Crónicas de viajes y consejos útiles para viajeros

Escribe: CMPB
Si eres incapaz de imaginar el sueño de la perfección soñado por los hombres geniales que construyeron castillos y fortalezas, los que abrieron un camino en el desierto, los que se emocionaron al ver una gota de agua sobre el pétalo de una rosa o pintaron un cuadro para la humanidad; puedes viajar o visitar mucho, pero en realidad conoces poco. Replantea tu vida y tu sensibilidad.

 

   Enviar a un amigo   

 
1 ... 10 Capítulo 12 14 ... 24

El inca trail - cusco

Cusco, Perú — sábado, 17 de octubre de 2009

Estoy en la Ciudad Imperial, a un costado de la Plaza de Armas que se encuentra colmada de gente, en especial por gran cantidad de extranjeros anglosajones. La Catedral perfectamente iluminada, resplandece allá arriba por el brillo de "La Adela",tal vez la campana más grande del mundo.

Tenía hambre y me acerqué bajo la recova del Portal de Panes al bolichito de Osvaldo. Tomé una cerveza y una picada de queso serrano, choclos y fiambre. Mi intención era programar la excursión a pié por el Valle Sagrado, así que desparramé sobre la mesa todos los mapas, folletos y recortes que tenía. Sobre mi oreja derecha escuché un "where are you from? " y cuando giré la cabeza me encontré con un par de ojos color cristal de roca, insertado sobre un rostro pálido y adornado completamente por mechones lacios, largo y rubio, casi de oro. Busqué entre mis neuronas el banco de datos de palabras en inglés y con mucho esfuerzo respondí. Me dijo que se llamaba Arlene e intercambiamos datos sobre nuestra llegada al Cusco. Le presenté a nuestro grupo y acordamos en encontrarnos en Key Cross ( una taberna de moda en un piso superior de la Plaza de Armas) como antesala para una larga salida nocturna. Arlene entrecerró sus ojos a modo de despedida y se alejo dejando una estela perfumada a agua de colonia inglesa.

A la noche salimos en patota y al amanecer estábamos cada uno en su hotel. Dormimos hasta el otro amanecer,  y fue el teléfono de recepción que nos aviso la hora. Nos quedaba el sabor amargo de la resaca provocada por el pisco sour. Arlene echada sobre la cama, seguía durmiendo profundamente. Nos encontramos todos en "La trastienda" y nos mandamos al buche unas enormes tazas de café bien negro.

En dos taxis llegamos a la estación del tren y nos acomodamos como pudimos en un pequeño vagón. Eramos seis para el viaje, tres parejas bien balanceadas, ya que había onda entre todos nosotros. Cerca de las 9, en la parada del Km88 nos bajamos, ya que ese era el lugar para todo aquel que quisiera ir a pié por el Camino del Inca. Casi treinta personas nos siguieron y comenzamos el difícil ascenso por éste camino lleno de obstáculos.

A la media hora divisamos Llactapata. Desde allí el sendero era más empinado y la altura nos hacía pelota a todos. Había que apurarse un poco, ya que algunos no tenían buena cara, y si se necesitaba asistencia médica nos convenía llegar cuanto antes a Huayllabamba, el próximo y único pueblo en nuestro derrotero. Pero la sorpresa fue grande ya que Huayllabamba sólo era un conjunto de casas deshabitadas, un lugar inhóspito. Allí descansamos, y aprovechamos para revisar el equipo y las mochilas con todo lo necesario; que a cambio de 50 dólares nos había armado el conserje del hotel. Teníamos velas, fósforos, encendedores, cuchillos, estacas, plásticos para las lluvias, ollas, alimentos, sopas en sobres, abrigos y cuatro litros de agua por persona.

Nuestro grupo estaba dentro de los que iban en punta. Habíamos quedado sólo 26, ya que cuatro de ellos regresaron a la parada del Km88. Había que mentalizarse para superar El Paso (4200 mts.) y seguir el camino sin prisa y evitar cruzarlo por la noche. Al caer la tarde decidimos hacer una pausa para pasar la noche en una playita de arena a orillas del río Llulluchayoc, pequeño ramal del Urubamba, en un hermoso vallecito. En la cima, las montañas se cubrieron de niebla, y después desaparecieron por completo. La temperatura comenzó a bajar bruscamente y preparamos unas sopas de los sobres, eso nos ayudó, pero aún el frío era muy intenso.

La carpa que cargaba Jualiano era muy cómoda, así que allí nos acomodamos todos juntos y Arlene "pegada a mí" sobre un costado de la tienda. Emprendimos la caminata muy temprano y cerca del mediodía divisamos El Paso. Estábamos casi sin aliento, pero pasamos la cumbre entre una densa neblina que nos impedía ver más allá de diez metros. Hacía un frío brutal, lloviznaba y el piso era resbaladizo y empinado.

El cruzar la cumbre fue toda una odisea. Indudablemente la Ciudadela Imperial estaba construida en un lugar de muy difícil acceso, sin embargo después de cruzar la cima, la recompensa es grande. Comienza el descenso entre bosques y riachos y vertientes de agua pura y helada. Alrededor de las cinco llegamos a las ruinas de Runku Raqay y armamos las carpas. Le dimos un lugar privilegiado a la cocinita y preparamos unos sobres de sopa de pollo, con galletas, también abrimos unas Inka Cola que enfriamos bajo una vertiente y de postre unas tazas de café y pedazos de chocolate. Antes de dormir, ingerimos bastante mate de coca que nos oxigenaba la sangre y nos hacía soportar mejor el frío de la noche. Pasadas las cuatro de la mañana, salí para la "cocinita",hice hervir agua y con Juliano despertamos a todos.

No nos podíamos perder el amanecer que fue mágico. El cielo se puso morado, luego varió en todas las tonalidades del azul. Minutos después estalló un resplandor violeta, luego lila, rojo intenso, naranja y finalmente amarillo rebotando sobre el verde de la selva. El sol era majestuoso y su presencia era como la de Dios entre nosotros. Un poco más de una hora de camino, y descendiendo, atravesamos un largo túnel que corta a dos montañas. Los abismos, los bosques húmedos, los troncos con musgos rojos, verdes y blancos, tornaban todo en una imagen inverosímil, paradisíaca. Continuamos el descenso toda la jornada, y lo visto era tan bello que nos hacía olvidar el cansancio. Cerca de las 6 de la tarde llegamos casi agotados a Wiñayhuana, casi al filo de una montaña, y ubicada a escasas dos horas a pié de Machu Picchu. Volvimos a desempacar y decidimos que darnos a pernoctar. A lo lejos se escuchaba el silbato del tren en su regreso a Cusco. Hicimos una fogata y todos nos sentamos agarrados de la mano. Luego rendidos nos fuimos a dormir.

Levantamos el campamento con la primera luz del amanecer e iniciamos la corta jornada de camino boscoso y empedrado. Camino construido con adoquines de piedra y que nos llevó inesperadamente al pié de una escalinata de más de cien peldaños. La subimos penosamente, hasta que entramos en Machu Picchu por la puerta grande y pudimos ver la imponente ciudadela en toda su extraordinaria e imponente majestuosidad. Las chicas decían "Its unbelievable" .

Pasamos el día completo explorando cada muro y terraza y al caer el sol, hicimos el esfuerzo supremo de ascender al Huayna Picchu y armamos el campamento para pernoctar. Visitar el Cusco fue una de las más grandes aventuras, con nuestras cabezas llenas de imágenes que parecían salidas de un cuento, pero de otro mundo. Al regresar a la ciudad , festejamos en el Diavolo, y luego con Arlene tuvimos nuestra propia despedida. Todos regresarían a Lima, excepto yo, que viajaría en el Lloyd Aereo Boliviano para El Alto, el aeropuerto de La Paz, la terminal aérea más alta del mundo. La vida sigue y estas cosas son las que le dan sentido a la mía.


Publicado
Modificado
Leído 1443 veces

    Enviar a un amigo

1 ... 10 Capítulo 12 14 ... 24
 
 


Capítulos de este diario