Siria: cuna de civilizaciones

Escribe: Budha
Siria ocupa un lugar privilegiado por encontrarse en plena encrucijada de caminos entre Europa y Asia. Su posición estratégica en las rutas comerciales en la época de la Historia antigua convirtió su territorio en un lugar de encuentro para las diferentes culturas que se desarrollan en el Mediterráneo oriental. Ubicada en pleno centro del Creciente Fértil, formaba parte de Mesopotamia, una de las primeras civilizaciones.

 

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Siria: cuna de civilizaciones

Damasco, Siria — domingo, 5 de diciembre de 2004

Siria ha recibido múltiples influencias culturales y todas ellas han dejado sus huellas en forma de magníficos vestigios que hoy pueden ser visitados. Desde el desierto hasta la orilla del mar Mediterráneo, todas las civilizaciones mesopotámicas han dejado su huella, pero también griegos, persas, hititas, romanos, arameos, bizantinos... Y cuando el Islam impuso su hegemonía, lo hizo bajo su manto más tolerante y culto.
En la costa Mediterránea es importante la ciudad de Latakia, como gran puerto comercial, y Tartus, como primer enclave fenicio y hoy próspera ciudad litoral cuya catedral gótica de Nuestra Señora de Tortosa fue fundada por los Cruzados. Otras ciudades modernas importantes son Homs, rica ciudad del centro del país; Hama, a orillas del río Orontes con sus famosas norias; Deir Ez-Zor, bañada por el mítico río Eúfrates; Idlib, ciudad burguesa que alberga el Museo de las tablillas; Raqqa, ciudad con restos de época islámica; y Hasakeh, muy importante en la Djezire, la zona agrícola-cerealística por excelencia. Los museos de todas estas ciudades albergan riquezas imposibles de igualar.

Sin embargo, el mayor privilegio del viajero es poder visitar ciudades antiguas como Ebla, ciudad-estado del 2500 a.C. en cuyo palacio aparecieron 17.000 tablillas cuneiformes; Mari, del III milenio a. C., al borde del mítico río Eúfrates; Ugarit, donde nace el alfabeto; Palmira, monumental ciudad helenística a orillas de un oasis, bosque inmenso de palmeras y olivos; Bosra, ciudad romana viva, muchos de cuyos monumentos siguen estando habitados; Apamea, la llamada esmeralda de Siria por su verde campiña; San Simeón, conjunto bizantino; Crac de los Caballeros, impresionante castillo de los Cruzados donde se alojó Ricardo Corazón de León; el castillo de Saladino...

La iglesia construida sobre un sueño

Qalaat Seman se encuentra a 40 kilómetros al noroeste de Alepo y aquí se localizan las ruinas de la iglesia de San Simeón, que fue erigida en honor de este santo, también conocido como Simeón el Estilita.
Según parece, este santo permaneció durante 36 años encima de una columna con el deseo de aislarse del mundo buscando su paz interior y estar más cerca del cielo. Era un pastor venido del norte de Siria que se hizo monje como resultado de un sueño.

De la columna no subsiste más que un pequeño muñón de un par de metros; el resto se ha perdido a causa de la devoción al santo. Durante muchos siglos (Simeón murió en el año 459) todos los peregrinos y visitantes del lugar quisieron llevarse un recuerdo, un trozo de la columna del prodigio o siquiera un poco de polvo. De esta manera, el pilar fue desgastándose y desapareciendo.

Poco después de su muerte, se construyó una de las más bellas iglesias de Oriente en la colina donde el santo había permanecido subido en su estrecho habitáculo. Cuatro basílicas dispuestas en forma de cruz que creaban una especie de plaza octogonal, cubierta por una cúpula en cuyo centro se situaba la columna sagrada.

En las ruinas actuales todavía se puede adivinar la sencillez y el equilibrio que conjugan las formas de un edificio considerado como una de las obras maestras del arte sirio preislámico. La bóveda central descansa sobre un conjunto de columnas, pilastras y bóvedas de gran armonía que tienen su continuación en las capillas laterales con ventanas de medio punto.

Malula

El pequeño pueblo de Malula se encuentra en un valle encajonado al pie de una serie continua de acantilados, a más de 1.600 metros de altitud. Bajo escarpadas y desnudas paredes pétreas, un enjambre de casas se eleva una encima de otra dispuesta de tal manera que las azoteas de unas sirven de callejones y pasos a las de más arriba.
Algunas están materialmente colgadas de los salientes de los acantilados casi desafiando la ley de la gravedad. Sus colores amarillos, azules o malvas contrastan con el ocre de las rocas. Diminutas ventanas y aberturas, pequeñas galerías sostenidas por inseguros tablones de madera y pequeñas puertas adornan estas construcciones cúbicas. Todo en la ciudad es casi irreal, como el idioma que utiliza su población: el arameo, la antigua lengua que dominó Oriente Próximo y en la que predicó Cristo.

Bosra

La ciudad de Bosra es una de las más antiguas de Siria. Ya era mencionada en los inventarios de Tutmosis III y también su nombre aparece en la Biblia. Fue una de las primeras ciudades de los nabateos, en el siglo I, antes de ser constituida por los conquistadores romanos como la capital de la provincia de Arabia.

Como muchos otros enclaves de Oriente Próximo, fue encrucijada de caravanas, lo que contribuyó de manera decisiva a su gran desarrollo comercial, siendo elegida como residencia permanente por el legado imperial romano. Bosra tuvo, asimismo, un importante papel en la historia del cristianismo primitivo, estando también ligada a la historia de los comienzos del Islam.

Apamea


Apamea debe su nombre a una princesa persa, esposa de Seleucos Nicator. Es una antigua ciudad grecorromana construida en el año 300 a.C. en una posición privilegiada ya que dominaba el río Orontes y la llanura de Ghab.

En la antigüedad, fue una próspera ciudad que llegó a tener casi 200.000 habitantes y vio pasar a algunas de las figuras históricas más legendarias: Cleopatra, que acompañó a Marco Antonio en su campaña contra Armenia; Septimio Severo, legado de la legión escita; el emperador Caracalla, a su regreso de un viaje a Egipto, y muchos otros.
Hoy, de aquella hermosa ciudad sólo queda el recuerdo de su gloria pasada y unas extraordinarias ruinas, mudo testigo de su antiguo esplendor.

El río de la vida

El Eúfrates, Al-Furat en árabe, es un río mítico e histórico, fuente de vida en una zona donde el agua es un verdadero tesoro. Desde la más temprana antigüedad, las primeras civilizaciones se asentaron en sus orillas buscando el líquido como elemento de supervivencia.

También hoy, este curso de agua, sigue siendo vital para la vida y el desarrollo en la región. El enorme embalse de Assad permite irrigar áreas que hasta ahora eran estériles y la presa de Tabka, de ingeniería soviética, proporciona al país energía hidroeléctrica en abundancia. Todo ello gracias al mismo río que, en sus 2.400 kilómetros de longitud, vio nacer y desaparecer civilizaciones enteras y en cuya ribera se dice que estaba el mismísimo Jardín del Edén.

El Eúfrates entra en el país cargado de limo del Taurus y, a lo largo de su cauce, y durante los desbordamientos, lo va depositando en los terrenos anegados fertilizándolos. De esta manera este curso de agua es, desde siempre, fuente de vida. Allí por donde pasa, la naturaleza crece a su alrededor.

Tips:

Clima: El clima es mediterráneo en la costa con veranos calurosos y soleados, y seco en el desierto. El invierno es algo húmedo en la costa y más bien frío en el interior. En cuanto a los veranos, son cálidos y secos en el interior y cálidos aunque húmedos en la costa. El cielo está despejado la mayor parte del año. Es aconsejable llevar ropa y calzado cómodo para las visitas y algo más formal para las salidas nocturnas. Gafas de sol, crema de protección solar, y alguna prenda para cubrirse la cabeza, son muy necesarias en la época de calor. De octubre a mayo se aconseja llevar alguna prenda de abrigo ya que el tiempo refresca. La mejor época para visitar el país es en primavera, es decir, los meses de abril, mayo y junio, y en otoño, es decir, septiembre y octubre. En estas épocas el clima es más benigno para poder realizar las visitas.

En Damasco, Siria

Moneda: La unidad monetaria es la libra siria, conocida localmente como lira, que se divide en 100 piastras (qirsh). Existen en circulación monedas de una libra, media libra y un cuarto de libra, aunque estas últimas son muy raras. En papel moneda existen billetes de una libra, de 5, 10, 25, 50, 100 y 500. Se puede cambiar moneda en bancos y hoteles indistintamente, ya que es el mismo cambio al estar regulado. La mejor moneda para llevar al país son los dólares americanos, aunque otras monedas europeas también son aceptadas.

En Damasco, Siria

Transportes: En el país existe un moderno sistema de transporte mediante autobuses que comunican las principales ciudades del país. También, si se desea, se pueden alquilar coches con facilidad. En las ciudades hay taxis colectivos e individuales; estos últimos de color amarillo, con taxímetro y a precios bastante asequibles.

En Damasco, Siria

Gastronomía: Entre las especialidades que se nos ofrecen, cabe destacar el shawarma, carne asada servida en pan de pita; el felafel, pasta de garbanzos molidos y fritos; la tabula, ensalada de trigo con cebolla y tomate; el kebab, cordero asado; el sish kebab, un pincho de carne macerada hecha a la brasa; el hummus, pasta de garbanzos con ajo y limón; el muttabal, puré de berenjenas; el labne, yogur; los dulces de Damasco, el kibbehú y el meshwi. La bebida nacional es el arak, anís seco con agua. En Siria se produce también un vino muy característico y cerveza.

En Damasco, Siria

Souvenirs: En los zocos se pueden encontrar multitud de artículos interesantes a buen precio, como artesanía, sedas, tapices, brocados, vidrio soplado artesanal, esencias, bordados, pequeños muebles, objetos de cobre y bolsos de cuero. En los anticuarios se encuentran excelentes ejemplos de azulejos antiguos, joyería beduina y brazaletes. Si se compra oro o plata es prudente asegurarse de la calidad del metal. No hay que perderse el zoco de Alepo, una auténtica maravilla.

En Damasco, Siria


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