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Diarios de camioneta (Redefiniendo el concepto de Turismo Aventura)

Escribe: khitto
Realizar el viaje al Machi Picchu surgió alrededor de Julio. La idea era ir por Bolivia a Cuzco, conocer el Machu Picchu, volver por Lima y regresar a Argentina, pasando por Chile. Sobre la marcha, como verán el itinerario se fue modificando.

 

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Etapa 3: Atocha (Bolivia)-Desaguadero (Bolivia)

Desaguadero, Bolivia — domingo, 28 de diciembre de 2008

Nos levantamos alrededor de las 5 hs. local, nos bañamos en la habitación que tenía baño privado, preparamos unos mates, sacamos el vehículo de garage, seguía largando humo blanco, pero sonaba bien, ningún problema, el dueño del hospedaje nos indicó cual era el mejor camino para llegar al Salar de Uyuni, nos dijo que lo que se encontraba en mejor estado era el lecho seco del río, cuyo curso era seguido por la traza de la ruta y también por la vías férreas; asimismo nos advirtió que el único inconveniente sería encontrarse con una sorpresiva riada producto de alguna lluvia en la cuenca superior, por lo que descartamos de plano transitar por el lecho del río. Al salir del pueblo todavía seguía la fiesta de boda.

Encabezamos la marcha nosotros, seguidos por Marito y por Walter, el camino estaba en regular estado, salvo algunos tramos en los que cruzaba algún arroyo, donde debíamos esperar a por el vehículo de menor porte, para que no tuviese problemas con el vadeo. Rato después, y ya habiendo clareado el día, la camioneta de Marito se nos pone al costado, nos hace señas y nos toca bocina, nos detenemos para averiguar el motivo y nos dicen que vamos perdiendo combustible, comprobamos entonces que debido al traqueteo se nos había roto uno de los bidones, pudimos salvar unos litros de gasoil, pero los bolsos se habían empapado totalmente. Continuamos, el cielo comenzó a nublarse.

Llegamos a Uyuni, un pequeño poblado, completamos la carga de combustible en el depósito y en el único bidón que nos quedaba y partimos hacia Colchani que es el centro de explotación salina. Había comenzado a llover. Al arribar la lluvia seguía, descendimos al borde del salar y decidimos que hacer, la salina estaba cubierta por una capa de agua, que pudimos comprobar que no era muy profunda, a unos 200 metros de donde nos encontrábamos se divisaba a un grupo de hombres que con palas cargaban un camión con sal, en este caso ya no advertía la presencia de agua, por lo tanto hacia allí fuimos, al llegar nos indicaron que la presencia de agua se debía a la extracción del mineral que dejaba una pequeña oquedad en el terreno. Asimismo nos indicaron un pequeño punto que se veía en el horizonte que se trataba del hotel de sal, distante unos 10 kms. Recomiendan que nadie se interne en el salar sin guía, nosotros hicimos caso omiso de ello y nos adentramos en él.

Era un inmenso mar blanco, en este caso tirando a gris debido a que había dejado de llover, pero el cielo aún se encontraba encapotado. Varios minutos después arribamos al hotel de sal, donde luego de sacarnos las fotos de rigor en una especie de plaza de banderas, y en los alrededores, ingresamos al interior, el hotel está integramente construido de bloques de sal, el techo es de paja, las aberturas de madera, incluso el mobiliario, mesas, sillas, camas, etc son de sal; posee además un pequeño museo con esculturas de sal. Dispone de un par de habitaciones para pernoctar, cuya estadía está en el orden de los 25 dólares por persona con cena incluída, cuyas camas de sal estan cubiertas con pieles de alpacas a nodo de cobijas.

Cada tanto llegaban camionetas todoterreno con turistas. Al decidir no tomar ninguna excursión, decidimos volver, pero juramentándonos volver y hacer la recorrida más completa en otra ocasión. En el regreso comenzamos a hacer piruetas con los vehículos sobre una superficie que para entonces, el sol había aparecido en plenitud, brillaba como un espejo y hería los ojos. A la salida del pueblo compramos una gaseosa, obvio al clima, y preguntamos a unos viajeros que venían del lado opuesto, que camino tomar para seguir adelante, nos dijeron que siguieramos hacia Oruro. El camino seguía siendo medianamente bueno, hasta que llegamos a un arroyo en el que nos encontramos con un camión atascado y semivolcado desde la noche anterior, aparentemente le erró en el cálculo, descendimos y buscamos otro paso alternativo, lo hallamos y cruzamos, con la única novedad mala para los que se habían descalzado y buscaron el vado, un hermoso olor.

Luego de cruzar un poblado nos encontramos con un asfalto nuevo que todavía no estaba habilitado, seguimos paralelos al mismo, llegamos a Santiago de Huari, ascendimos al asfalto nuevo. Más adelante arribamos a Challapata, donde paramos a almorzar, tomamos una sopas y comimos unos emparedados de queso challapateño, una esquisitez. Walter fue a ver si conseguía cambio, tenía sólo pesos argentinos, volvió pero sin nada porque no le convenció la cotización. A la salida del pueblo nos encontramos con un peaje, lo abonamos y también el del otro vehículo que obvio no tenían dinero boliviano. Arribamos a Oruro en donde paramos para que almuercen los que no lo habían hecho en la parada anterior, adivinen quienes.

Estabamos ya en una ruta sumamente transitada por lo que quedamos en que nos reuniríamos en la primer estación de servicio de El Alto, localidad anterior a La Paz, pero que en la práctica se halla unida a ésta. Al oscurecer llegamos, pero no hallamos ninguna estación de servicio, por lo menos a nuestra derecha, por tanto continuamos por una autopista hacia la ciudad, nos hallamos de pronto inmersos en un caos de tránsito, rodeados de miles de combis, cuando pudimos desviamos a la derecha y nos alejamos del barullo, nos detuvimos a un par de cuadras de allí y salimos caminando a buscar una casa de cambio, cambiamos unos dólares y luego de consultar con un policía como hacer para salir hacia Desaguadero, lo hicimos. Comenzó a llover, hallamos nuestra ruta y avanzamos, nos percatamos que andaríamos justo con el combustible, por lo que en cada estación entrábamos, estaban todas cerradas, luego de golpear en una nos dijeron que por la noche no atendían, por lo que debimos volver a El Alto a ver si conseguíamos. Lo hicimos y volvimos a la ruta, la lluvia se hizo más intensa, y no llegábamos nunca.

El cansancio era mucho y a fin de despejarnos, abríamos las ventanillas, por lo cual la lluvia nos mojaba y el frío se hacía intenso. Llegamos al puesto de Desaguadero, nos informaron que se abría recién a las 9 de la mañana, por lo que regresamos al pueblo, a escasos kilómetros. Luego de una breve recorrida, el pueblo espequeño, hallamos frente a un hotel estacionada la camioneta de Marito. Bajamos, nos registramos y nos dispusimos a dormir, esta vez tampoco teníamos habitación con baño privado, pero debido al cansancio acumulado no nos peocupamos en demasía. Eran alrededor de la medianoche y había concluído otra agotadora jornada, ya estabamos cerca de Perú.

Tips:

No se pierdan de hacer los tours.

En Desaguadero, Bolivia


Publicado el 28/abr/2009, 15.30
Modificado el 10/feb/2010, 02.47
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