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En autocarabana Creta (I)

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UNA SEMANA EN AUTOCARAVANA EN CRETA (I) Llegamos a Kalamata el viernes 16 de Junio de 2006 con intención de informarnos de cómo embarcar hacia Creta. Nos acercamos al Puerto en la confianza...

 

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Capítulo 1
 

En autocarabana Creta (I)

Creta, Grecia — martes, 6 de mayo de 2008

UNA SEMANA EN AUTOCARAVANA EN CRETA (I)

Llegamos a Kalamata el viernes 16 de Junio de 2006 con intención de informarnos de cómo embarcar hacia Creta. Nos acercamos al Puerto en la confianza de encontrar una buena frecuencia de vapores correo, como nos habían informado en el último Camping en que habíamos pernoctado. Dejé la Autocaravana mal aparcada con mi esposa en el interior y me acerqué a un consignatario de buques que se anunciaba con grandes letreros.

Primera dificultad, el encargado no hablaba otra cosa que el Griego y tampoco parecía muy dispuesto a perder el tiempo conmigo haciéndose entender por gestos. Ante mi insistencia, solamente me pareció comprender algo que me parecía increíble... que a menos de dos semanas del 1 de Julio, fecha de inicio de la temporada de verano, la naviera aún no había decidido desde dónde ni qué días ni qué barcos cubrirían este trayecto, es decir, no podía venderme el billete de ida y vuelta pues ignoraba si habría vuelta...

Llevábamos unas dos semanas en Grecia y creíamos estar curados de sorpresas y espantos, pero si entendía correctamente lo que decía aquél caballero, superaba a lo que veníamos estoicamente sufriendo. Tranquilamente volvió a sus asuntos y papeles, olvidándose de mí.

Salí invocando a Zeus (dios del Universo) y al intentar cambiar de sentido a la AC descubrí otra Agencia Naviera y parecía de mejor porte. Me acerqué y por suerte en aquél momento entraba conmigo una joven Inglesa que trabajaba allí. Inmediatamente conectó su ordenador y me confirmó lo anterior. No estaba programada la temporada de verano, por otro lado me recomendó que me dirigiera a Githio para tomar el barco y esto lo hiciera el siguiente jueves fecha en que salía un barco directo (con posibles escalas en Kithira y Andikithira) con destino final Kissamos-Kasteli (puerto en la punta occidental de Creta) todo esto con programación de invierno, en el ínterin, suponía ella, habrían salido los nuevos horarios. Definitivamente desde Kalamata no había conexión.

Amablemente me informó que los barcos que salían de Neapoli otra de nuestras posibles opciones, si bien salían el martes, sólo llegaban a la isla de Kithira la cual deberíamos atravesar con nuestro vehículo y embarcar de nuevo en otro barco al otro lado de la isla para finalmente llegar a Creta. Pregunté (por preguntar) que atractivos tenía Kithira y consultó a sus compañeros griegos... a juzgar por sus inexpresivas caras... no parecían recordar ninguno... sin mas contemplaciones, decidió buscar en Internet y me dejó ver la página...

Evidentemente la espabilada muchacha Inglesa llevaba el suficiente tiempo en Grecia y había asimilado la idiosincrasia Helénica y su antídoto. Bien, por Internet me enteré que según la historia griega, en Kithira nació Afrodita la Diosa del Amor, la Lujuria y la Belleza. (Yo había leído que éste honor se lo acreditaba Creta, pero ya sabemos lo volubles y mentirosos que son los Dioses Griegos...) Que la isla produce aceite y miel, que tiene 3.000 habitantes y que algunas noches hay proyecciones de cine club en la Escuela Municipal. Ha sido centro y refugio de las rutas culturales mediterráneas y se sienten orgullosos de haber dado cobijo y socorro a corsarios, colonizadores, ascéticos y perseguidos. Virgen María! vaya referencias...

Me despedí a regañadientes de mi amiga Inglesa... cuesta encontrar en Grecia alguien tan eficiente y la verdad es que estoy convencido que los Griegos saben tanto y en muchas ocasiones infinitamente más que nosotros, extranjeros, pero intuyo que su razonamiento es... ¿qué ganan con demostrarlo?

Como teníamos intención de visitar Elaphonissos, Monemvassia y la Península de Mani, decidimos dedicar este tiempo de espera con estas excursiones. Pero estas interesantes visitas junto a los días que pasamos en las playas de la paradisíaca Isla de Elaphonissos merecen un relato propio.

Pasados unos días y una vez en Githio, localizada la Agencia de venta de pasajes e informados que dos días más tarde (22 de Junio de 2006) efectivamente salía el vapor correo, el regreso seguía sin estar en pantalla, pero la muchacha Griega de escasas palabras, pero muy eficiente, no le dio importancia, si bien nos aseguró que por su experiencia volviésemos antes del día 1 fecha en que normalmente cambiaban las tarifas. Nos cobró únicamente la ida y en vez de billete de regreso nos dio una tarjeta suya en la que escribió algo en griego. Debíamos canjear esta Tarjeta por el pasaje y sólo podríamos hacerlo en la Ciudad de Hania y en las Oficinas de la Naviera, pero que para no acercarnos a Hania en balde, nos recomendó llamásemos antes por teléfono, con media sonrisa nos dijo que con suerte habría alguien que hablara inglés y con más suerte los nuevos horarios serian conocidos.

El precio del pasaje fue 199,50 Euros la ida y 119,80 Euros el regreso (con el 40 % de descuento acumulado de la ida y vuelta) Se me olvidaba decirles que en la mayoría de los casos en Grecia no les aceptarán tarjetas de crédito. Incluso en las acreditadas gasolineras Shell, BP y similares o bien no funciona el teléfono o el encargado, único autorizado a aceptarlas ha salido...

Nos acercamos con la AC al Puerto y aparcamos cerca de un Restaurante que colgados de una cuerda tenían seis o siete pulpos de gran tamaño. Ya habíamos probado los pulpos en Grecia y son una delicia. Como sobraba tiempo para la salida del barco, dejé a mi esposa tomando un refresco en la terraza del Restaurante y me fui a dar una vuelta por la Ciudad.

Me introduje en los estrechos y empinados callejones, entré en una preciosa Iglesia Ortodoxa totalmente vacía, pasé junto a una peluquería de caballeros que me recordó las de mi infancia, me adentré en unas preciosas y angostas calles peatonales repletas de cuidadas plantas y flores con gente de todas las edades haciendo vida en el fresquillo que proporcionaban las sombras de la calle. La mayoría de las casas tenian unas largas balconeras o pasadizos de madera a nivel del primer piso con balaustradas repletas de agujereadas cacerolas y ollas viejas aprovechadas como tiestos y con vistosas y cuidadas flores. En algunas de estas casas una escalera también de madera comunicaba estas balconeras directamente con la calle.

En todos estos sitios disfruté tomando gran cantidad de fotografías. Finalmente acabé al otro lado del puerto junto a una tienda de vajilla, cacerolas y troncos de árboles pintados al estilo naife. Despacio regresé al punto de partida, pasando por delante de un peculiar establecimiento de venta de toda clase de cacharros, desde un pequeño cañón a gigantescas ollas de hierro propias para antropófagos.

Se acercaba la hora de partida del barco (las 11 de la mañana) y por allí no aparecía ni se atisbaba signo alguno del mismo. Tampoco se apercibía movimiento fuera de lo normal. Solamente confortaba el que un grupo de Feriantes gitanos con sus carromatos motorizados se habían agrupado al fondo del espigón aparentemente para el embarque. Poco a poco aparecieron otras dos Autocaravanas, una alemana y la otra italiana, un camión cargado con dos enormes transformadores y algunos automóviles que sin ningún orden fueron ocupando casi todo el ancho disponible.

De pronto se vislumbró en el horizonte una columna de espeso humo negro y en un santiamén teníamos el buque haciendo maniobra para colocar la popa en el embarcadero. Sin demora, salieron una docena de automóviles que consiguieron sortear a los que esperábamos y se adentraron en la Ciudad. A continuación entramos, a la sazón ya éramos un buen puñado de vehículos, relegando al camión y un par de coches a los últimos puestos.

El barco, con una buena cantidad de años en servicio cosa que evidenciaba una negra humareda, no tenía por lo demás mal aspecto. Encargamos al barman dos batidos (frappé) de nescafé con hielo y leche condensada, deliciosa y cremosa especialidad griega, por cierto qué caros son los cafés en éste País.

Cargados con nuestros vasos de tubo subimos a cubierta y disfrutamos de una última vista de la bella Githio para a continuación pasar a cierta distancia de la isla de Elaphonissos que hacía poco, tanto habíamos disfrutado.

La paz que esperábamos encontrar se vio frustrada por cuatro bellas muchachas con un perrito y su corte de admiradores que no paraban de incordiar al animal y éste con sus ladridos molestar al personal. A pesar de que la terraza-cubierta superior con hileras de butacas de plástico y con un toldo era extensa, para evitar las ráfagas de humo que traía el cambiante viento, se veía limitada su superficie respirable y así la proximidad a las chicas agasajadas, con sus estridentes risas y el irritado animal se hacían inevitables.

Pronto pasamos a lo largo del lado occidental de la Isla de Kithira y llegamos al puerto de la Capital que lleva el mismo nombre (era las 13,45). Una inmensa plataforma de reciente construcción con un pequeño y solitario edificio multiuso formaban el recinto portuario. Desembarcaron las bulliciosas muchachas, algunos coches, entraron unos pocos y enfilamos hacia Andikithira. Al poco de salir de la bahía como un aviso apareció la negra silueta de la proa de un barco semi-hundido encallado en unos escollos próximos a la isla.

Andikithira es mucho más pequeña y aquí hicimos escala (a las 16.15) entrando en una pequeña y abrigada cala en la que a duras penas cabía el barco, pero con una pericia, sin duda adquirida con cientos de recaladas, el barco sin ninguna vacilación dio la vuelta y encajó la popa en su estrecho embarcadero. Sólo descendió el camión con los transformadores, un par de coches y una motocicleta de un joven norteamericano que habíamos visto deambular como sonámbulo por el barco. Cargó el barco con unos fardos de esponjas y sin mas demora, reiniciamos la marcha.

No les hablo del tiempo ya qué en todos los días que estuvimos en Grecia y Turquía no recuerdo uno solo en que no luciera un sol radiante y en especial en Turquía, que el calor se hizo casi insoportable. Tampoco me repetiré ensalzando el profundo azul añil del mar que me recordaba el "Azulete" de la casa Brasso que usaba mi Madre en el lavadero para blanquear la ropa.

El barco enfiló hacia Creta pero durante algún tiempo seguimos viendo las desoladas vistas de Andikithira. Me preguntaba qué atractivos podría encontrar el motociclista norteamericano en aquél páramo. Desde luego si el muchacho era de Nueva York pongamos por ejemplo y buscaba la antítesis de su mundo, había acertado, pero mucho me temo que el contraste podría causarle un choc irrecuperable.

Bajamos al Salón para descansar del viento y sorprendentemente al poco rato aparecieron todos aquellos muchachos de la corte femenina y quedaron embobados ante unas imágenes que con mucha dificultad y "nieve" empezaron a verse en la televisión procedente de Creta. Eran danzas típicas de la Isla y pronto razoné que eran oriundos de la isla y que habían pasado mucho tiempo fuera cumpliendo el servicio militar, y así se disculpa que a mas de un mocetón se le escapara una lágrima al ver y oír los cautivadores bailes de su "tierra". Después de unas siete horas de navegación llegamos a Creta, cuando la tarde ya declinaba.

La primera impresión de la Isla fue que aparentemente no se diferenciaba con el resto de la Grecia que habíamos visto hasta entonces... pésimas carreteras con tráfico caótico y mal o nulamente señalizado, conductores alocados y calor sofocante...

A poca distancia de Kissamos-Kasteli encontramos un Camping de aspecto familiar. Nos acercamos al Restaurante y a instancias de mi esposa pregunté si tenían pulpo... la pregunta casi les pareció ofensiva. Así que encargué una ración para ella y para mí unas gambas a la no sé qué, pero daba igual, me ponía en sus manos.

Señores! Que se dejen de pulpos... mis gambas eran de lo más rico que había comido en mucho tiempo. Eran por descontado frescas y estaban cocidas en una finísima salsa de queso y tomate que le daban un delicioso gusto agridulce inenarrable. Mi esposa no envidió para nada mi elección, encontrando su pulpo gustosísimo. Para el postre mi esposa se acercó a la cocina y allí mismo eligió para los dos de entre ocho o diez diferentes posibilidades. Recuerdo que uno era una especie de cabello de ángel con miel, tal vez para mi gusto demasiado dulce.

El otro, un pastel de frutas silvestres mucho más acorde con mis gustos. El precio fue aceptable y lo mejor es que de antemano sabíamos lo que iba a costar, cosa no muy generalizada en Grecia.

Entrada la noche y un calor bastante sofocante invitaba a permanecer en el exterior, bajo el toldo de nuestra AC, pero los mosquitos nos obligaron a refugiarnos en el interior afortunadamente nuestro vehículo viene bien provisto de mosquiteras.

Al día siguiente 23 de Junio nos dirigimos a la Península de Hania para visitar unos Monasterios Ortodoxos. Empezamos por "Agia Triada" que se encuentra a unos 23 Kms. de Hania Capital y que recientemente visitó la Reina de España. Mi esposa escribe "la Iglesia inmaculada, pero los edificios a punto de ruina..." Yo no seria tan severo, cierto que tan alejado de sitios poblados y sin aparente signo de vida a pesar de que varios monjes la habitan, parece abandonado, sin embargo es un valioso ejemplo de una elección de retiro místico y que parece que ahora en Grecia está de nuevo floreciendo.

Seguimos con la ruta prefijada y por un camino asfaltado de unos 6 kilómetros llegamos a otro Monasterio "Moni Gouvernetou" construido entre 1537 y 1548, pero hoy viernes estaba cerrado, tenia una estructura cuadrangular y estaba situado al fondo de un desértico valle, por lo visto esta situación no impedía que los vientos lo azotasen como demuestran las tejas que han tenido que ser apuntaladas una a una con piedras.

Vemos que a pesar de estar cerrado, un buen número de coches están aparcados y no se ve a nadie en los alrededores. Mientras consultamos nuestra Guía, de pronto del lado del mar... (debemos estar a no menos de 300 metros de altura) aparecen sudorosos caminantes de distintas nacionalidades. Pregunto a uno con aspecto de inglés y a mis preguntas me confirma que allá abajo hay una Ermita... very interesting! Asegura. Mi mujer me dice que ella no baja... y yo crédulo que soy y a pesar de que una pierna de vez en cuando se niega a trabajar correctamente, inicio el descenso por un camino pedregoso. Voy encontrando gente de regreso y por sus caras intuyo que la cosa no es nada fácil. Viendo que la cosa se pone peliaguda con un calor tremendo, pero empeñado en llegar a la Ermita encargo a unos Franceses que suben que por favor le digan a mi señora que estoy bien y que me lo tomo con calma. Ni siquiera les pregunto si vale la pena... que mas da, ahora ya no me vuelvo atrás.

A medida que zigzagueando voy perdiendo altura cada vez se me aparece más alocada mi aventura... si bajando lo estoy pasando tan mal, como será la subida... pero tengo una arma secreta... forzosamente allá abajo tiene que haber agua. Los Santos pueden vivir en una Cueva y comer poco pero necesitan beber!

De pronto aparecen unas toscas edificaciones muy abandonadas. Entro en ellas y aparece una gran cueva ennegrecida por el humo. Me informan que se le llama la Cueva del Oso por una gran estalagmita que hay en el centro y que dicen tiene esta curiosa forma. Parece ser que en la antigüedad se relacionaba esta cueva con la Diosa Artemisa que a su vez, esta Diosa estaba relacionada con un oso (No teman, no voy a relatar esta complicada historia) Excavados en esta estalagmita y que a mi entender más se parece a un púlpito que a un oso, hay unos escalones. A un lado excavada en la roca hay una habitación con una pequeña mesa, un pequeño mantel, unas imágenes de santos (no iconos) y una especie de atril guarnecido con un delicado manto rojo y oro con una cruz cristiana. Del techo cuelga una diminuta lámpara de aceite. Y a la entrada hay una pequeña campana.

Me dicen que el Monasterio "Moni Katholiko" de San Juan El Ermitaño está bastante más abajo. (son las 14.10 y ya llevo 15 minutos andando) Media hora más tarde llego hasta casi el nivel del mar y aparecen unas ruinas de unas edificaciones totalmente destruidas y al fondo... que felicidad! veo un pozo. Hay una botella de plástico con una cuerda para extraer agua... pero al acercarme veo un letrero con algo escrito. "Not to be drink". Maldición. Cómo puede alguien haber contaminado aquél pozo! Extraigo agua y me lavo la cara.

Dos matrimonios jóvenes alemanes cargados de refrescos me miran divertidos. Les ignoro olímpicamente y ya algo repuesto me dedico a examinar lo que hay allí abajo. En la pared, descubro esculpido en la Roca la fachada Veneciana del Monasterio Bizantino del Siglo onceavo, probablemente el más antiguo de Creta, protegido por una puerta acristalada, hay una especie de habitación con una mesa a modo de altar con más imágenes Católicas. Un poco más allá hay la entrada a la Cueva en la que vivió San Juan y me informan que andando unos 20 minutos por un claustrofóbico pasadizo lleno de estalactitas se llega al cauce de un antiguo río.

El agua estancada que queda de éste río dicen que es bendita. Parece ser que atravesando un puente se llega al mar y se pude uno bañar, imagino desde las rocas. Ni tengo edad para estas aventuras, ni iba provisto de linterna, ni mi cuerpo me invitaba a estos 20 minutos que fácilmente podían ser media hora en cada sentido. Además la entrada ya despuntaba lo resbaladizo del recorrido. Ah se me olvidaba... un gran letrero decía prohibida la entrada! En fin, que San Juan estoy seguro, me disculpó que no entrara en su casa. Esto sí, le pedí humildemente que me diera fuerzas para remontar el pedregoso sendero.

Me dispuse confortado con la bendición del Santo, a abandonar aquellas instalaciones al igual que habían hecho los Monjes en el Siglo XVI cansados de ser asaltados por los piratas.

Con paradas a cada recodo conseguí llegar arriba. Veo en las anotaciones de mi señora que la temperatura ambiente era de 32 grados centígrados, que la asaltaron unas moscas enormes y que tardé en hacer el recorrido una hora y media.

Esto último lo dudo de verdad. Por el horario reflejado en las fotos sólo en bajar tardé cerca de 45 minutos, por lo que aún contando con la ayuda del Santo esta apreciación del tiempo no puede ser correcta, por otro lado refleja que cuando no estoy, a mi mujer le pasa el tiempo volando!

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Últimos comentarios

margee dice:
Hermoso viaje!...felicitaciones a los dos por pasarlo tan especial....las Islas en el mundo son un encanto !!
Publicado

maraton dice:
Gracias Margee! Me encanta que siga ahí y honrando mis escritos!
Publicado

estelista dice:
lindos viaje y muy interesante ...... todo lo q, cuentas es interesante........Maraton..........
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SofiaRJaca dice:
Maraton!! gracias por compartir con nosotros esta maravillosa experiencia!!! me encantan las calles! tan sencillas, rústicas y típicas!! saludos!
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