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Viaje por Curacao

Escribe: Eguerdi
Mi viaje por Curacao.

 

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Capítulo 1
 

Mi viaje por Curacao

Curazao, Antillas Holandesas — martes, 20 de julio de 2010

Partimos hacia Caracas, y conectando con  Curacao, llegamos al apart hotel que nos iba a hospedar, frente a una pequeña cala con decenas de yates. El vientito era incomparable y la decoración e iluminación del lugar especiales. Como estábamos cansados del vuelo, decidimos descansar.Y por suerte el hotel es un lugar como para recuperarse más que rápido de cualquier mazazo. Tiene dos pequeñas playas privadas de piedra caliza bien chiquita que molesta bastante, una infraestructura simple pero muy cómoda (por todos lados ha hamacas paraguayas, glorietas con mesitas y sillas al borde del mar, juegos para niños, barcos, etc.).

Al siguiente día, luego de desayunar agarramos el auto y nos dirigimos a MAMBO BEACH y al acuario de Curacao. La primer impresión de la isla es positiva: todo está prolijo, se maneja muy despacio, el trato es cortés y mayormente todos hablan inglés, español y por supuesto papiamento. Llegamos derecho al acuario a eso de las 10 y comenzamos la visita. No es gran cosa, pero lo poco que tienen, lo exponen muy bien y con cariño. Llegamos a un “show” donde se mostraban habilidades de siete lobos marinos. Terminado el “chow” vamos a ver revoloterar a unos delfines, en una piscina natural enmarcada por el mar Caribe. Luego unas vueltas en auto por el centro de PUNDA –una especie de Ciudad Vieja de Curacao con reminiscencias de toda ciudad vieja.Mambo Beach es una playa “artificial” –la arena es importada de otro lado- que es realmente cómoda: es la única playa que vimos hasta ahora que tiene más reposeras –gratis- que gente. Hay unas casitas de madera en la orilla con un par de reposeras como para pasar la vida mirando el horizonte. Por esto último, y en función de lo hemos conocido, nos parece una de las mejores playas del Caribe.

Día siguiente. Otro día de calor –sería raro algo distinto- pero algo nublado, así que decidimos dejar de lado por un rato las playas y visitar una cueva, la cueva de “Hato”, a unos pocos metros del aeropuerto pero a media hora o algo más en auto desde el hotel. Pasamos esta vez por el centro de Willemstaad y nos pareció bastante agradable, lo que confirmaríamos, con creces, en la visita nocturna.La Cueva de Hato se encuentra bastante bien preparada para las visitas turísticas; tiene su centro de atención, bar, accesos como la gente y buena atención; la visita guiada dura 35 minutos y se recorren diversas salas con estalactitas, estalagmitas y formaciones minerales. Por supuesto no faltaron las rocas parecidas a un gorro mexicano, a una virgen con el niño, a un burro riéndose, etc. Terminada la visita hicimos una pequeña caminata por el camino del indio, un elemental senderito que va adentro de un bosquecito con plantas típicas y algunas escrituras rupestres por allí que mucho no se ven.

Visitamos tambien OTROBANDA, el barrio comercial, es realmente atractivo; hicieron una especie de shopping al aire libre pegado a un fuerte, al borde del mar, desde donde se divisa la PUNDA, la Ciudad Vieja, realmente encantador. El núcleo es una fuente con juegos de agua donde Ignacio corrió hasta quedar muerto; la fuente tiraba alternadamente agua por varios de los chorros que tiene sobre el piso, permitiendo que entre chorro y chorro los niños corran por arriba, eludiéndolos a veces mojándose en otras.

Continuará.... 

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