Diarios de viaje > Provincia de Córdoba, América del Sur

El cuarteto cordobés

Escribe: osorojo
Esta vez pintaron unas vacaciones muy tranquilas. Camping, colchón inflable, pareja amiga y un recorrido x distintos lugares de esa provincia interminable (por su cantidad de destinos turísticos que tiene) que es Córdoba. Arranque x Cosquín, festival folclórico, la cautivante Capilla (otra subida al Uritorco), la belleza del Quilpo en San Marcos Sierra y un clima de relax serrano tan necesario en vidas porteñas con poco verde y mucha locura.

 

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De amaneceres y atardeceres

Cosquín, Argentina — lunes, 24 de enero de 2011

La tercera jornada del cuarteto cordobés fue la más corta de todos. Amanecimos todos muy temprano, debido a los impactos del sol en las respectivas carpas. Y como nos habíamos acostado a plena luz del día, el sueño fue prácticamente nulo. De algún modo u otro, y en la zona de las mesas y la pileta, nos las ingeniamos para descansar un poco más. En esterillas sobre el piso o en el asiento de alguna mesa (siempre con alguna sombra protectora) como lugares predilectos (o simplemente posibles). En el ínterin, recuerdo algo de desayuno semi-dormido y poco más. Luego, ya con las pupilas menos entre-cerradas, se vino la hora del almuerzo que consistió en lo que había sobrado del súper pollo de ayer complementado con verduritas. El fernet, aunque en menores dosis que los días anteriores, volvió a estar presente.
 
Pese a que se mantenía cierto clima cálido, el día se fue nublando, generando la cada vez más firme posibilidad de ir a por una siesta. No habría pileta, las chacareras se escucharon menos y lo que sí se mantuvo fue el ritual del Jodete. Continuando una racha que sería definitiva, Palombi volvió a ganar, esta vez en un mano a mano (con mucha ventaja previa de él) con este cronista que no quiso espurias alianzas con las muchachas (y que estaba cada vez más cerca de eclosionar su espíritu competitivo). El compañero gozaba sin freno alguno.
 
Luego del episodio lúdico y de que el cielo se siguiera oscureciendo cada vez más, llegó el turno de la tan deseada siesta. Creo que nos habremos desplomado en segundos.
 
El despertar fue totalmente nocturno. Todavía groggys fuimos Palombi, Freitorp y el escriba hacia el centro en el Tony en busca de algo para cenar a la parrilla. Maru se quedó planchada un rato más y a nuestro regreso la encontramos volviendo hacia la zona campestre ya bañada. Compramos unos patys en un súper y quien escribe recaló en una farmacia por un cepillo de dientes que se había olvidado.
 
A fuego lento (valorable táctica parrillera) hicimos las 8 hamburguesas, mientras las pibas preparaban una ensalada y pintaban mandalas. Cenamos dentro del quincho que había a nuestras espaldas (ocupado x una familia que se colgó el cartelito de “dueña”, insólitamente), dado que las mesas de abajo iban a estar muy oscuras y la lluvia amenazaba. {Apostilla: Córdoba está siendo afectada por una emergencia hídrica de proporciones. En este camping, al igual que en el que vendría en Capilla, había horarios restringidos para ducharse. Y el agua la estaban necesitando como una bendición}
 
Queda para rescatar como elemento importante de estos últimos instantes del día, la profunda charla que tuvimos con Ari alrededor de la parri. Los viejos, sentimientos encontrados, las tristezas, los golpes, algunas historias del pasado. Una amistad que se acrecentaba al calor del fuego.
 
La tormenta jamás llegó. Nos fuimos a dormir más descansados, pero con la misma rapidez que unas horas antes. Mañana, todos los números giraban en torno a Capilla.

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Últimos comentarios

elisabethcarreraspaz dice:
Gracias por tu relato me encanto.
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martindaco dice:
La carita de felicidad lo dice todo oso.
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La única imagen del día. Felicidad semi-dormida.

   

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