Empezar de nuevo

Escribe: ticagurl
A raíz de numerosas experiencias que he tenido, desde que llegue de mi viaje, descubrí que quiero un nuevo comienzo, como un renacer, y que mejor lugar que acá en este maravilloso continente Sudamericano; por ende a emprender viaje, pero esta vez mas largo.

 

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De nuevo viajando

Cuenca, Ecuador — lunes, 5 de septiembre de 2011

Al dejar definitivamente la granja salí para viajar con dos amigas, fuimos a Otavalo, y debo decirlo que fue muy difícil conseguir transporte hasta este sitio, debido a que era media mañana del sábado, pero por fin después de tener que contratar una camioneta pudimos lograrlo, conseguimos un hostal por 5 dólares llamado Residencial el Roció, en la avenida Morales con Miguel Egas, después de dejar las maletas hicimos lo que necesitábamos, es decir recorrer el mercado de arriba abajo y de izquierda a derecha, es increíble la concentración de turistas que se pueden encontrar un sábado en este pueblo, y de cómo se desarrolla la dinámica de negociar en el que ambas partes apelan a conmover al otro para lograr el precio que quieren.

Como el día empezó tarde para nosotros solo pudimos recorrer el mercado y no mas, y por la noche la dinámica típica de ir a tomar algunos cocteles y sacar fotos, es curioso pero puedes venir de cualquier lugar del mundo y la dinámica será igual en todos esos lados.

El domingo después de levantarnos un poco cansados por la noche anterior, continuamos recorriendo el mercado de nuevo, pues siempre faltaran presentes por comprar para aquel ser especial que recuerdas en estos momentos, dicho sea de paso esto era para mi amiga, que visitaba por primera y única vez este mercado.

Ese día fue la despedida y el retorno a mi viaje en solitario, lo cual sucedió en la tarde, como quería aplazar este momento decidí acompañarlas hasta el último lugar posible y luego regresar, es indudable que se generan apegos y en principio dejar una situación conocida es incomodo, es como una inseguridad pequeña, aunque fácilmente reconocible que pasara en corto tiempo.

El domingo lo pase en Otavalo, y al día siguiente pude ver la notoria diferencia entre la dinámica del sábado en pleno mercado, y el inicio de la semana que viene siendo el día mas calmado en este lugar.

Tome pues a media mañana el bus hacia Quito a un hostal en la plaza San Francisco, el hostal Sucre, el sitio más económico para dormir que he encontrado en esta ciudad, en pleno centro histórico, este hostal esta casi siempre lleno de turistas y en particular de artesanos o músicos provenientes de diversos lugares de Suramérica, es un ambiente diferente, por la forma de vivir de ellos, aquellos que deciden vivir su vida día a día, y que desarrollan la felicidad en la sensación que les provee la libertad de su estilo de vida.

En esta ciudad planeaba estar unos pocos días en principio, y reunirme con algunos conocidos de Quito para charlar un poco; pero las cosas fueron cambiando hasta durar casi 2 semanas en esta ciudad, primero a los pocos días cerca de 2, me reencontré con una de las personas con las que compartí en la granja, y su amigo, dedicándonos a pasar un día en el parque jugando con un balón, es muy interesante ver como cuando un grupo se deja permear por la felicidad de otro y si todos son personas alegres el resultado es un día fantástico.

Después de este miércoles de reencuentro, el jueves lo gaste en recuperarme de la jornada y en practicar algo de tejido que me enseño mi amiga, y que por cierto me emociono mucho, por resultarme no tan complicado como en principio lo pensé, en el centro de Quito por la avenida Venezuela es posible, encontrar muchos almacenes que distribuyen hilos, lanas y demás materiales, y como ofrecen además cursos, por la compra de los materiales.

Mis días los pasaba básicamente tejiendo y en el hotel, pues aún sentía la soledad recién readquirida, en teoría el fin de semana viajaría a Baños, para disfrutar de este pueblo en compañía de una “amiga” de Ecuador, pero resulta que por tercera ocasión me dijo que no sería posible, así es que decidí desde ese momento no tendría más sentido conservar una relación con ella, por otra parte mi otra amiga de la granja me dijo que tendría días libres para viajar, así es que el domingo la recogí en la terminal de La Ofelia, para quedar ese día en Quito, y el siguiente, salir con destino a Mindo.

Un pequeño pueblo situado a pocas horas de Quito, al llegar a este pueblo, lo primero que pasa es que te abordan muchas personas para ofrecerte diversas opciones turísticas y alojamientos, por cierto que el pueblo es muy pequeño, al final nos quedamos en un hostal por 6 dólares, una particularidad del pueblo son sus construcciones en su mayoría en tablas, y que todo está diseñado para funcionar a base del turismo en su mayoría, lo malo son los costos que aplican en comidas por esto, pero de igual manera fue un buen día, que aprovechamos para caminar en una finca por sus diversos senderos, a la vez que observábamos la vegetación de un bosque de niebla (increíble que yo pagara por esto), y colibríes, después de este recorrido, hicimos algo llamado el tour del chocolate, que consiste en una narración de la historia del chocolate, y una demostración del proceso, visitando las diferentes etapas, y en algo la preparación, para al final degustar un brownie, que por cierto es muy rico, o al menos eso me pareció, porque al probar uno completo al otro día no me pareció tan bueno como el primero.

Para mí la vegetación presente en el lugar, era algo ya conocido pues, en otros lugares he podido encontrar esta misma, pero lo realmente valioso fue vivirlo al lado de alguien, que no la había visto antes y que la disfrutaba mucho, aunque se haya convertido en el plato fuerte de los insectos esa tarde. El compartir fue lo  más agradable para mí.

Al día siguiente caminamos para visitar unas cascadas, que se encuentran a cerca de dos horas de caminata, y para las que cruzamos en una tarabita a motor, es decir una especie de plataforma con pequeñas paredes en tubo metálico, con asientos para 4 personas, y que está colgada de un cable de acero que atraviesa un cañón, entre dos montañas, y que es movida por otro cable halado por un motor de carro; esto nunca lo había hecho antes, y debo decir que en principio la sensación es muy extraña, como de vértigo y miedo, y después de euforia.

En este sector caminamos por senderos a las diversas cascadas, y aprovechamos para tomar un pequeño baño, en cada una aunque el agua estaba realmente fría y el día opaco ayudaba a esto aun más. El recorrido duro cerca de 3 horas  y no pudimos ir a la última cascada por tiempo, así es que nuevamente regresamos al punto por donde entramos, y la tarabita nos recogió para salir del lugar, como en esta ocasión estábamos cansados, tomamos un taxi para regresar al hotel, al ir a comer, el clima lluvioso se manifestó nuevamente con una fuerte lluvia de media hora, últimas revisiones del correo, y un plan nuevo para el otro día.

El nuevo día empezó viajando con destino a Baños, para encontrarnos por última vez con nuestra otra amiga, aquí llegamos sobre la tarde, y no la encontramos hasta la noche, nos dedicamos entonces a recorrer algo del pueblo que es más grande que Mindo, y a la vez mucho mas turístico, con muchas más opciones para el deleite de turistas deseosos de vivir un día de aventura, o al menos eso es lo que te meten en la cabeza cuando visitas una de las numerosas agencias, donde te reciben con un “amigo o amiga”, el caso es que esa noche solo tomamos la decisión de lo que haríamos al día siguiente, y posterior a eso y a comer, nos fuimos a un bar, parece que se me volvió costumbre, cada vez que nos encontramos hacer eso, en fin estando en esas pudimos reencontrarnos, con nuestra amiga y su amigo que pasaban por ahí, entonces lo que eran 2 tragos, se convirtieron en cerca de 8 cocteles para cada uno.

Es increíble, lo mucho que nos parecemos este uno donde este cuando se encuentra con amigos, y quiere compartir algo de licor, este siempre se excede en cantidad, una más de las cosas que asemejan a las personas de diferentes latitudes, el día siguiente jueves ya debimos regresar apresuradamente, porque mi amiga aspiraba a llegar a tiempo para una ceremonia en el Temescal, así que nuevamente tomamos el bus a Quito, y de ahí deberíamos atravesar la ciudad en metrobus, pero cuando no llevábamos ni la mitad del recorrido, mi amiga empezó a sentirse mal, y debimos bajar del bus, y la verdad el color de su rostro no me ayudaba mucho a calmarme, estuvimos unos 20 minutos sentados en el suelo, y eso me llevo a pensar, en lo mucho que puede pasar durante un viaje, y lo bueno de estar acompañado en ciertas circunstancias, en ese momento lo único importante era que se sintiera mejor, y todo lo demás pasaba a no importar, eso me muestra como ciertos momentos de la vida obligan solo a ocuparse de lo que realmente importa y no solo los adornos de este mundo. Al cabo de estos minutos decidimos ir a buscar algo que comer, en el centro comercial que quedaba justo cruzando la calle, y que por cierto solo ofrecía una alternativa, para personas vegetarianas, es increíble, esto, pero así es 6 o más restaurantes y solo un plato para vegetarianos encontramos.

Con algo de comida ya se sintió mejor, y de paso yo también, pues eran cerca de las 4 de la tarde, así es que, esa noche la pasamos en Quito, el viernes decidí que lo mejor sería acompañarla hasta el pueblo de Malchinguí, ya desde ahí el trayecto para ella en taxi seria de solo 10 minutos, cuando la hube dejado, regrese a Quito pues, y mis planes de lavar se fueron al traste ante la fuerte lluvia que se presentaba en esos días.

Obligado a estar encerrado, pase esos días en el hotel conectado a internet, que por cierto era gratis, por la red wifi, aquí recibí un mensaje de mi amiga que no sé como hizo, quizás regreso en el taxi o algo así, pero me daba las gracias por viajar juntos, lo cual también me animó un poco, y me hizo recordar que ahora si debía seguir al sur nuevamente y solo otra vez.

El domingo en la noche partí con destino a Cuenca, por fin después de varias semanas vuelvo a avanzar con destino al sur, aquí llegue en la mañana y lo primero que hice fue buscar el hotel donde me quedaría, esta vez nuevamente en un hostal por 6 dólares en la calle Mariscal Lamar, donde podía cocinar, así es que solucionado lo de la dormida, solucione entonces lo de la alimentación e hice un pequeño mercado para esos días, el lunes por no haber dormido nada en el bus lo invertí en recuperarme del viaje de 8 horas, y los otros días los gaste en buscar un sitio donde cambiar dinero y recorrer algo de sus museos, encontré el banco central donde es posible cambiar los dólares por billetes de menor denominación, también camine por el mercado que esta junto al terminal del sur, que es inmenso, pero prefiero la calidez que puedes sentir en los mercados en el centro.

El sábado fue el día que por fin utilice en ir a visitar el majestuoso parque natural Cajas, tome un bus en el terminal principal con destino a Guayaquil por la vía al Cajas, y me baje en el punto de chequeo final, así es que debí regresar caminado por la carretera al puesto de visitantes cerca de 8 km, que por cierto resultan duros por tramos, por la altura a la que me encontraba más de 4000 msnm, pero la sensación de cruzar estas montañas a pie es indescriptible, y lo es aun mas cuando desde los carros te observan con cara de asombrados, como si fuera algo muy raro, o muy estúpido, aun no lo sé, pero si se que ellos se pierden de algo que no se puede manifestar en palabras, sino que solo se puede sentir.

En el punto más alto que encontré caminando estaba el cerro de las tres cruces, y desde ahí el camino fue más fácil pues era en descenso, como la carretera iba y venía alrededor de la montaña para el ascenso o descenso, decidí, utilizar la vía más corta es decir la recta a través de la misma, cruzar a través de la vegetación es un placer que siempre disfrutare, y tratare de inculcar a mis futuros hijos o hijas; después pase por algunas lagunas, hasta finalmente llegar al centro de visitantes, donde pagas el derecho a entrar por 2 dólares, y te dan alguna indicaciones y un mapa, con este mapa, decidí hacer una ruta alrededor de lagunas hasta llegar al puesto de control, desde donde podría regresar a la ciudad, esta caminata consistió en una caminata alrededor de la laguna para luego continuar a través de bosques, y senderos rodeando más lagunas, es indescriptible, la sensación de caminar rodeado de naturaleza y acompañado de sonidos y olores propios de esta, que permiten alejar todo lo demás y concentrarse únicamente, en la caminata en la que los paisajes ayudan a entender muchas cosas.

En total fue una caminata de unas 5 horas a través de un ambiente de paramo, es realmente un lugar mágico que vale la pena visitar y disfrutar, que posee diversos senderos para caminar desde hora y media hasta 14 horas, sin lugar a dudas si paso nuevamente por este lugar lo recorrería una vez más, para regresar fue un poco más complicado pues después de cerca de 45 minutos de espera, no había pasado nada, hasta que por alguna razón un carro se ofreció a traernos a 2 Estadounidenses y a mí también, la conversación fue bastante corta, con ellos y un poco más larga con los extranjeros, que llevaban cerca de 2 semanas de viaje, quienes nos recogieron nos mostraron un poco de su ciudad en el carro hasta que nos dejaron en pleno centro, a pesar de que eso los alejo de su casa, este gesto me mostro como para sacar lo mejor de nosotros, a veces solo se necesita quererlo, y me enseño que las similitudes entre las personas son más importantes, que las pequeñas diferencias que algunos pretenden utilizar para separar y olvidar lo bueno que existe.

Mi tiempo en Cuenca termino con esta visita, y el domingo nuevamente tome un bus más al sur, para continuar el viaje, esta vez primero a Loja, y desde aquí a Zumba, fueron cerca de 10 horas en total de viaje hasta llegar cerca de las 7 de la noche, a este pueblo donde tome un taxi a un hotel que por 6 dólares pase, la noche, al día siguiente, note ahora si el cansancio del viaje y más aún de la caminata por el parque nacional, así que este día nuevamente lo utilice para recuperarme, pues las piernas me dolían bastante por el esfuerzo, y además las necesito para emprender nuevas caminatas, cerca a este pueblo u otros en el Perú.


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