andar pausado, el frío y la media luz, generaba la impresión de aletargamiento, me sentía como una crisálida que no quería romper su capullo. 
    Ocasionalmente se ve un campamento nómada, estos cambiaron sus camellos por combis, aunque las tradicionales tiendas siguen vigentes con el pasar de las décadas, esa actitud errante me generaba hacia ellos mucha simpatía, ya que teníamos ese factor en común.
    Justo con llegas a Doğubeyazıt, dos cosas llamaron mi atención, al mirar al noreste se aprecia el Ararat Daği o Monte Ararat, en el horizonte tapada por la calima, se divisaba la nevada cumbre, asemejando un cepillado (frape) gigante, costaba mirarlo, ya que la luz del sol era intensa. Lo segundo que me llamo la atención,  fue la presencia militar, especule que habían mas soldados que civiles. Al sentir un temblor al lado y voltear, mis rodillas se desvanecieron al ver como se movía un gigantesco tanque Leopard entre las pedregosas calles del pueblo. La impresión no termino con el tanque, al salir de hotel encontré dos sujetos, que aparentaban ser fuerzas especiales, hablando plácidamente frente a la puerta, armados hasta los dientes y con su maquillaje de gala. Pareciera que el gobierno turco espera alguna guerra en ese sitio, o porque no una explosión social Kurda.
    Ya dejando a un lado las cuestiones militares y políticas, decidí enfocarme a lo que me interesa, conocer lo mas que pueda de la región. Mi ultima opción en la ciudad resulto ser la primera y única opción el İshak Paşa Sarayı, todo gracias a un pícaro niño, que se trazo como meta, venderme un paquete turístico por la región. Este pequeño rufián tenia mejor ingles que cualquiera en Turquia, una verborrea aturdidora y una actitud muy salamera, su frase punta de lanza era – You are my friend, and i am your friend, trust me as I trust you -, mi evidente quiebra monetaria no era obstáculo para este chico, estaba decido a sacarme lo que fuese, fue tanto su empeño que me saco de casillas, de a poco lograba su meta, bloqueo totalmente mis ideas, no podía pensar racionalmente, mi reacción logia fue escapar diplomáticamente de el, no hay mentira que valiera, para ese chico motivado, me seguía a todos lados, espantaba todos los posibles negocios que me trazara y impedía que me concentrara a pensar. A la larga resulto ser como ese pecesillo del mediterráneo, se marcho molesto, no derrotado, solo dejando en mi cargo de conciencia por tratarlo mal.
    Ya libre de tormentos, ubique fácilmente el transporte hasta İshak Paşa Sarayı, rodando por la misma callejuela por donde vi moviéndose al tanque, se  sale del pueblo y se comienza a subir una montaña, atrás se empieza a notar la planicie esteparia de donde venia, el pueblito asimilaba un bicho estortillado en el parabrisas de mi carro, estaba sobre una gran planicie y se expandía sin orden alguno, concentrando en el centro del pueblo la mayor densidad. La visita a ese sitio me resulto ser de las mas agradables y económicas de todo mi viaje (solo tres liritas la entrada mas tres liras el pasaje), era un sitio no muy concurrido, la gente en su interior era muy silenciosa y sonriente. Mas allá de la mixta arquitectura, de las formas talladas en la roca, las cúpulas y pinturas,  mi sitio favorito fue “la habitación del balcón”. La habitación del balcón, es una habitación como muchas mas, con el detalle de que la pared que daba al horizonte no existía, especulo que en tiempos pasados esa pared fue de madera y con el pasar de los años se deterioro y cedió delante la interprete, dejando tras de si, la mejor vista que habitación alguna pudiera tener. Esta era una vista hacia el infinito del horizonte, se veían en primer plano unas casitas de pastores, en segundo plano el pueblo y mas atrás la comunión de la tierra y el cielo. Sentado en la orilla del balcón experimente el nirvana, nada en el mundo me importaba, ni me preocupaba, mi mente estaba en blanco absoluto, la brisa rozaba mi rostro y me susurraba cosas al ido, hasta que mi paz fue interrumpida por el diafragma de una cámara fotográfica.
    Junto a una cámara fotográfica, viene pegado un fotógrafo, en esta oportunidad no era un asiático, era un turco, este tomaba fotos a otro turco que vestía muy deportivo. Hacia una pose acá, otra mas allá. A simple vista se deducía donde quería tomarse la siguiente foto, sentado en mi balcón. Fui condescendiente y sedi amablemente ese espacio, el sujeto agradecido busco conversación, las clásicas preguntas, algunos chistes y unas fotos para el recuerdo, con el pasar algunos días, viendo televisión  y recordando el momento, me lleve una gran sorpresa. El sujeto resulto ser un animador de televisión turca muy famoso, por lo menos en el canal que miraba, salían en varios programas y propagandas.
    Junto al palacio, se encontraba una mezquita, situada en los pies de una empinada y pedregosa montaña, a lo largo de las aristas de estas, habían fortificaciones, que llamaban a treparlas. Con veinticinco días alejado de saludable comida casera y sedentarismo, mi cuerpo ya había perdido algunos kilos de mas, había cambiado grasas por fibra y se sentía mas dinámico. Creo que por tanto comer cordero me sentía medio cabra. Subiendo por esa empinada cuesta, sufrí el rigor de la dificultad del camino, corone algunos golpes, pero creo que me sentía tan cabra, que estaba hasta resistente a los golpes. Al llegar a la cima, pude ver al otro lado de la montaña y sorpresa, había un lindo y fácil camino para turistas, pero que va ya había subido dándome coñazos, no podía bajar fácilmente, tome el mismo camino de bajada, ocasionalmente aplicando el freno de emergencia con el culo, también ocasionalmente rodando aparatosamente. Al llegar abajo, note cuando caminaba como expelía polvo, parecía al niño de snoopy.
    De regreso al pueblo y libre del acoso del niño, indague con calma los datos necesarios para conocer la frontera con Iran. Quería ver con mis propios ojos lo que occidente reprocha con tanta severidad, y lo que a mi me llamaba tanto la atención. El traslado no resulto ser imposible como el niño había comentado, todo lo contrario de lo mas sencillo, solo tomar un dolmus y viajar unos quince minutos a bordo de el. El paisaje en la frontera era muy tenso, muchos militares, muchas banderas, muchas cercas y muchas, muchas, pero muchas armas. Haciéndome el guevon (persona que desconoce la situación a su alrededor), me fui acercando y acercando al lado iraní, al percatar me encontré conversando plácidamente con un soldado, este manejaba un poquito de ingles, me comentaba que necesitaba una visa para entrar a su país, y que si la tramitaba la iba a pasar bien ya que todo allá era el doble de hermoso que en cualquier parte. Así no mas me pregunto de donde era yo, al escuchar mi respuesta su reacción no se hizo esperar, asombro absoluto, hasta incredibilidad,  ya que me pidió amablemente que le enseñara mi pasaporte, asintió con la cabeza y sonrío, hablo mucho sobre lo muy querido que era nuestro presidente por allá y me pregunto si quería conocer a su jefe. 
    Ya me encontraba en territorio iraní, sin siquiera pensar en sacar una visa. Me encontraba en una oficina gigante, delante de un gigante escritorio, que a su ves estaba delante de un gigante cuadro de Mahmud Ahmadinejad, quien miraba omnipotente el trabajo del comandante. Este sujeto el cual tenia su nombre escrito en persa, me recibió como a un jefe de estado, conversamos mucho, sobre política y sociedad, por así decirlo mi especialidad, trataba de emitir mis opiniones adaptándola a lo que él pudiera considerar correcto, estaba dentro de su oficina y no quería irritarlo. A los cinco minutos de estar sentado allí, me colmaron de té y dulces, de a poco fui tomando soltura, en mi contestar, y el soltura en su preguntar. Me encontraba decidido a no salir de allí, sin soltar algunas sátiras y así fue. La curiosidad del comandante en torno a nuestro país, se centraba en nuestra capacidad guerrera y nuestra disponibilidad de ir a la guerra contra Estados Unidos. A decir verdad esas preguntas me incomodaron mucho, no soy militar, es mas detesto el termino guerra o muerte, y impuse mi opinión de manera caballerosa pero contundente. Termine disipando la tensión con un poco de picardía, comente que con tantas mujeres hermosas, que en mi país hay, queda poco tiempo para pensar en guerra,  pasamos el día pensando en amor, y que somos socialistas igual que ellos y que el día que la patria nos llame allí estaremos. A ese discurso agregue algunos chistes sobre fútbol, a lo que respondió, - Venezuela futbolisticamente hablando, es excelente productor de petróleo -.
    El cierre de la entrevista no pudo ser menos amistoso, de lo que fue al comienzo, me invito a quedarme en su región sin visa alguna, según él éramos de países hermanos. A pesar de las diferencias ideológicas, me encanto el sentimiento de unión que trasmitió el sujeto, y seguía sorprendiéndome todas las puertas que abría mi nacionalidad por esa zona. Ese pequeño abre boca, fue mas que suficiente para incluir a la República Islámica de Irán, como destino en mis próximas vacaciones.
    Dado a que tenia todas mis cosas en Doğubeyazıt, y que había pagado mi cuarto de hotel, decidí volver al pueblo. Algo agotado y deprimido, creo que por la vastedad del paisaje de las estepas y esa tristeza y melancolía que estas trasmitían, junto al continuo susurrar del gélido viento, en medio de esa planicie verde pálido, chispeada por ovejas tristes como me sentía yo. Estaba en una encrucijada, en el punto de no retorno, podía desprenderme de todo en mi tierra, y adoptar una tierra nueva, o mejor aun no adoptar ninguna y ser un nómada mas de esas estepas, idea que por el momento no me molestaba. El golpe de realidad vino cuando imagine una vida sin cervezas, ni días de playa rodeado de chicas en tangas o esas noches de locura rozando los cuerpos desenfrenadamente al ritmo de la música latina en compañía de una sexy mujer, hizo abruptamente que cayera a la realidad, mi realidad y fijarme mis objetivos inmediatos. También reconozco que en mi casa me necesitaban, mas que nunca y el recurrente sueño de volver a ver a mi musa, me seducía a volver con la vaga ilusión de embriagarme con el sabor de sus labios, marearme recorriendo las curvas de su cuerpo y dormir en la suavidad de su cabello. La decisión estaba tomada, terminaría mi itinerario, volvería a casa a comerme una arepa con carne mechada, hecha por mi madre, me metería una borrachera con mis amigos y vería a mi amada.
    Tras una siesta, y con las energías tanto físicas, como mentales repuestas, me dispuse a buscar el ultimo antro de Doğubeyazıt, me dije a mi mismo que ese pueblo no podía ser tan casto, debía haber algo de perdición en él, algún lugar  donde pudiera encontrar licor y quien sabe si el amor pasadero de alguna extranjera o porque no una buena tanda de boxeo callejero. La calle pululaba en gente, imagine que no seria difícil dar con un sitio donde divertirme, las primeras cuadras las camine con animo, ya cuando había merodeado la mitad del pueblo me iba desanimando, no era, porque no hubiera encontrado un sitio de mi agrado, era que no habían sitios donde vendieran licor. Al caminar por una calle, escuche algo de algarabía en una azotea, me dije – Ese es tu lugar -, el acceso al sitio era por una mugrosa y angosta escalerita, custodiada por un sujeto con cara de malo, no podría ocultar mi cara de felicidad, me dije – Encontraste el único burdel en Doğubeyazıt -, al llegar a la terraza, no había música, no habían mujeres y menos cervezas, solo un montón de tipos sentados en cojines, conversando muy cerca. Cabe destacar que por lo que observe en la cultura turca, el conversar entre hombres, se hace invadiendo lo que para mí es “mi distancia intima”, es esa distancia a la que escuchas bien a la otra persona, pero no sientes su aliento en tu cara. Al sentarme en una de esas mesitas, llego el chico que atendía y le solté el clásico – Bir bira – (una cerveza), a lo que el chico respondió – No bira, çay -, me sentí destrozado, ese día necesitaba una cerveza mas que nunca, y solo tendría çay. Pero bueno ya estaba allí, me dedique a observar a los locales, debo reconocer que me resulto muy interesante, tener esa visión, tan privilegiada de esa cultura, ya que al parecer era invisible para ellos.
    Con el despertar me sentía incompleto, no tenia ratón, aunque no se porque me sentía aturdido, me deleite con la hermosa vista del Ararat Daği, era el regalo de despedida que me brindaba Doğubeyazıt, ya que me disponía a viajar a Yusufeli, y no seria el único regalo que recibiría ese día. Al bajar al otogar, iba caminando algo cauto, queriendo evitar un encuentro con el bribon, aunque inconscientemente quería verlo, para disculparme con él y bromear un poco. Seguido a pactar un precio por mi boleto, que a decir verdad no tenia idea de a donde era, ya que solo señale en un mapa, el lugar donde quería ir ese día, salí de la oficina y me senté a hacer nada, repentinamente me vi rodeado de niños limpia botas, me dije – Me jodieron, me robaran todo -, pero volví en si y me respondí – No estas en Río de Janeiro relájate -, asertivamente me relaje y los niños empezaron a ser niños, querían lustrar mis zapatos, a lo cual me negaba, estos insistían con ferocidad, hasta que caigo en cuenta que mis zapatos eran tenis deportivos de tela, solo me tomaban el pelo, diciéndome que quedarían brillantes y blin blin. Fue tanto el juego con ellos que saque mi blackberry para tomarles una foto, luego de tomarla me pidieron que se las enseñara y bluf, me quitaron mi mobil, eran como seis niños, me sentia cansado y desanimado para pelear o correr detrás de un montón de niños, di por perdido mi teléfono. Pero sorpresa, luego de que vieron todaaaas mis fotos, bromearon entre ellos con mis fotos y se sonrojaron con las fotos de “mis novias”, sencillamente se acercaron y me devolvieron el teléfono, a lo que respondí con una sonrisa y una sección de lucha libre callejera. Era cómica la cara de asombro de los extranjeros que pasaban por mi lado, y me veían con seis niños sobre mi, o a mi brincando sobre ellos, dando gritos en español, y lo mejor, entre todos ellos no sumaban mi peso. Agotado y sin aire tuve que tirar la toalla, resulto una pelea muy desproporcional. Es agradable tener la libertad de seguir siendo niño, esa es la verdadera fuente de la juventud.
    Faltando algunas horas para partir, al lado contrario de la calle veo al bribon, este me miraba con recelo, pero se notaba a leguas que deseaba acercarse, le hice una seña para que cruzara, y hice lo que debía hacer, me disculpe con él, le explique el estrés que me genero y todo lo demás, este también me brindo una disculpa por la molestia que me causo. Conversamos como amigos de toda la vida, le di algunos consejos para que sea un buen guía, le recomendé sobre todo que no acose a los clientes. Con la sonrisa de ese niño y la promesa de volver me despedí de Doğubeyazıt.

Tips:

Deben probar el Simit, es super economico, muy rico y controla el hambre.

Tiene que ver con: Alimentación
En Dogubayazit, Turquía

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Calificación general    

Palacio Ishak Pasha

Actividades: Lugar de Interés en Dogubayazit, Turquía

De lo mejor que conoci en Turquia, me encanto el palacio

Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos


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Últimos comentarios

Tafuri dice:
Wow!! que interesante!
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jimenez225 dice:
Wowwww....!!!!
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yerbabuena dice:
ameno e interesante relato, tienes material para escribir un atrayente cuento, eres muy buen relator.
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nehomarm dice:
Oye yerbabuena gracias por el comentario, sabes que me gustaria unificar todos mis relatos y hacerlo un cuento llamado "Vagabundeo por el mundo, la historia nunca contada de un caballero andante"
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cocomaria dice:
Iràn para allà haciendome la guevona jajajajaja saludos
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