Diarios de viaje > Europa

Con la mochila al hombro

Escribe: Nogy
Los viajeros nunca llegaremos a conocer verdaderamente los destinos que dejamos a nuestras espaldas, sin embargo, nos acercamos a su realidad mucho más que aquellos que nunca han salido de sus casas. Cada vez que unos de nosotros cuenta su experiencia, abre una ventana al resto del mundo. Quizá, la curiosidad nos haga ver que, en realidad, el mundo es una pequeña aldea.

 

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Dedinky, el destino sorpresa

Dedinky, Eslovaquia — miércoles, 21 de enero de 2009

El recorrido en coche duró unos minutos que aprovechamos para conversar con la familia que amablemente accedió a llevarnos. Nos comentaron que el lugar al que nos dirigíamos era un enclave de turismo checo, sobretodo en invierno cuando se abrían las pistas de esquí.
El coche nos dejó enfrente de un elegante hotel de madera. El hombre de voz grave nos acompañó hasta la recepción, recogió las llaves de la habitación y nos las entregó.  El destino sorpresa al que habíamos llegado se llamaba Dedinky, un pequeño pueblo de montaña levantado al pie de un enorme lago y rodeado de montañas pobladas de esbeltos árboles. La bruma flotaba sobre el agua convirtiendo aquello en un paraje mágico. Había algunos barcos pescando bajo un sol debilitado por la niebla y algunos senderistas se encaminaban hacia la montaña.
Hacía tan sólo una hora que nos encontrábamos perdidos en algún lugar de Eslovaquia y ahora nos hallábamos en uno de los paisajes mas hermosos que he conocido. Es la brujería de la aventura de viajar.
Dejamos el equipaje en la habitación del hotel y nos dimos un paseo por el pueblo. La gente nos miraba con curiosidad, no suelen llegar allí mochilistas. Había casas encaladas con tejados negros de pizarra y cuidados jardines. Vimos un chiringuito y nos sentamos a disfrutar de unas cervezas. Una pareja de niñas se cruzó con nosotros y nos saludó en eslovaco. Nosotros respondimos con un hello. Las niñas se dieron la vuelta y con la cara arrugada por la sorpresa, replicaron-¿helloo?
Allí nadie hablaba inglés, así que todo se hacía por señas. A la hora de comer se nos antojaron unas salchichas enormes que habíamos visto a unos comensales. Al llegar a la barra del chiringuito, el camarero nos ofreció un listado de platos, pero estaban escritos en eslovaco y no los entendíamos. Queríamos salchichas, así que fuimos hasta la mesa donde las estaban y se las mostramos al camarero. Otro problema vino a la hora de pagar, en la lista figuraba un precio pero nos cobraron más, parece ser que allí se paga por peso, o al menos, eso entendimos. De todos modos, nos daba igual, no habíamos llegado al paraíso para discutir sobre el precio de una salchicha sino para disfrutar de él

Tips:

De poco sirven los idiomas en esta región de Eslovaquia. En estos casos son muy útiles los libros de fotografías.

En Dedinky, Eslovaquia


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El sol se estaba ocultando tras las montañas cuando llegamos al hotel

   

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