Diarios de viaje > Cuetzalán del Progreso, América del Norte

Un poco de Cuetzalan

Escribe: AnaOlivares
Subes y subes por la carretera angosta en la que apenas cabemos dos vehículos a lo ancho. Si nos encontramos en una curva con un autobús, seguro alguno de los dos debe detenerse y dejar pasar primero al otro, ya que del lado derecho, está el talud de la montaña, cubierta de helechos, musgo, piedras magnificas y la sombra de árboles en lo mas alto y del lado izquierdo, el precipicio.

 

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Llegando

Cuetzalán del Progreso, México — jueves, 18 de septiembre de 2008

Llegar a Cuetzalan es impresionante ya de entrada por su belleza: las calles tienen empedrado o piso de laja (que es muy resbaloso) y están todas, en pendiente. Gracias a que en Cuernavaca nos acostumbramos a manejar también así, en pendientes de 45° podemos transitar sin tanta dificultad, porque la pertinaz llovizna que nos acompaña desde hace rato, ha dejado las piedras como espejos.

Solamente los taxis de por acá y los camioncitos de pasajeros, los locales, se atreven a ir a otra velocidad (60 km/h) y ¡rebasar!  Buscamos un sitio donde quedarnos y nos recibe un hostal muy sencillo, con habitaciones amplias, frescas y limpias, cuyas ventanas y pasillos permiten admirar el paisaje dramático de la iglesia recortada sobre un fondo de montaña nubosa, cubierta de bosques obscuros y húmedos.  Hay mucho que ver y que hacer en este lugar, pero solo ocuparé espacio para relatar dos visitas: a la iglesia y su cementerio y al mercado.

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