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Perú: el País del Inti

Escribe: Guille6
Inti es el nombre del astro Sol para el pueblo incaico, era considerado un dios y el centro sobre el que gravita la vida y junto a la Pachamama, o diosa tierra, suponía las dos deidades mas importantes de esta cultura precolombina. Hacia Lima, me encaminé a fines de diciembre de 2008, hacia el país del dios Inti, con el deseo de adentrarme en los misterios y las referencia que este particular pueblo posee, tratando de acercarme a su paisaje natural, humano y espiritual. Fueron 21...

 

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Cuzco, ombligo del mundo y Machu Pichu

Cuzco, Perú — martes, 17 de febrero de 2009

De noche partí en autobús hacia Cusco, ganando tiempo y predispuesto para seguir subiendo en altitud, con la suerte de llegar al “ombligo del mundo” ese es el significado de la ciudad mas antigua de América, a primera horas del día, accediendo por la avenida del Sol y tras dar un quiebro a la derecha y toparme con la majestuosa Plaza de Armas, repleta de soportales, con la iglesia de la compañía a un lado, en clara competencia con la Catedral, abierta de par en par a esa temprana hora.

Cusco es otra historia, otro ritmo, otra forma de vida y de relación.... es el punto de comienzo o de final de algo, de comienzo del valle sagrado, de final tras la impresionante experiencia de visitar el Machu Picchu. Cusco es piedra tallada sin uso de metal alguno, es capital de los Incas, Cuzco es altura y sonrojo de chapetas, es ritmo lento y aire fresco, es luz anaranjada de noche y sombras profundas de día, es trajín de ponchos coloreados junto a mochilas de viajeros, es vida atada a la espalda con redonda mirada infantil, es sopa de dieta de pollo para frenar la descomposición de vientre.

En Cusco uno ve claramente los sustratos y las capas del pasado, las piedras enormes incaicas que resisten y que conforman la base de lo que hoy existe, los doce ángulos incrustados entre otros tantos mas de diferentes piezas, es una suma y no una resta, es lo mestizo que permite leer la simbiótica mezcla. En el día de reyes magos o de la epifanía cristiana salieron a sus calles seis niños esculpidos en leño y ataviados con ropajes y pelucas, sobre parihuelas de música y alegría, con cohetes y feligresía que invitaba al encuentro y a la generosidad de compartir lo colectivo a través de un baso de sidra con fruta.

Grato recordar el movimiento del paso procesional, festivo y poco ceremonioso, donde la procesión tomaba forma ondulante de serpiente, ascendiendo calles empinada y diluyendo los acordes de trombones entre llamas sorprendidas portadas por sus parejas adolescentes. San Blas es el balcón de la ciudad, para llegar a él la persona ha de dejar buena parte de energía en el empeño, pero todo esfuerzo tiene premio y no hay mejor correspondencia que la visión que se te ofrece desde este barrio bohemio, sin lugar a dudas lo mas alternativo que se pueda encontrar para disfrutar de la noche cusqueña.

A su pie mi plaza preferida de las Nazarenas, con el Monasterio, hoy hotel, y a su lado muy cerca el palacio episcopal asentado sobre el palacio del Inca donde
apreciar la calle de la famosa piedra. El Inca Garcilaso, personaje mestizo que recopiló y propició el conocimiento y aporte de la cultura incaica, vivió en esta ciudad, donde aun se conserva su casa, supuso un puente entre Europa y América por su aporte para el reconocimiento de su pueblo.

El mejor paréntesis que se puede hacer en Cusco o única escusa para salir de a ciudad tiene nombre incaico, Machu Pichhu, o montaña vieja, para ello dos opciones, una mas terrenal e intima es elegir el camino del Inca, si se dispone de tiempo y si se reserva con seis meses de antelación, ese no es mi caso obviamente, con lo cual tienes como segunda opción más cómoda y rápida el tren, único medio de trasporte que te permite acceder a Aguas Calientes (en cuatro horas desde la capital cusqueña) la población mas cercana al yacimiento arqueológico, el lugar donde hacer noche si se quiere llegar temprano hasta el mismo Machu Picchu. Aguas Caliente es un poblado  artificial en un lugar donde no se habría ubicado nada de no ser por el monumento mas visitado de latinoamérica, es tan solo un lugar de paso repleto de vegetación y humedad por los ríos que lo circundan y que lo abrazan.

Tras dormir y madrugar los pasos te encaminan hacia el autobús que ha de subir y saltear montañas. Siempre que se vaya a Machu Picchu es bueno levántarse temprano, aun antes del arribo del día y al llegar a las puertas de la “montaña vieja” cruzar la ciudadela, sin respiro, sin mirar a los lados (no sea te atrape su magnetismo) dirígete directamente a la entrada o control que hay al fondo para poder acceder la Waina Pichu (ya que el nº de visitantes cada día es limitado) y desde allí ascender.... si tu corazón late apresurado por el esfuerzo... echate unas hojas de coca y mastica, eso te dará fuerza para el ascenso... una vez arriba uno se encuentra con el silencio y observa, como si estuviese sentado en el ala de un avión, el paisaje que hay al fondo... luego tras el descenso reposado, feliz y tranquilo, se predispone purificado por el viento y la neblina a visitar Machu Picchu, como si de un ángel se tratase... ligero y magnético y a la vez atento con dos alas en la mente y otras dos en los pies... ¡que maravilla de verdes! ¡que perfección en el talle de los sillares! ¡que baile de vertientes inclinadas de tejados! …

y cerca de todo ello las llamas dando testimonio móvil de vida observadoras del trasiego emocionado de viajeros... a veces la búsqueda del silencio en lugares místicos como este es una proeza, el turismo altera y uniformiza el comportamiento de aquellas personas poco sensibles, consumidoras no solo de mercancías inútiles, sino también, de viajes de ensueño sobre los que no se tiene la mínima actitud onírica o tan siquiera de recogimiento... tras un barrido visual desde la casa del guarda el corazón se despide de este enclave arqueológico, quizás el mas extraordinario de cuantos haya: por el lugar donde fue construido, por la naturaleza que lo circunda, por el nivel de conservación y por los misterios que aun acechan a esta ciudad que no tuvo mas de cincuenta años de vida y que sin causa justificada fue abandonada antes de ser acabada en torno al año 1.500 de nuestra era.

Cuando horas mas tarde, en el tren ya de vuelta, pareciera, por el nivel de agotamiento físico unido al estado de plenitud por tanta emoción energética, que seas una persona nueva, recién creada o salvada de una “quema” que inicia una renovada itinerancia vital. Cae la noche mientras el tren desciende en sucesivas rampas cruzadas hasta Cusco para de nuevo el reencuentro con la dinámica urbana de esta ciudad de todos, buen escenario donde digerir el sueño y plantearse la cuestión ¿fue real? …

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