India, Octubre 2011

Escribe: Viajero1999
Veinte días han pasado desde que regresé de un viaje por el que llevaba años esperando. Hace 4 años, poco después de acabar la Universidad, me fuí a vivir a Londres durante unos meses hasta decidir qué hacer con mi vida. Allí conocí mucha gente muy distinta a la mayoría de nosotros, gente que viajaba en cuanto conseguía ahorrar unas pocas libras, gente que viajaba a los sitios más insospechados. Allí me hablaron de India, y me entró un interés que cuatro años después puede sat

 

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Delhi

Delhi, India — domingo, 2 de octubre de 2011

A las ocho de la mañana llego a Delhi, y nada más salir del aeropuerto, compruebo lo que va a ser una constante a lo largo del viaje: el regateo. Reconozco que no soy bueno en ese tema, así que, tras comprobar el exagerado precio que me pedía la primera compañía de taxis que encontré, decidí hacerle caso a unos españoles que conocí en el avión y contratar un taxi de prepago en uno de los mostradores del aeropuerto. Pagué unas 350 rupias, lo cual no está tan mal.
Me dirigí hata mi taxi, un Seat Panda (o algo muy parecido...) como los que sólo ves en España en los desgüaces y chatarrerías. El taxista, un indio de lo más típico, me indicó desde el primer momento como se conduce en India: despacio, lo que es de agradecer dado lo que voy a contar, pero por el medio de la carretera, por el arcén, adelantando indistintamente por la izquierda o la derecha, el claxon sonando cada 5 segundos, etc, y sobre todo, con la ventana siempre bajada para poder expulsar los frecuentes escupitajos con que esta gente obsequia al turista. 
En el trayecto hasta el Hotel Ívory Palace, vi la realidad India de la que tanto me habían hablado: chabolas, suciedad, pobreza, etc. Hubo un detalle que me gustaría comentar. En un semáforo, vi a dos niños jugando y riendo con sus padres. De repente me ven mirando para ellos, y automáticamente el niño coge a su hermanita medio desnuda de la mano, y viene hasta la ventanilla trasera del taxi, y pone la cara de más pena que puedas imaginar, para pedirme dinero. La verdad la escena era triste, pero llama la atención el cambio en la cara del niño, desde la felicidad dentro de su pobreza, a la cara de pena para conseguir unas rupias. Cuando el semáforo se puso verde, el taxista rió y arrancó el coche.
Viendo toda esta pobreza, algo que me preocupaba y que todavía no he contado se hacía más grande. Mi novia había llegado la noche anterior desde Bruselas, y pese a tener un conductor contratado que la llevaba al  hotel directamente, yo no sabía aún nada de ella. 
Finalmente, treinta minutos después de salir del aeropuerto, el taxista me dejó en la puerta de nuestro hotel. Nervioso por encontrarme con ella, le di unas diez o veinte rupias de propina y me dirigí directo al hotel, obviando las críticas que el taxista me decía por considerar insuficiente mi propina.
Al llegar al hotel, que no estaba tan mal como el barrio en que estaba parecía indicar, me confirmaron la habitación donde ella estaba. Un minuto después estábamos juntos, y comprobé que la oscuridad de la noche cuando ella llegó le había impedido ver toda la miseria que yo temía le hubiera desilusionado.

Tras un breve descanso y una más que merecida ducha, dejamos el hotel. El recepcionista "amablemente" nos había proporcionado un taxi hasta una agencia de turismo en el centro. Al llegar allí comprobamos que era una agencia privada que sólo pretendía ganar dinero reorganizándonos las vacaciones colocándonoes en sus hoteles y con sus transportes. En cuanto salimos de ahí, diciendo que no estábamos interesados, comprobamos por primera vez lo pesados que pueden llegar a ser los indios, puesto que pese a haber salido por la puerta nos seguína diciéndonos que ese no era el camino, que por qué no hablábamos con él, que él ofrecía un servicio mejor, un hotel mejor, etc etc. Finalmente llegamos caminando hasta Main Bazar, en el barrio de Pahagang, donde estaba nuestro hotel, el Hotel Star Paradise. No fue un paseo agradable, puesto que este barrio está abarrotado de comerciantes que te acechan para ofrecerte todo tipo comida, taxis, telas u hoteles. Al principio erámos simpáticos con ellos (mi novia más que yo, la verdad...), pero al final llegamos a la conclusión de que la única solución es ignorarlos.
Tras dejar aliviados las mochilas, y una ducha para sofocar el calor y cansancio, salimos a pasear por la ciudad. Visitamos la calle Main Bazar, con sus bazares, caminamos hasta Connaught Place, cogimos un rick shaw hasta el Red Ford y sus alrededores, Chandni Chowk.  Nos colamos en la Jami Masjid, la mezquita más grande de la India. En fin, un largo y agobiante, pero realmente interesante paseo por la vieja Delhi.
Al anochecer, nos fuimos al hotel a descansar, y caimos rendidos en pocos minutos.


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