Bornholm y Christiansø: las islas mágicas de Dinamarca
Escribe: mariposadefuego
Los nativos de Bornholm cuentan que cuando Dios creó Escandinavia repartió sobre ella porciones de todos los elementos naturales por los cuales hoy es reconocida. Una vez satisfecho, los reunió todos y los lanzó al mar Báltico, alumbrando así esta pequeña isla...
Bornholm y Christiansø: las islas mágicas de Dinamarca
Dinamarca — jueves, 23 de febrero de 2006
Aquí no es posible contemplar fiordos y montañas, como en Noruega, o miles de lagos, como ocurre en Finlandia, pero en la reducida Bornholm, situada en el mismo centro del Báltico y a medio camino del sur de Suecia y el norte de Polonia, se concentran todos los componentes del espectro paisajístico de Dinamarca, país al que pertenece.
Llamada la perla del Báltico, es una gran isla de 588 km2, situada 160 km al este de Copenhague, en la entrada suroriental del Báltico, 37 km al sureste de la costa sueca y 90 km al norte de la polaca. Tiene forma romboidal y posee una costa septentrional rocosa, con grandes acantilados graníticos, y una costa meridional llana con amplías zonas arenosas con dunas. El clima templado, el paisaje interior suavemente ondulado y salpicado de pequeños lagos, landas y zonas de bosque, y las huellas del pasado, entre las que destacan las típicas iglesias de planta circular, han hecho del lugar la estancia preferida de un gran número de artistas escandinavos, que acudían a él incluso antes de convertirse en un frecuentado lugar de veraneo.
En sus orígenes, fue habitada por los burgundios desde el siglo II a.C, como lo atestigua el antiguo nombre de Burgundarholm (isla de los burgundios). En el siglo XII la isla entró a formar parte de la diócesis sueca de Lund. Importante territorio de cambio y comercio, ya desde la Edad Media, Bornholm fue repetidamente punto de mira de las incursiones piratas, lo que explica las típicas iglesias redondas. Sometida al dominio de la Liga Hanseática en el siglo XV y de Suecia en 1658, forma parte del reino de Dinamarca desde 1660.
La isla fantástica
La '''perla del Báltico''' es una isla a 160 kilómetros de Copenhague que alberga preciosos pueblos pesqueros, bosques con lagos, grandes acantilados y amplias playas con arenosas dunas. Ahora frecuente lugar de veraneo, era retiro habitual de artistas por su templado clima y hermoso paisaje. Rønne, la capital, fue fundada hace casi siete siglos, y conserva bastantes edificios, fortalezas e iglesias medievales.
Geográficamente debería ser parte de Suecia, pero su población siempre se ha sentido profundamente danesa, hasta tal punto que durante la última ocupación sueca, allá por el siglo XVII, fueron capaces por sí solos de expulsar a los invasores y de ofrecer este grupo de islas al rey de Dinamarca, que prometió integrarla a su reino de forma definitiva.
Lo primero que llama la atención al llegar a Bornholm es la luz, de una claridad casi sobrenatural, y la diversidad de sus paisajes que contrastan con el del resto de Dinamarca, dominado por inmensas llanuras. En la Costa Norte de Bornholm se pueden encontrar acantilados de granito rosa, colinas coronadas por castillos y profundos valles recorridos por torrentes que se precipitan en el mar. Pero también deslumbran los mayores bosques del sur de Escandinavia y las larguísimas playas con la arena blanca más fina del continente. Y todo ello en una superficie que no alcanza los 600 kilómetros cuadrados.
Todos los visitantes, ya viajen hasta la isla en avión o en barco, llegan invariablemente a Ronne, el centro administrativo del archipiélago que, con sus alrededor de 15.000 habitantes, concentra el 40% de la población total.
Por su pequeño tamaño, una excursión por la isla se hace bastante fácil y rápida, pasando por lugares de interés como las características iglesias de planta circular, como Olskirke, de acantilados y de apacibles pueblos pesqueros. A poco más de una hora en barco se llega al pequeño islote de Christiansø, una reserva natural de cría de aves donde aún queda en pie una fortaleza del siglo XVII y donde coches, perros y gatos están prohibidos.
Como en el resto de la media docena de pueblos de la isla, en la capital se conserva un casco antiguo lleno de casas de colores vivos que van desde el amarillo albero o el azulón a un rojo sangre intenso, que en toda Dinamarca se identifica con Bornholm. Éstas son edificaciones sencillas pero llenas de carácter, invariablemente cubiertas de tejas rojas y con paredes decoradas de complejos entramados de madera. Por el contrario, las iglesias están siempre pintadas de blanco y cubiertas con pizarra negra. Vale la pena acercarse al teatro del año 1823, el más antiguo de Dinamarca, y al viejo faro que ha terminado inmerso en el tejido urbano. En el museo regional se cuenta la historia del archipiélago, habitado desde la más remota antigüedad, tal y como lo demuestran los muchos yacimientos arqueológicos descubiertos por todo su territorio. Es un buen lugar donde planear la visita de la isla según los intereses de cada uno.
En apenas 550 kilómetros cuadrados de superficie, numerosos acantilados como los de Jons Kappel y Hellingdommen, densos bosques como el de Almindingen, uno de los más grandes del país, o largas playas de fina arena como la de Dueodde hacen de este enclave una reproducción de los perfiles daneses a pequeña escala.
La isla no sólo exhibe encanto natural. Las ruinas de la fortaleza medieval de Hammershus, las más importantes del norte de Europa, así como las cuatro iglesias redondas de la ínsula, que datan también de la Edad Media –destaca la que se emplaza en Nylars, la mejor conservada–, constituyen sus argumentos arquitectónicos más representativos.
Recorridos diversos
Este archipiélago se puede recorrer fácilmente en coche pero también en bicicleta, que se pueden alquilar en todas las poblaciones. Hay 250 kilómetros de caminos perfectamente señalizados y especialmente reservados tanto para caminantes como para ciclistas. A estos últimos se les ofrece siempre la oportunidad de reponer fuerzas colgando la bicicleta de la parte trasera de uno de los numerosos autobuses que recorren la isla. Hay nueve líneas que cumplen a rajatabla los horarios –con una frecuencia de uno cada hora– además de otros dedicados exclusivamente a rutas temáticas.
Vale la pena aprovechar que el clima es menos lluvioso y más benigno que en el resto del país y recorrer sus escenarios en bicicleta. Pensando en el turista, las autoridades locales han levantado una red de pistas perfectamente señalizada que sobrepasa los doscientos kilómetros y atraviesa todos los puntos de interés. Las cortas distancias –veinte kilómetros de ancho y treinta de largo en sus extremos más alejados, o poco más de cien si se da la vuelta entera a la isla bordeando toda la costa– y la bondad del terreno, llano y carente de dificultad, hacen el resto. Moverse de un lado a otro a golpe de pedal es agradable y muy seguro. También, la mejor forma de fundirse con el paisaje, de atrapar su serena y sosegada belleza. De retroceder en el tiempo y llenarse de toda la esencia de Bornholm.
Si son la Historia y los monumentos lo que se prefiere, hay que elegir el autobús que se acerca a las románticas ruinas del castillo de Hammershus, la mayor fortaleza de Escandinavia, después de hacer parada en alguna de las características iglesias redondas de la isla que fueron construidas en el siglo XII, siempre acompañadas de edificios anexos que hacían las veces de campanarios. El recorrido también incluye la visita de monumentos megalíticos, incluidos círculos de piedra y menhires, además de estelas con inscripciones rúnicas.
Si en cambio se elige una ruta relacionada con los artistas que se han inspirado en la isla, otro autobús hace parada en el Museo de Bellas Artes, que está ubicado en un premiado edificio de arquitectura contemporánea colgado al borde de un acantilado, después de recorrer puertos como Gudhjem, que significa la «Colina de los Dioses», donde prácticamente cada casa está ocupada por un artesano, un ceramista, un pintor o un vidriero. La más espectacular es el estudio museo de Oluf Host donde vale la pena deambular por el jardín, lleno de higueras y otras especies subtropicales.
El principal interés de estas islas radica en el ambiente que se respira, rodeado de una fantasmagórica colección de edificaciones militares milagrosamente bien conservadas. La mayoría data del siglo XVII, aunque también las hay del XVIII y principios del XIX. Éstas son también atracción para los ornitólogos que llegan en otoño y primavera con el objeto de observar las colonias de aves marinas que viven o pasan por ellas. Hay varias excursiones a los islotes deshabitados como Graesholmen, una belleza natural donde nada parece haber cambiado desde el principio de los tiempos. La residencia del comandante militar en Christianso se ha transformado en un cómodo hotel donde pasar la noche y disfrutar al máximo de este rincón secreto del Mar Báltico.
Bornholm tiene también una riquísima arquitectura popular que culmina en los sofisticados molinos que salpican la isla de Norte a Sur y, sobre todo, en los curiosos ahumaderos siempre pintados de colores chillones y coronados de varias chimeneas. Durante el siglo XIX la principal industria de la isla fue el arenque ahumado, y todavía se ven miles de peces secándose al sol antes de ser ahumados. Se comen de docenas de formas diferentes pero lo más típico es con huevo crudo... algo sólo apto para estómagos fuertes.
Playas
Puede parecer una broma, pero en verano quien desee bañarse en una playa del Báltico no encontrará una más larga y bella que la de Dueodde, en el extremo suroeste. Está bordeada de un extenso bosque donde se esconden docenas de casitas de madera, las cuales se alquilan a los veraneantes. El agua de mar puede alcanzar los 24 grados en pleno verano. En otoño es perfecta para dar largos paseos antes de refugiarse en algún hotelito o restaurante donde tomar algo caliente frente a la chimenea.
A 20 kilómetros al Este de la isla principal se encuentra el resto del archipiélago. Sólo dos de las islas menores están habitadas: Christianso y Frederikso. Ambas están comunicadas entre sí a través de un puente y mantienen una comunidad de pescadores y artistas que apenas supera el centenar de personas, aunque con suficientes niños como para mantener la escuela abierta. Tanto desde Gudhjiem como de los puertos de Allinge y Svaneke salen varios ferries cada día, que tardan una hora en llegar a este pequeño paraíso donde no se autoriza el transporte motorizado.
Gastronomía
La cocina local utiliza como principal ingrediente el arenque, que se prepara de formas diferentes. El marisco y el pescado suelen aparecer en casi todas las cartas de los restaurantes. Como en toda Escandinavia, en Bornholm se cuidan mucho los desayunos, que pueden convertirse en verdaderos festines, desde el salmón ahumado a las ensaladas de fruta, pasando por todo tipo de cereales, yogures y quesos.
Llamada la perla del Báltico, es una gran isla de 588 km2, situada 160 km al este de Copenhague, en la entrada suroriental del Báltico, 37 km al sureste de la costa sueca y 90 km al norte de la polaca. Tiene forma romboidal y posee una costa septentrional rocosa, con grandes acantilados graníticos, y una costa meridional llana con amplías zonas arenosas con dunas. El clima templado, el paisaje interior suavemente ondulado y salpicado de pequeños lagos, landas y zonas de bosque, y las huellas del pasado, entre las que destacan las típicas iglesias de planta circular, han hecho del lugar la estancia preferida de un gran número de artistas escandinavos, que acudían a él incluso antes de convertirse en un frecuentado lugar de veraneo.
En sus orígenes, fue habitada por los burgundios desde el siglo II a.C, como lo atestigua el antiguo nombre de Burgundarholm (isla de los burgundios). En el siglo XII la isla entró a formar parte de la diócesis sueca de Lund. Importante territorio de cambio y comercio, ya desde la Edad Media, Bornholm fue repetidamente punto de mira de las incursiones piratas, lo que explica las típicas iglesias redondas. Sometida al dominio de la Liga Hanseática en el siglo XV y de Suecia en 1658, forma parte del reino de Dinamarca desde 1660.
La isla fantástica
La '''perla del Báltico''' es una isla a 160 kilómetros de Copenhague que alberga preciosos pueblos pesqueros, bosques con lagos, grandes acantilados y amplias playas con arenosas dunas. Ahora frecuente lugar de veraneo, era retiro habitual de artistas por su templado clima y hermoso paisaje. Rønne, la capital, fue fundada hace casi siete siglos, y conserva bastantes edificios, fortalezas e iglesias medievales.
Geográficamente debería ser parte de Suecia, pero su población siempre se ha sentido profundamente danesa, hasta tal punto que durante la última ocupación sueca, allá por el siglo XVII, fueron capaces por sí solos de expulsar a los invasores y de ofrecer este grupo de islas al rey de Dinamarca, que prometió integrarla a su reino de forma definitiva.
Lo primero que llama la atención al llegar a Bornholm es la luz, de una claridad casi sobrenatural, y la diversidad de sus paisajes que contrastan con el del resto de Dinamarca, dominado por inmensas llanuras. En la Costa Norte de Bornholm se pueden encontrar acantilados de granito rosa, colinas coronadas por castillos y profundos valles recorridos por torrentes que se precipitan en el mar. Pero también deslumbran los mayores bosques del sur de Escandinavia y las larguísimas playas con la arena blanca más fina del continente. Y todo ello en una superficie que no alcanza los 600 kilómetros cuadrados.
Todos los visitantes, ya viajen hasta la isla en avión o en barco, llegan invariablemente a Ronne, el centro administrativo del archipiélago que, con sus alrededor de 15.000 habitantes, concentra el 40% de la población total.
Por su pequeño tamaño, una excursión por la isla se hace bastante fácil y rápida, pasando por lugares de interés como las características iglesias de planta circular, como Olskirke, de acantilados y de apacibles pueblos pesqueros. A poco más de una hora en barco se llega al pequeño islote de Christiansø, una reserva natural de cría de aves donde aún queda en pie una fortaleza del siglo XVII y donde coches, perros y gatos están prohibidos.
Como en el resto de la media docena de pueblos de la isla, en la capital se conserva un casco antiguo lleno de casas de colores vivos que van desde el amarillo albero o el azulón a un rojo sangre intenso, que en toda Dinamarca se identifica con Bornholm. Éstas son edificaciones sencillas pero llenas de carácter, invariablemente cubiertas de tejas rojas y con paredes decoradas de complejos entramados de madera. Por el contrario, las iglesias están siempre pintadas de blanco y cubiertas con pizarra negra. Vale la pena acercarse al teatro del año 1823, el más antiguo de Dinamarca, y al viejo faro que ha terminado inmerso en el tejido urbano. En el museo regional se cuenta la historia del archipiélago, habitado desde la más remota antigüedad, tal y como lo demuestran los muchos yacimientos arqueológicos descubiertos por todo su territorio. Es un buen lugar donde planear la visita de la isla según los intereses de cada uno.
En apenas 550 kilómetros cuadrados de superficie, numerosos acantilados como los de Jons Kappel y Hellingdommen, densos bosques como el de Almindingen, uno de los más grandes del país, o largas playas de fina arena como la de Dueodde hacen de este enclave una reproducción de los perfiles daneses a pequeña escala.
La isla no sólo exhibe encanto natural. Las ruinas de la fortaleza medieval de Hammershus, las más importantes del norte de Europa, así como las cuatro iglesias redondas de la ínsula, que datan también de la Edad Media –destaca la que se emplaza en Nylars, la mejor conservada–, constituyen sus argumentos arquitectónicos más representativos.
Recorridos diversos
Este archipiélago se puede recorrer fácilmente en coche pero también en bicicleta, que se pueden alquilar en todas las poblaciones. Hay 250 kilómetros de caminos perfectamente señalizados y especialmente reservados tanto para caminantes como para ciclistas. A estos últimos se les ofrece siempre la oportunidad de reponer fuerzas colgando la bicicleta de la parte trasera de uno de los numerosos autobuses que recorren la isla. Hay nueve líneas que cumplen a rajatabla los horarios –con una frecuencia de uno cada hora– además de otros dedicados exclusivamente a rutas temáticas.
Vale la pena aprovechar que el clima es menos lluvioso y más benigno que en el resto del país y recorrer sus escenarios en bicicleta. Pensando en el turista, las autoridades locales han levantado una red de pistas perfectamente señalizada que sobrepasa los doscientos kilómetros y atraviesa todos los puntos de interés. Las cortas distancias –veinte kilómetros de ancho y treinta de largo en sus extremos más alejados, o poco más de cien si se da la vuelta entera a la isla bordeando toda la costa– y la bondad del terreno, llano y carente de dificultad, hacen el resto. Moverse de un lado a otro a golpe de pedal es agradable y muy seguro. También, la mejor forma de fundirse con el paisaje, de atrapar su serena y sosegada belleza. De retroceder en el tiempo y llenarse de toda la esencia de Bornholm.
Si son la Historia y los monumentos lo que se prefiere, hay que elegir el autobús que se acerca a las románticas ruinas del castillo de Hammershus, la mayor fortaleza de Escandinavia, después de hacer parada en alguna de las características iglesias redondas de la isla que fueron construidas en el siglo XII, siempre acompañadas de edificios anexos que hacían las veces de campanarios. El recorrido también incluye la visita de monumentos megalíticos, incluidos círculos de piedra y menhires, además de estelas con inscripciones rúnicas.
Si en cambio se elige una ruta relacionada con los artistas que se han inspirado en la isla, otro autobús hace parada en el Museo de Bellas Artes, que está ubicado en un premiado edificio de arquitectura contemporánea colgado al borde de un acantilado, después de recorrer puertos como Gudhjem, que significa la «Colina de los Dioses», donde prácticamente cada casa está ocupada por un artesano, un ceramista, un pintor o un vidriero. La más espectacular es el estudio museo de Oluf Host donde vale la pena deambular por el jardín, lleno de higueras y otras especies subtropicales.
El principal interés de estas islas radica en el ambiente que se respira, rodeado de una fantasmagórica colección de edificaciones militares milagrosamente bien conservadas. La mayoría data del siglo XVII, aunque también las hay del XVIII y principios del XIX. Éstas son también atracción para los ornitólogos que llegan en otoño y primavera con el objeto de observar las colonias de aves marinas que viven o pasan por ellas. Hay varias excursiones a los islotes deshabitados como Graesholmen, una belleza natural donde nada parece haber cambiado desde el principio de los tiempos. La residencia del comandante militar en Christianso se ha transformado en un cómodo hotel donde pasar la noche y disfrutar al máximo de este rincón secreto del Mar Báltico.
Bornholm tiene también una riquísima arquitectura popular que culmina en los sofisticados molinos que salpican la isla de Norte a Sur y, sobre todo, en los curiosos ahumaderos siempre pintados de colores chillones y coronados de varias chimeneas. Durante el siglo XIX la principal industria de la isla fue el arenque ahumado, y todavía se ven miles de peces secándose al sol antes de ser ahumados. Se comen de docenas de formas diferentes pero lo más típico es con huevo crudo... algo sólo apto para estómagos fuertes.
Playas
Puede parecer una broma, pero en verano quien desee bañarse en una playa del Báltico no encontrará una más larga y bella que la de Dueodde, en el extremo suroeste. Está bordeada de un extenso bosque donde se esconden docenas de casitas de madera, las cuales se alquilan a los veraneantes. El agua de mar puede alcanzar los 24 grados en pleno verano. En otoño es perfecta para dar largos paseos antes de refugiarse en algún hotelito o restaurante donde tomar algo caliente frente a la chimenea.
A 20 kilómetros al Este de la isla principal se encuentra el resto del archipiélago. Sólo dos de las islas menores están habitadas: Christianso y Frederikso. Ambas están comunicadas entre sí a través de un puente y mantienen una comunidad de pescadores y artistas que apenas supera el centenar de personas, aunque con suficientes niños como para mantener la escuela abierta. Tanto desde Gudhjiem como de los puertos de Allinge y Svaneke salen varios ferries cada día, que tardan una hora en llegar a este pequeño paraíso donde no se autoriza el transporte motorizado.
Gastronomía
La cocina local utiliza como principal ingrediente el arenque, que se prepara de formas diferentes. El marisco y el pescado suelen aparecer en casi todas las cartas de los restaurantes. Como en toda Escandinavia, en Bornholm se cuidan mucho los desayunos, que pueden convertirse en verdaderos festines, desde el salmón ahumado a las ensaladas de fruta, pasando por todo tipo de cereales, yogures y quesos.
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1
Bornholm y Christiansø: las islas mágicas de Dinamarca
Dinamarca | 23 de febrero de 2006
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2
Rønne
-
3
Christiansø
Christiansø, Dinamarca | 16 de marzo de 2010
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