Desiertos de Chile: tesoros naturales bajo la aridez

Escribe: Elduende
Al pie de la cordillera, sobre la costa más seca del mundo, Iquique es un puerto que vive recordando sus épocas doradas. En este mundo mineral los paisajes son duros y hermosos a la vez, los cielos siempre azules y las montañas cambian de tonalidades con la luz solar. La verdadera riqueza de estos desiertos está en realidad en su subsuelo ansioso de explotar con los colores de sus flores. Un paisaje y miles de colores y aromas para disfrutar.

 

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Atacama

Desierto de Atacama, Chile — miércoles, 24 de febrero de 2010

Atacama es la otra gran atracción turística de la región. Este desierto se encuentra en medio de la Cordillera, a unos 300 kilómetros de Iquique. En el camino hay numerosas paradas interesantes: en las afueras de Iquique vale la pena visitar Humberstone, pueblo fantasma que fue antiguamente un próspero centro minero. En sus alrededores está el Gigante de Atacama, un geoglifo: se trata de una gigantesca representación humana hecha con pedazos de roca de colores en el flanco de la montaña. Antofagasta, sobre la costa, es la mayor ciudad del norte chileno. Su historia es semejante a la de Iquique y en su centro histórico conserva mansiones inglesas de madera. Ya en la cordillera, Calama es la ciudad más alta de Chile, a 2700 metros de altura. Esta ciudad nació para recibir a los obreros de las gigantescas explotaciones, que fueron una fuente de conflictos recurrentes entre sus propietarios norteamericanos y el estado chileno, hasta su nacionalización en 1971. El destino de este viaje por la Cordillera árida y muy calurosa es San Pedro de Atacama, que se levanta en una oasis al norte del inmenso salar que lleva su nombre. Se trata de un pueblito de casas de adobe, de unos mil habitantes, a 2440 metros de altura. Con el tiempo y con la apertura del lujoso Hotel Explora se convirtió en uno de los centros principales de turismo de aventura en Chile, y un destino entre los más populares de América Latina. En el pueblito hay numerosas hosterías, pero ninguna puede ofrecer experiencias como este lujoso y a la vez ecológico hotel, un singular emprendimiento turístico que se encuentra en los dos extremos de Chile (existe otro hotel en Torres del Paine, en la Patagonia chilena).

El principio de Explora es residir en el lugar mismo que se va a visitar, en un hotel que brinda el máximo confort pero que se adecuó a las realidades del lugar donde se encuentra. Es un valor agregado para toda estadía en Atacama, de por sí rica en descubrimientos. El primero es generalmente la visita que se hace al Pukará de Quitor, a unos tres kilómetros del pueblito. Se trata de las ruinas de una fortaleza del siglo XII, que formaba un núcleo de poblamiento con Catarpe, antiguo centro administrativo y comercial incaico. Ambos sitios se visitan y recuerdan que sus ocupantes resistieron a Pedro de Valdivia en su paso por la zona en 1540. El salar cuyo extremo norte llega hasta San Pedro es un lago de aguas saladas evaporadas. Es como un mar blanco, que se puede avistar solamente después de tomar estrictas medidas para protegerse cuerpo y ojos.

Mucho más impactantes son los géiseres de El Tatio, los más altos del mundo, a 4300 metros de altura. No ofrecen el mismo espectáculo que los géiseres de Yellowstone en Estados Unidos o de Islandia, con sus impresionantes chorros de agua caliente lanzados hacia el cielo, pero sí una constante nube de humo que forman un paisaje único en medio de la Cordillera. Esta visita se completa generalmente con la de las Termas de Puritama, una serie de cascadas y piletones naturales de aguas termales volcánicas. En medio de este desierto tan extremo, estas termas parecen como un regalo surgido de la nada. El placer de sumergirse en sus aguas es así doble, bajo el cielo siempre azul del norte chileno.


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