Desde Aguas Verdes, en la frontera, a
Cuenca son 5 horas de viaje. Pasé parte de la semana santa haciendo ayuno. Mitad porque me sentía mal del estomago y mitad por la celebración. Y otra mitad porque andaba ya con poco dinero... (muy rica la fanesca, plato típico de semana santa en base a pescado).
Finalmente (ya estamos en abril) consigo trabajo en un residencial, el cual pasaría a ser parte importante de mi vida por los siguientes 5 meses.
El trabajo es tranquilo, limpiar y acomodar las habitaciones. También tiene un restaurant, y cuando me dijeron que el pago era el sueldo más la comida no lo dudé ni un instante. Los martes, día libre.
Este trabajo me permitió asentarme un tiempo en un lugar, y Cuenca es ideal para ello. es una hermosa ciudad (declarada
Patrimonio de la Humanidad), hay gente de todo Ecuador y es muy visitada por los turistas. además hay una importante comunidad de colombianos, por lo que se hace posible disfrutar de esa interculturalidad en cada esquina.
Yo estaba cerca del popular mercado 3 de octubre, con personajes por doquier (de lo que busquen) así que era cada día una experiencia increíble, siempre sucedía algo interesante o inesperado. Mil anécdotas con don Panco, Mochito, Pájaro Loco y demás gente del trabajo y del barrio.
Los días que tenía libre aprovechaba para visitar Cuenca o los alrededores. Cuenca tiene varios museos interesantes (muy bueno el
Museo de Arte Moderno), el
parque Calderón (la plaza principal), la
catedral también es muy bonita y el mercado de flores.
En los alrededores está el
Parque El Cajas (en una zona de montañas y muchas lagunas), las ruinas preincas e incas de
Ingapirca, los pueblos de
Gualaceo y Chordeleg (con sus mercados los domingos).
Así estuve hasta finales de julio. En agosto ya había logrado ahorrar algo de dinero y me fuí a conocer el resto de Ecuador. La primera parada: Guayaquil. Hacia allá vamos.