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Volver a Nacer...32 Años Despues

Escribe: lcasal
Es el relato de mi viaje hacia Machu Picchu, haciendo coincidir mi cumpleaños 32 con la vista de la Ciudadela. Es un relato muy detallado de todo lo que senti desde que partí de Buenos Aires hasta que tomé mi vuelo de vuelta desde Lima. Tiene cosas muy particulares sobre sentimientos muy propios acompañados de la descripcion del maravilloso paisaje que fui recorriendo y jamas voy a olvidar.

 

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Mi viaje comienza un 7 de agosto

Cuzco, Perú — domingo, 7 de agosto de 2011

Fue una noche rara, no podía dormir, estaba con un ataque de ansiedad insoportable. Me desperté mucho antes sin despertador ¡la puta madre! Me levanté y me di una ducha para despertar las neuronas y calmar la ansiedad que me atormentaba. Una vez acondicionado un poco, agarré mi mochila, mi valija y me senté a esperar a Mariano, mi compañero de viaje, a que me pase a buscar por mi casa para dirigirnos a Ezeiza. Los minutos pasaban y Mariano no llegaba, lo cual me ponía un poco nervioso, para no despertar a su flia, le mande un mensaje a él y a su esposa Camila que era teóricamente la que nos llevaría al aeropuerto. Bueno nunca recibí respuesta de los mensajes por lo que me dispuse a llamarlo por las dudas de que se hubiese dormido. Al final pasó a buscarme, culpó a su esposa, como corresponde a un macho, jajajaj y fue su padre (colectivero de años) el que nos llevó para Ezeiza. Temprano en la ruta, nos tomamos unos regios mates hasta llegar al aeropuerto.

Una vez adentro nos presentamos en el escritorio de LAN y ya arrancamos con las paisanadas, nos retaron por llegar tarde, pero ajaaaaaa eso nos sirvió para saltar la cola y avanzar más rápido. Bueno una vez pasada la burocracia, papeleos y todo eso, nos dispusimos a abordar el avión LAN 4640 con destino a la Ciudad de Lima.
Una vez dentro del avión, que decir?, todo muy tranquilo, espacioso, confortable, aunque es imposible dormir en un avión. Igualmente con el cansancio que tenía le hice un poco de honor a Morfeo y me dormí aunque solo fueran 20 minutos. Estaba tan inquieto que para no perder tiempo me puse a completar toda la documentación para ingresar a Lima, me paré y senté varias veces porque siempre me faltaban cosas. Me dormía, me despertaba, escuchaba música, miraba tele, no sabía más que hacer. En un momento me enganche con la mitad de la película THOR que la verdad sirvió para pasar el tiempo. Desayunamos, luego almorzamos y nuevamente a escuchar un poco de música.  Cuándo me estaba poniendo más que cómodo, ¡¿adivinen que?! a Mariano se le ocurrió llenar los formularios de inmigración!!! Y eso implicaba que yo abandonara mi momento de relax y no solo le alcanzara sus cosas sino que le ayudara con algunos datos. Yo me preguntaba, ¿no pudo hacerlo antes junto conmigo?, ¿Tuvo que esperar a que yo me relajara y joderme?  sin palabras!

La vista desde arriba por ahora solo un paisaje típico de la puna, desierto, algunas cimas nevadas, alguna salina gigantesca pero nada extraordinario por el momento.
Cuando nos acercábamos a Lima y empezamos el descenso, nos piden dejar mochilas y demás bártulos en los lockers superiores ya que estábamos en una salida de emergencia, Mariano se quiso hacer el sota y fue regañado por una azafata. Es un muchacho rebelde, no quería aprender.

Aterrizamos bajo una espesa neblina, o día nublado, la verdad no sé. Pero el día estaba feo, todo gris. A lo lejos se podían visualizar las gigantescas grúas típicas de zonas portuaria, pero insisto el día gris no ameritó a emitir mayores impresiones de Lima. Hicimos migraciones, un poco de free shop y nos fuimos a buscar las maletas. La mía apareció rápido y nos quedamos a esperar la mochila de Mariano. Pasaron 5, 10, 20, 30 minutos y nunca llegó. Las cintas pararon de funcionar y la maldita mochila nunca apareció. Los nervios y la desazón de Mariano ya se hacían eco de la situación, yo intentaba animarlo contándole sobre mi experiencia con la maleta luego de volver de Holanda en 2008 así que muy preocupado no estaba porque ya tenía una experiencia previa. Fuimos a hacer el reclamo al escritorio y bueno pedirle a Dios que solucione el tema. 

Pero como bien dice el dicho nos fuimos a hacer la conexión pensando en que “todo lo que piensa mal termina bien…” Avisamos del asunto a nuestras familias, novias, etc. y nos fuimos a tomar el otro vuelo. El semblante de Mariano no era bueno, estaba bajoneado y preocupado, yo le insistía que el camino lo hiciera igual, que comprábamos ropa y yo le prestaba mis toppers. Viendo todo en retrospectiva era una locura total intentar hacer el camino sin un calzado adecuado. Bueno solo restaba volar hasta cusco y esperar hasta el día siguiente, yo siempre tuve Fe de que se iba a solucionar y si no, “no hay mal que por bien no venga”, algo se nos iba a ocurrir.
Cusco cada vez más cerca!!!!,

El despegue comenzó y aumentó la ansiedad. El trayecto realmente fue muy corto y pudimos observar el increíble Nevado del Salkantay detrás del cual, según informara el piloto se encuentra la Ciudadela del Machu Picchu.
Llegamos a Cusco!!!!!!, desde arriba se veía como una ciudad muy descuidada, pobre. Pero la historia será otra. Recogimos las maletas, en realidad recogí solo la mía porque ya conté lo que había pasado con la mochila de Mariano y salimos del aeropuerto a buscar a la persona que nos iba a recoger del hostal. Por allí entre la gente se vio un cartelito que decía “Sr Casal” y un peruano muy amable que nos indica por dónde ir. A medida que nos adentrábamos en Cusco, fuimos sintiendo la magia del lugar, sus típicas casitas, sus callecitas, su gente con ropas típicas, todo perfectamente combinado para mi deslumbramiento. De repente subimos una callecita empinada y luego de golpe una bajada por donde solo cabía un auto y llegamos al hostal.

Ya la primera vista del lugar era fascinante, muebles de madera todos tallados, parecía una iglesia, realmente muy bonito. Ni hablar de la recepción. Nos atendió una chica muy amable, de tono cansino, lento y muy correcto. Me podía quedar horas escuchándola hablar, porque trasmitía paz. Nos dieron la llave transitamos un par de patios internos, llenos de galerías, plantas en flor, no sin antes degustar y dar la bienvenida al lugar con un mate de coca que ofrecían en el lugar. Nos toco la habitación 215 subiendo por una escalera caracol, que la verdad se me hizo complicado subirla por el inminente y ya sentido mal de altura (sorojchi). La habitación, un sueño, dos camas muy cómodas con las cabeceras de madera tallada, un plasma de 26 pulgadas impresionante y ventanales por todos lados con una vista envidiable del patio interno y los techos tejados de las casitas de Cusco.

Una vez acomodados y ordenadas las cosas en la habitación salimos a hacer el reconocimiento del lugar, no sin antes volver a tomarnos el mate de coca. Arrancamos la caminata, el mal de altura parecía no afectarme pero a medida que avanzábamos, subíamos, bajábamos calles yo ya no tenía aire y el dolor en la nuca empezaba a jugar su rol. Se sentía un ahogo constante y abrumador, no alcanzaba con una bocanada de aire para llenar los pulmones, se necesitaban 2 o 3! Lo primero que observamos al transitar la Cuesta de San Blas (es la calle que pasa justo frente al hostal) fue una construcción española sobre unos muros INCAS perfectamente ensamblados sin mediar ningún tipo de adobe, todo perfectamente encajado. Es en dicho muro donde se encuentra la famosa piedra de los 12 ángulos, algo indescifrable de cómo hicieron para encajarla. Empezamos a recorrer los locales de artesanías y nos daban ganas de llevarse todo, los propietarios sin molestar ni ser invasivos nos ofrecían sus cosas, todo de una manera amable y cordial. Seguimos caminando y llegamos a la plaza de armas, el espectáculo indescriptible!!! Me quede maravillado, una plaza gigante rodeada de dos iglesias antiquísimas, arquitectónicamente hablando increíbles y todos edificios de un piso con balcón a la calle, estilo colonial donde había lugares para sentarse y comer o tomar algo, todo una belleza realmente. Tomamos infinidad de fotos, seguro que mal enfocada pero la belleza del lugar no nos dejaba controlar la ansiedad de gatillar a cualquier cosa.

En el centro de la plaza de armas se encontraba una fuente verde y en su pedestal una gran figura INCA que de manera orgullosa y altiva miraba de frente hacia la catedral como para dejar bien en claro quién es el que manda en Cusco, y aunque fueron arrasados, es el gesto reparador de tanta desidia e ignorancia hispana. A media tarde ya nos picó el hambre y paramos en un local de comidas rápidas que se llamaba algo así como Yahoo o similar, donde vendían sándwiches y unos jugos increíbles!!!!.


Salimos del local y nos encontramos con una muchacha muy bonita que nos invitó a degustar la cerveza tradicional “Cuzqueña”. Mariano no toma así que me la tome toda yo solo. Como nos vieron caras de turistas y yo encima andaba con mi campera que dice BRASIL de los vivos colores verde amarelho nos pidieron una foto, seguramente para alguna campaña o algo así para colgar en el local. Entre el mal de altura y ya el efecto cervezal mi rendimiento físico comenzó a decaer, en realidad nunca tuve aguante ajaj!, así que nos decidimos a volver a descansar. A las 19 hs nos esperaba la charla introductoria con nuestra guía de “Cusco Explorer´s” para el camino del INCA.

Me acosté un momento a ver televisión y descansar, luego una buena ducha reparadora para estimular el cuerpo y ahora sí, nuestra guía había llegado. Su nombre Yolanda, peruana de baja estatura, de voz suave y diálogo pausado, una amabilidad como pocas. Nos regaló un mapa de la expedición y nos contó con lujos de detalle toda la experiencia que íbamos a vivir, fueron surgiendo consejos, datos importantes y nos indicó donde comprar las pastillas para el mal de altura que ya por ese entonces a mí me tenía a mal traer. En eso mientras estábamos en la charla nos interrumpen para avisarnos que la famosa mochila de Mariano había llegado! Nos sorprendimos un montón porque la esperábamos para el otro día. Fue un gran momento, Mariano ya estaba aliviado, feliz y con mejor espíritu para seguir nuestro día. Nos despedimos de Yolanda y partimos a buscar las medicinas, para luego dirigirnos nuevamente al centro pero ya para cenar.

Cenamos, caminamos un poco más, ya medio empastillados, admirándonos con la vista nocturna del Cusco, fue increíble ver todos los cerros que circundan la ciudad plagados de lucecitas amarillas que desde lejos parecían a las que se ven en los arbolitos de navidad. Luego de dar unas breves vueltas, nos fuimos al hostal a descansar ya definitivamente, nos habían advertido de que durante el primer día no nos exijamos demasiado. El cansancio era tal que me dormí con el control en la mano y Mariano se tuvo que levantar para apagar la tele.

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El Nevado de Salkantay visto desde el avión.

   

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