Diarios de viaje > Provincia de Córdoba, América del Sur

El cuarteto cordobés

Escribe: osorojo
Esta vez pintaron unas vacaciones muy tranquilas. Camping, colchón inflable, pareja amiga y un recorrido x distintos lugares de esa provincia interminable (por su cantidad de destinos turísticos que tiene) que es Córdoba. Arranque x Cosquín, festival folclórico, la cautivante Capilla (otra subida al Uritorco), la belleza del Quilpo en San Marcos Sierra y un clima de relax serrano tan necesario en vidas porteñas con poco verde y mucha locura.

 

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El gran León

Cosquín, Argentina — domingo, 23 de enero de 2011

Nos levantamos y fuimos directo a desayunar como para arrancar fortalecidos la primera jornada formal de camping del viaje. El menú estaba constituido por Cafecito con leche, pocas medialunas y algunos criollos (o libritos). Nada del otro mundo, pero estaba incluido en el pack del dormis. O al menos eso pensábamos.
Hete aquí que cuando nos levantamos, la señora dueña (al estilo Banco Hipotecario) nos dijo: “son 40 pesos”. Epa. Acá hay algo que se salió del libreto. Discusión va, discusión viene, aclaraciones de cómo era el servicio (sin sábana, sin servicio de limpieza, étc; faltaba decir “sin camas” y bajábamos la persiana), regreso a la habitación y decisión tajante: nos vamos del complejo hacia otro destino.
 
No había que rearmar demasiado, dado que enseguida volveríamos a desensillar. Pero sí tuvimos que tratar de acomodar las cosas lo mejor posible en el baúl del Tony, para no ir muy apretados. Sese fue a garparle los 40 a “Martita” (el apodo que le habíamos asignado a la señora que nos fulminó monetariamente) y ya el auto estaba en marcha.
 
No teníamos data precisa acerca de dónde ir, aunque lo primero que pensamos fue acercarnos al centro y adentrarnos de una en Cosquín Cosquín (no Villa Bustos). Desde allí tendríamos un mejor panorama. Y efectivamente así fue. Alrededor del centro de la ciudad había varios campings desperdigados. Finalmente, luego de rebotar en un par de llenos y de dudar en otros, terminamos recalando en el camping Hawai, a unos 800 metros del puente y a 200 metros (¿era así?) del cerro Pan de Azúcar.
 
Miguel nos recibió espectacularmente, con mucho desparpajo, y nos mostró las parcelas que podríamos elegir para instalarnos con las carpas. El precio era razonable. 30 x persona más 10 de la carpa por jornada. Es decir, en nuestro conteo, 70 x pareja. A partir de allí empezó a funcionar el pozo colectivo que el cronista se encargó de administrar.
 
Ari estacionó el auto, nos relajamos un poco debido al calor imperante y procedimos a la colocación de las carpas, sin inflar aún los colchones por lo menos en nuestro caso, dado que los chicos se encontraban con la necesidad de probar los parches comprados a ver si funcaban. Luego de esos instantes de trabajo, bajamos a un nivel inferior (donde se encontraban las mesas y la pileta) con la heladerita y las cartas de Jodete dispuestos a jugar y chapucear un rato antes del almuerzo. 
 
Así lo hicimos, otra vez con la excepción paulista respecto al agua. Almorzamos un exquisito pollo de la proveeduría, acompañado de una ensalada y regado por buenas dosis de Fernet (que hasta ese momento venía con un ritmo incesante de bajada). El primer Jodete de la única jornada que tendría dos sería para esta escriba luego de una larga batalla, donde Palombi se fue primero y las dos chicas se terminaron yendo juntas a posteriori. El segundo, tras una nueva chapuza (con resbalón apoteótico – casi trágico – del pibe) y el regocijo ante las chacareras improvisadas por una banda de veteranos, fue finalmente (dado que lo venía esperando hace rato) para Ari, quien celebró a lo grande, como se puede observar. Que haya sido formato mini (hasta 300, ya que se venía la noche) no invalida para nada el triunfo del compañero. Para ese entonces habíamos dejado el Fernetazo y pasamos al materazzi.
 
Esta noche había más pilas que la anterior. Volveríamos al centro, pero en plan peña o festival. Primeramente, hubo duchas para todos y todas, inflación de colchón en el caso de los osos y salida caminante esta vez. El Tony se quedó descansando.
 
Llegamos a una de las esquinas de la Plaza y observamos una multitud, tanto adentro como afuera. De fondo, estaban sonando Los Tekis. Paula fue a averiguar como venía el menú de la noche y vino con alta data, además de que ya sabíamos de la presencia de León. La no positiva era la ausencia, este año, de la peña de los Coplanacu. Tomamos la decisión de quedarnos allí, a la espera de algún abre-puertas irrestricto más adelante (que es habitual en este festival). Mientras, cenaríamos callejeramente y escucharíamos notablemente. Faltaba sólo el plano visual, más allá de la pantalla gigante de coté.
 
Con Palombi fuimos a comprar comida. No hicimos ni una cuadra que encontramos un local que estaba vendiendo como nunca y allí optamos por una pizza, un par de empanadas y dos Aquarius. El gol de media cancha fue encontrar una mesita en la vereda para sentarse. Y el gol de Diego a los ingleses (el que deja en el camino a tanto inglés) fue que ese local estaba enfrente de uno de los accesos a la Próspero y más cerca del escenario que la esquina inicial donde nos habíamos posado. Ari fue a buscar a las chicas (que no habían escuchado los mensajes y llamados) para que viniesen y brindásemos por esta cena musical. Podríamos entrar al festi?
 
Baglietto-Vitale sonaron impecables y conmovedores, Ari se paró a ver que onda cerca de la entrada y de repente agitó un brazo para llamar a uno de nosotros tres. Fue Paula quien, pasada la medianoche, ingresaba sin costo alguno a 3ra jornada del festival. ¿Cómo hizo? Tramoya extraña y afortunada. Fue alguien que se iba, le ofreció una entrada, bla bla bla. La cuestión es que Paula entró. Al rato, que no fue tan breve, entró Ari. El cronista se la jugó con un ínfimo chamuyo al de la puerta, pero la cosa no pasaba por ahí. Así que decidimos sacar dos entradas de las de 65 pesos (las únicas que quedaban disponibles) y amortizar el gasto entre los cuatro. Un nuevo acierto de una noche que venía derecha.
 
Lo que fue adentro tiene su propia crónica y algunas imágenes. Simplemente dos palabras: León y gracias. A las 7:15 de la mañana del lunes nos estábamos acostando tras una velada mágica e interminable.

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Camping Hawai

Alojamiento: Camping en Cosquín, Argentina

Es un buen camping. Está piola la pileta y el terreno para instalar las carpas es amplio. Dos puntos flojos: la suciedad de los baños, por lo menos los días que estuvimos. Y que las mesas para almorzar estén en el terreno inferior y no más cerca de las carpas.

Tipo de viaje: Placer | Ideal para: Parejas, Con amigos


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Últimos comentarios

Meskal dice:
Un ralato interesante, gracias por compartirlo, se nota que la pasaron muy bien. Saludos.
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yojose dice:
Wow, amo Argentina, el Fernet y los precios de los hostales, jejeje yo pague el más bajo en toda mi vida. Felicidades.
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martindaco dice:
¿70 pesos por pernoctar en un camping?
Bueno, se ve que los osos estáis fuertes y podéis con todo.

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osorojo dice:
30 x persona más 10 de la carpa. No está mal. Son los precios en boga.
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jimenez225 dice:
Fabuloso...!!!!
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elisabethcarreraspaz dice:
Me encanta tu relato, bueno no se si por que soy boliviana..... en tu pais siempre se me facilitan las cosas...jajajajajajja....
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JULIAN1971 dice:
Hola amigos los felicito por estar presente en el festival mas importante de folclore de nuestro pais. Este año les di un descanso a los chicos y cambiamos de rumbo pero a lo lejos lo segui. Felicitaciones
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