Dejábamos Cusco mientras volvía a llover, estaba oscuro. Se lo extrañaría.
El colectivo era bastante cómodo y contaba con servicio a bordo. Iba a ser un viaje tranquilo, sin dudas, hasta que por la madrugada el coche paró. Llovía torrencialmente y la azafata vino a nosotros para avisarnos que acababa de pasar un hayco por la ruta. El móvil no podía circular hasta que vengan máquinas de algún pueblo cercano (que no sabré) a abrir camino.
Las luces se apagaron por la batería del coche y no podíamos bajar; sobretodo porque la situación estaba bastante peligrosa.
Al cabo de 3 hs, el coche ya era un horno y el aire estaba saturado; por suerte, pudimos volver a iniciar camino; aquello era una bendición!!
Por la mañana el viaje continuó sin pormenores, salvo algunas paradas de minutos en sectores debido a que estaban arreglando las rutas. Hacia el mediodía, o antes (no recuerdo bien) un colectivo que venía delante nuestro de la empresa flores, tuvo un accidente.
Los teléfonos no tenían señal, no había forma alguna de avisar a una ambulancia por lo que el colectivo nuestro, lo trasladaría a Puquio, el pueblo mas cercano. Junto a nos, iban dos estudiantes de medicina de la UBA, realmente se lucieron con su botiquín y sus esfuerzos por contener al chico, nuestro nuevo tripulante, con un hierro clavado en su pierna.
Pasada cerca de dos horas, lo dejamos en destino donde sería hospitalizado. Seguimos nuestro viaje, parando en Nazca para almorzar. El clima aquí era totalmente distinto, hacía muchísimo calor, el sol estaba radiante... cocinaba!!.
De allí, sin más sobresaltos.
Después de un trayecto interminable, y 27 hs de viaje... fuimos avistando el mar mientras el sol caía... por fin Lima a lo lejos aparecía. Bella, totalmente iluminada en la noche...