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Volver a Nacer...32 Años Despues

Escribe: lcasal
Es el relato de mi viaje hacia Machu Picchu, haciendo coincidir mi cumpleaños 32 con la vista de la Ciudadela. Es un relato muy detallado de todo lo que senti desde que partí de Buenos Aires hasta que tomé mi vuelo de vuelta desde Lima. Tiene cosas muy particulares sobre sentimientos muy propios acompañados de la descripcion del maravilloso paisaje que fui recorriendo y jamas voy a olvidar.

 

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Camino a Machu Picchu - Día 3

Cuzco, Perú — jueves, 11 de agosto de 2011

Muy temprano por la mañana, a eso de las 5:30 AM nos levantamos con el mate de coca que siempre nos brindaban los porteadores. Si bien el día pintaba como que iba a ser espectacular, el frío era muy intenso, la indumentaria de Mariano denotaba tal condición. Nos levantamos, aseamos y arrancamos con el desayuno. Una vez finalizado, nos organizamos nuestras cosas, mochilas, etc. y nos preparamos para comenzar el día más largo de todos, 16 km, ya no tan exigentes pero teníamos que enfrentar una bajada de 3 horas en la última etapa para llegar al último campamento. A mí eso me tenía preocupado porque bajada del último día me dejo las rodillas y tobillos bastante golpeados, pero bueno, ya quedaba cada vez menos para el objetivo.
Por más coca que mastiqué el inicio del primer ascenso se me hizo duro, si bien ya habíamos pasado el peor ascenso, el cansancio acumulado hacía que todo pareciera realmente agotador. Subimos hasta los 3.800 m.s.n.m. a un sitio llamado Runkuracay, lugar que visto desde arriba tenía una forma ovalada. Allí paramos un rato y nos tomamos unas cuantas fotos con el equipo. El día era hermoso, bajo un cielo totalmente diáfano la vista era inmejorable, valles y montañas se iban dibujando a medida que los rayos del sol los iluminaban. Seguimos subiendo las escaleras y cruzamos un par de lagunas de altura donde nos dijeron que cierta especie de ciervo acostumbra a pastorear. No vimos ninguno pero la vista era espectacular, el día azul se reflejaba en las aguas de la laguna. Llegamos al segundo paso a un lugar llamado Qochapata (3950 m.s.n.m.). Allí paramos a descansar y a tomar fotos. Una formación rocosa antes de cruzar el paso formaba una especie de águila sentada sobre una piedra, realmente desde lejos parecía un águila de piedra. Allí nos encontramos con una familia que tenía 3-4 hijos todos rubios que muy atinadamente Martín describió como los niños del Maizal (película de los años 80), Mariano luego charló con ellos y nos contó que eran de Sudáfrica, también los filmó enviando saludos para sus alumnos en Argentina. En Qochapata más allá de descansar, aproveché para subir unos peñascos y poder tener una mejor visión del paisaje. En la cima encontré una montaña de piedras y vi que había una pareja de brasileros con un guía que les explicaba algo, esta pareja que era de Curitiba luego me explicaron lo que el guía les dijo: hablaron sobre un ritual que se hace con hojas de coca, a lo cual escuché atentamente e hice tal ritual. El mismo consistía en tomar 3 hojas de coca (las tres más grandes, enteras, las que yo consideraba con el corazón que iba a usar como ofrenda), soplarlas apuntando hacia los 4 puntos cardinales, o sea hacia las montañas que nos rodeaban (Salkantay, La Verónica, etc), luego agradecer y pedir un deseo. Yo agradecí estar allí en ese momento (lo seguiré haciendo toda la vida) y pedí como deseo tener la suficiente fuerza para terminar el camino del Inca con la mochila puesta. Una vez esto tenía que dejar las 3 hojas  bajo una pila de piedras apuntando hacia donde nace el sol.
Una vez terminado el descanso, comenzamos la bajada hacia el siguiente sitio. Durante el trayecto pudimos visualizar una gran laguna, llamada Yanacocha, que según recuerdo, Herbert nos dijo que tenía la forma de un cocodrilo. Llegamos al siguiente sitio, lugar considerado sagrado por los Incas, llamado Sayaqmarka a 3625 m.s.n.m. La vista del valle era impresionante, las nubes ahí nomas, sobre nuestras cabezas. A lo lejos se podía ver el camino que íbamos a transitar más adelante hacia el campamento. Tomamos algunas fotos con Martín, Mariano, Silvina, Nicolás y Ella y empezamos a bajar nuevamente hacia el siguiente campamento. A medida que avanzábamos y bajábamos, la vegetación se hacía cada vez más espesa, típico de la yunga, cruzamos túneles íntegramente de vegetación selvática, y solo se oía el cantar de los pájaros y a veces solo nuestros pasos, realmente fue increíble. En esa zona pudimos visualizar la flor nacional del Perú que crece naturalmente allí.
Llegamos a nuestro campamento para almorzar, allí ya nos estaban esperando las 4 tipilinas que no quisieron ir al sitio arqueológico y nos preparamos para almorzar. La foto del almuerzo es contundente todos estábamos muy cansados, nos tomamos media hora para hacer la sobremesa y partimos nuevamente.
Luego de una larga subida por escalones, todo rodeado de selva donde, de un lado teníamos la pared de la montaña y del otro el precipicio, llegamos a un túnel Inca. No podía contener mis ganas de hacer una maldad para alimentar a mi espíritu, así que como venía muy adelantado caminando con Silvina dejé que ella continuara y me dispuse a esperar al resto del equipo. Cuando me di cuenta que estaban cerca, me escondí en un recoveco y esperé que ingresaran al túnel, la oscuridad al principio no dejaba acostumbrar la visión y eso me permitió ocultarme mejor. Esperé a que las tipilinas ingresaran al túnel y de un súbito salto y con un grito las asusté lo cual primero las asustó y luego ante mis risas las enfureció y prometieron venganza! Nunca llegó, pero fue mi revancha por habernos bautizado a Mariano y a mí “la parejita gay”…
El camino continuó, seguimos subiendo y llegamos a los 3650 m.s.n.m. al paso llamado Phuyupatamarka donde teníamos una vista increíble del Valle del Urubamba. También desde dicho paso se visualizaba una montaña que en su cima tenía una bandera de las naciones indígenas detrás de la cual nos dijeron estaba Machu Picchu, el gran objetivo para el día siguiente. Nos tomamos un descanso y sacamos unas muy lindas fotos. Quiero insistir en que la vista era realmente increíble y el día (así fue todo el camino) complementaba al paisaje, todo era luminoso!.
Luego del descanso empezamos nuevamente a bajar por un camino todo de escalones, lo cual por la experiencia del día anterior me empezó a preocupar. Todavía tenía las huellas de la bajada anterior, ampollas en mis dedos de los pies, dolor en tobillos y rodillas.
Llegamos a un nuevo sitio arqueológico ni bien pasamos el paso, el cual era sagrado según nos contó Yoli y Sonia. Descansamos un rato, y volvimos a retomar las escaleras descendentes hacia el próximo lugar. Seguimos sobre un camino angosto rodeado de vegetación selvática donde primaba un silencio absoluto, frecuentemente alterado por los comentarios, risas, etc. de las tipilinas y un paisaje que como todo el camino era increíble. En un momento llegamos a una encrucijada de caminos donde había una torre de alta tensión, ahí teníamos que decidir si bajábamos directamente al campamento o seguíamos hacia las ruinas de Wiñawayna (2650 m.s.n.m.) para luego bajar al último campamento. Silvina ya se nos había adelantado y siguió directamente al campamento, nosotros en cambio quisimos conocer el sitio y fuimos hasta allí. El sitio eran un grupo de terrazas y torres de control desde el cual se visualizaba todo el valle del río Urubamba y el campamento. Estaba atardeciendo entre las montañas, así que descansamos un breve lapso y emprendimos el descenso al campamento.
Llegué a duras penas al campamento, pero con un objetivo en mente, bañarme a lo que de lugar. Y así fue, tomé una ducha de agua helada, Martín y Mariano hicieron lo mismo y fue muy divertido escuchar los gritos por el frío que estábamos sintiendo, el chorro de agua parecía una puñalada. Tuve que sacrificar la merienda, pero bueno, la ducha sirvió como un mecanismo para relajarme del cansancio. Luego de esto nos fuimos a cenar y fue un momento muy emotivo por lo menos para mí. Era la última noche que íbamos a compartir con los porteadores, esa gente nos acompaño y atendió de maravillas durante todo el camino y como es la costumbre juntamos propina para que se repartieran. Yo me había llevado un cuchillo para usar allí y quise sortearlo para que uno de ellos se lo quedara. El favorecido fue Genaro. Es impresionante todo lo que este grupo maravillosa de gente hace por el grupo y con este gesto quise agradecerles de alguna manera. Cuando fui a entregarle el cuchillo a Genaro, él ni siquiera levanto la mirada, era muy retraído, me quede admirado por la humildad de esta gente.
Luego de cenar nos acostamos temprano porque al otro día nos teníamos que levantar muy pero muy temprano a eso de las 3.30 AM. Antes de entrar en la carpa me quede un rato sólo para observar el paisaje y pensar un poco, era una noche increíble, toda estrellada y no hacía nada de frío. Me metí en la carpa y me dispuse a escribir, al lado de nuestra carpa estaban Luli e Inés que no paraban de hablar y escuchar música, y del otro lado estaba Nicolás e Ella que roncaban como locos. Esto fue lo último que escribí aquel día: “en solo 12 minutos será mi cumpleaños en Argentina y en 2 horas 12 minutos lo será aquí. Es mi primer cumpleaños fuera de mi país y lo quiero coronar con el avistaje de Machu Picchu. A Dios le pido que se me cumpla ese deseo de la mejor manera. Ahora a Dormir…”

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